ANÁLISIS

El gobierno de Rajoy, reducido y previsible

Mariano Rajoy no suelta prenda sobre quiénes formarán su Gobierno, pero sí va dejando caer cómo será: No llegará a los 15 del último Ejecutivo de Zapatero, serán preferiblementede su «núcleo duro» y con peso político contrastado

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Suenan muchos nombres. Y más que van a aparecer en las próximas semanas. Desde que el PP arrasó en las elecciones del 22 de mayo, la certeza de que Mariano Rajoyocupará La Moncloa a más tardar dentro de nueve meses y quizás mucho antes ha hecho soñar a muchos políticos y no políticos cualificados en buenas relaciones con el aún líder de la oposición con la posibilidad de convertirse en ministros del próximo Gobierno. Como hombre prudente que es, y además gallego, Rajoy no suelta prenda; ni siquiera tiene un cuaderno azul como el que guardaba los secretos deJosé María Aznar. Pero sí está dando pistas a sus allegados y a los periodistas con los que comparte mesa y mantel de cómo va a ser el Ejecutivo que le ronda la cabeza mientras se pega sus caminatas de una hora con las que concluye cada día de su jornada laboral.

«Nombres no da; pero por lo que dice es seguro de que su Gobierno obedecerá a tres criterios: solvente, compuesto por personas de peso; reducido, de bastantes menos ministerios que el actual y previsible, integrado fundamentalmente por quienes ya forman el núcleo duro del equipo con el que ha transitado por la oposición», resume uno de los personajes incluidos en esta última categoría.

Estos no son muchos, pero sí reconocidos. El propio Rajoy confiesa que sus imprescindibles en esta etapa han sido cuatro mujeres y un hombre. Ellas, la secretaria general y ya casi presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal; la portavoz parlamentaria, Soraya Sáez de Santamaría; la vicepresidenta del Congreso, Ana Pastory Carmen Martínez Castro, la directora de Comunicación del partido. Y él, el presidente del PP andaluz, Javier Arenas.

Como a este último se le conceden todas las papeletas para ser elegido presidente de Andalucía a la vez que Rajoy llega a La Moncloa, su nombre no se incluye entre la lista de ministrables. Ni tampoco el de Cospedal, que seguirá siendo secretaria general hasta el próximo congreso, pero vivirá concentrada en su región. Pocos, por no decir nadie con acceso al líder, dudan de que Soraya Sáez de Santamaría vaya a convertirse en la vicepresidenta política. A Ana Pastor las quinielas la sitúan en la presidencia del Congreso de los Diputados y a Martínez Castro, en la secretaría de Estado de Comunicación.

El puesto de futuro vicepresidente económico es más discutido, aunque a juzgar por lo previsible que resulta ser Rajoy cuando toma decisiones, en su entorno se considera que CristóbalMontoro tiene más posibilidades que ningún otro nombre más relumbrón o novedoso. «Mariano —comenta alguien muy próximo a él— es un hombre leal, consciente de que quien ha estado ocho años trabajando a su lado ha sido Cristóbal». «Lo que le pasa a Montoro —asegura otra fuente de la calle Génova— es que ha sido el encargado de decir “no” a todos los lobbies que han venido por aquí a presionar y por eso se le discute en círculos económicos». Rajoy ha comentado que baraja muchos más nombres para su equipo económico que para el resto de su Gabinete. Y los que más suenan son varios de los que antaño integraron el llamado grupo de «chicos de Rato» y que hoy ya peinan canas, como Luis de Guindos, José Manuel González Páramo, Jaime Caruana y un par de amigos personales del líder del PP: José Manuel García Margallo y Fernando Bécker.

El presidente popular confiesa también que quiere colocar a alguien de solvencia al frente del ministerio de Exteriores, preocupado como está por el decreciente papel de España en el mundo, así que se da por hecho que buscará a alguien con experiencia y peso político. Por sonar, suenan dos ex ministros de Aznar que han trabajado estrechamente con Rajoy en estos años de oposición: Miguel Arias Cañete y Federico Trillo.

En cuanto a mujeres, en la sede del PP piensan que Rajoy querrá contar con Elvira Rodríguez, que se ha quedado de diputada autonómica madrileña sin cargo alguno, quizás para el ministerio de Fomento y que también llamará a una de las figuras femeninas ascendentes en su partido, Arancha Quiroga, presidenta del Parlamento vasco. Hay quien avanza asimismo el nombre de Alicia Sánchez Camacho, la presidenta de los populares catalanes. Pero, admite una persona próxima a Rajoy, éste «no es nada partidario de desvestir un santo para vestir a otro». Lo cual nos conduce al tema de si el alcalde madrileño Alberto Ruiz-Gallardón formará parte del próximo Gobierno, como todo el mundo sabe que desea a pesar de que esta vez haya decidido no anunciarlo.

En las apuestas que se cruzan por los pasillos de la calle Génova se puede jugar dos contra uno a que de momento Gallardón seguirá en el ayuntamiento, no se sabe si porque Rajoy piensa que hace muy poco que ha sido elegido, porque no gusta que dé por hecho su incorporación al Gabinete o porque no convence su presunta sucesora, Ana Botella. O por todo a la vez.

Lo cual no es óbice para que sí se cuente con otros dos recién votados: José Manuel Soria, por quien el líder siente un gran aprecio, si, como parece, se queda sin ser presidente de Canarias a pesar de resultar el PP la fuerza más votada; y el presidente murciano Ramón Luis Valcárcel, que no quería presentarse el 22-M y a quien parece que quien puede le ha prometido un ministerio o, lo que más le gustaría, un puesto de Comisario europeo.

Otros nombres que circulan por el PP son el de Juan José Güemes como ministro de Sanidad y Lucía Figar, de Educación, ambos miembros de los gobiernos de Esperanza Aguirre. Suponiendo que esos ministerios no desaparezcan. Rajoy habla de crear un ministerio de Estado que englobe esas dos carteras más otras en las que el Gobierno solo mantiene ya competencias legislativas, para cumplir lo que será una de sus promesas de la próxima campaña electoral: reducir la Administración central.