El funesto Club de los 27

Amy Winehouse se convierte en mito al morir a la misma edad que Kurt Cobain, Janis Joplin, Jimi Hendrix o Jim Morrison

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Las muertes, como casi todas las malas noticias, suelen venir de sopetón, alterando el guión de la temporada y revolucionando planetas enteros cuando el finado es una estrella del pop, o del blues. Nadie las espera. Ni siquiera cuando la implicada es una figura descarriada y de personalidad altamente inestable. Porque, por más que la hayamos visto tambaleándose de escenario en escenario y haciéndole ascos a la rehabilitación —y, por paradójico que parezca, conquistando la lista de ventas con tal negación—, la muerte de Amy Winehouse no entraba en el guión de la temporada. No así. No ahora.

O, bien pensado y echando mano del selecto y funesto club de los 27, edad a la que murieron artistas como Kurt Cobain, Janis Joplin, Jimi Hendrix o Jim Morrison y a la que se despidió ayer la cantante británica, quizá todo tenga su lógica y su muerte forme parte de algún tipo de broma macabra del Gran Dios del Pop. El mismo que dice que, como cantaba Jimmy Cliff, cuanto más duro vengan, más dura caída tendrán. Y nadie podrá negarle a

Nadie podrá negarle a Amy que su caída ha sido digna de las mejores historias del pop

Amy Winehouse que su caída ha sido digna de las mejores historias del pop (versión soul, en este caso) jamás contadas. Un disco de tanteo, otro que la encaramó a las cimas de la popularidad de la noche a la mañana y, a partir de ahí, la cuesta abajo. El gran batacazo. No hay más que recordar su actuación en el Rock In Rio de Madrid o repasar las imágenes de aquel recital interruptus en Serbia para convenir que, en efecto, su carrera había acabado hacía tiempo.

Lamentablemente y a diferencia de ese selecto club del que antes hablábamos —recuerden, los Hendrix, Cobain y Joplin, falsos mártires de una religión con dioses de usar y tirar—, no parece que la británica vaya a tener reservado un rincón en tan ilustre panteón. Y no porque sus discos no fuesen buenos ni sus canciones insolentemente pegadizas, sino porque su carrera llevaba tiempo desintegrada entre titulares sensacionalistas y macabras apuestas sobre quién duraría más, si ella o Pete Doherty. Sí, la carrera de Amy Winehouse acabó hace mucho y, lo que es peor, a nadie parecía importarle demasiado.