E. O. Hoppé, «midnight in Paris»

Por vez primera llega a Madrid el trabajo de uno de los grandes que retrataron lo mejor de la vida artística parisinaSus fotografías a los Ballets Rusos y a su estrella, Vaslav Nijinski, le otorgaron notoriedad

MADRID Actualizado:

Se pateó el asfalto y descendió al subterráneo londinense, convivió con desheredados y con reyes, fue llamado a los palacios de invierno y a las cantinas de los taxistas, captó a los más grandes bailarines y a los más grandes escritores de la época, se codeó con bellezas y con los (y las más) grandes artistas... Emil Otto Hoppé, nacido en Múnich en 1878, ha sido uno de los titanes de la fotografía del siglo XX, cuya mirada llega por vez primera a Madrid. Gracias a una magnífica exposición de la Fundación Mapfre (desde hoy hasta el 20 de mayo), los seres y estares que inmortalizó E. O. Hoppé conviven entre el estudio y la calle. Ciento cuarenta imágenes, en sublime y riguroso blanco y negro, negro sobre blanco, muestran la creatividad, el talento, la imaginación del «maestro», un genio que envolvía su cámara en un periódico, rasgaba el tabloide para hacerle hueco al objetivo y disparaba sin piedad conquistando el alma humana.

Cuando Hoppé se trasladó a Londres en 1902 principió su pasión por la fotografía como un «hobby». En 1911 trasladó su sanctasanctorum al número 59 de Baker Street, y allí Hoppé fotografió a miembros destacados de los Ballets Rusos de Diáguilev. Precisamente por sus fotografías de estos sublimes ballets es por lo que hoy se recuerda especialmente a Hoppé, quien gozó del derecho exclusivo para retratar a los Ballets Rusos. La compañía causó sensación, así como el trabajo de Hoppé. Logró convencer, incluso, a Vaslav Nijinski para que posara ante él y su cámara entre bastidores en aquel Londres maravilloso, en un retrato artístico, que actualmente ostenta el récord de precio para un retrato vendido en subasta.

Transitó de Europa a América, de Nueva York a Londres y viceversa, acaparó la gloria y el triunfo, delineó con su cámara la silueta de las mujeres más bellas y sensuales, y la faz de las bestias más horrendas y abominables en 1924 viajó a Italia a retratar para la revista «The Graphic» a Mussolini en Roma. Hoppé dijo que el dictador le confesó que se sentía «como un emperador...».

El hombre de la cámara conquistó Hollywood, convivió con tribus indígenas, visitó Cuba, Jamaica, Antillas, India, Ceilán, Australia, Nueva Zelanda, Indonesia, Bali, África, ningún creador se le resistió, desde la danza a la literatura, desde Kipling a Pound, de Eliot a Shaw, a quien le reservó una admiración especial. Su cámara y su mirada se apagaron con noventa y cuatro años.