Un kamikaze contra la SGAE

Un kamikaze contra la SGAE

A las puertas de las elecciones, el ex arquitecto de la entidad, Santiago Fajardo, declara la guerra a Bautista

MADRID Actualizado:

En mayo rompieron definitivamente relaciones, después de casi veinte años de colaboración —desde la rehabilitación, en 1993, del Palacio de Longoria, actual sede de la SGAE—. Llevaban, sin embargo, meses de tensas conversaciones. Responsable de gran parte de los proyectos de la red Arteria —el Teatro de los Campos Eliseos de Bilbao, el infructuoso proyecto del Palacio de Boadilla del Monte, la Sala Berlanga...—, y, hasta hace un mes, de la obra del auditorio Arteria Al-Andalus de Sevilla, Santiago Fajardo dimitía y daba por zanjada su amistad con Eduardo Bautista. Los motivos: «Obstrucción y falta de transparencia» en la información económica relativa al edificio sevillano. La SGAE reclama, sin embargo, que fue ella la que despidió al arquitecto por «negligencia», motivando retrasos y un incremento en el presupuesto de la obra.

Antes de la ruptura hubo un último intento de conciliación. La entidad remitió a Fajardo en mayo un email con un texto borrador con el que pretendía dar por cerrado el conflicto. Un acuerdo «vergonzoso», en opinión de Fajardo, que provocó el estallido de la guerra que en estos momentos se desarrolla en los juzgados. El arquitecto ha presentado tres demandas civiles y otra penal contra la entidad y Bautista —por violación del honor, vulneración de derechos de la propiedad y por falta de pago—, que está convencido va a ganar.

Que no se entere el arquitecto

Acusado del retraso en la ejecución de las obras de Arteria-Al Andalus, Fajardo, en su estudio de Las Rozas, se defiende y denuncia la «clamorosa dificultad» de la entidad a la hora de tomar decisiones, especialmente en Sevilla, proyecto que empezó en 2000 y que a lo largo de una década «ha registrado más de veinte cambios. La parte sustantiva del tiempo y del dinero se ha ido en las indecisiones en asuntos fundamentales».

Pero el punto que realmente abrió una brecha entre el arquitecto y la SGAE fue la incorporación de un intermediario, una empresa gestora cuya función era la de «coordinar» a todos los implicados en la obra. Primero fue Gerens Hills, que tras tres años fue sustituida por «un equipo propio», encabezado por Emilio Cabrera, «máximo responsable de la parte económica de Arteria y primo-hermano de Bautista», y Ángel Quintanilla, «director técnico de la SGAE, que se ocupa de la compra del equipamiento de sus edificios. Ambos, para hacer y deshacer sin que se entere el arquitecto», mantiene Fajardo.

Un precio demasiado alto

El arquitecto insiste que ha cumplido con sus números: «Los escasos datos económicos que tenemos acreditan que la evolución económica de la obra civil, de la que yo soy responsable, no ha sufrido incremento alguno». Sin embargo, sí existe un incremento del presupuesto en lo referente a los costes generales de la obra que son «completamente ajenos a la obra civil». En los últimos meses se han producido númerososas órdenes de cambio emitidas por el equipo de gestión, «que yo me he negado a firmar. Llegó un punto en el que era inasumible suscribir una liquidación económica que para mí es desconocida y que puede estar llena de bombas que me pueden explotar a mí, sin tener nada que ver en ello. No he hecho nada más que exigir transparencia. El edificio de Sevilla es la obra más importante de mi carrera pero el precio que me han puesto para estar en la inauguración no lo puedo pagar».

Fajardo no se arrendra ante un oponente tan poderoso como Bautista. «La justicia y el tiempo terminarán poniendo a cada uno en su lugar. Él tiene una gran maquinaria jurídica pero yo tengo muchas razones». En esta batalla judicial Fajardo ha incluido también al equipo más cercano al presidente de la SGAE por violar sus derechos de la propiedad intelectual al entregarle su proyecto a Rafael García Dieguez, al que el Colegio de Arquitectos de Sevilla ha incoado un expediente deontológico.

Tras años de colaboración, Fajardo cree que a Bautista le ha perdido la prepotencia. «Ningún buen gestor hubiera permitido que las cosas llegaran a este punto». Y ante las acusaciones de la entidad, les invita a «que las pongan por escrito, que pongan una demanda», y niega haber querido cobrar más por el incremento del presupuesto de la obra. «Solo quiero cobrar los muchísimos cambios que me han obligado a hacer», reivindica. A pesar de la dura batalla a la que se enfrenta, Fajardo exhibe un «espíritu luchador». «A mí me han convertido en un kamikaze. Llevo un cinturón lleno de bombas y estoy dispuesto a lo que sea». Hasta dónde puede llegar... , el tiempo lo dirá.