«Filmar en Fukushima fue un acto de responsabilidad»
Yojyu Matsubayashi, en Madrid - IGNACIO GIL
ENTREVISTA

«Filmar en Fukushima fue un acto de responsabilidad»

Presenta su filme documental en el ciclo «11.3: Japón, en el camino de superación», de la Fundación Japón

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Diez días después de la catástrofe nuclear, este joven director entró, cámara al hombro, en la zona de exclusión por alta radiactividad, dentro del perímetro de seguridad. Mañana regresa a Japón para continuar con el rodaje de la segunda parte.

¿Qué fue lo que le hizo reaccionar así ante la catástrofe e introducirse en una zona donde su salud e incluso su vida corrían peligro?

—La energía nuclear en Japón no entró con el apoyo de la mayoría de los japoneses, solo por interés de unos pocos, pero hubo mucha gente que se desinteresó por el tema. Yo pertenecía a esa gran masa de desinteresados. Nadie sabe ahora mismo quién es reponsable de esa catástrofe, pero yo hice eso como una forma de asumir mi responsabilidad personal. Por eso entré en la zona de alto índice de radiactividad. El desinterés y la ignorancia han provocado esta situación. Me avergonzaba de haber sido un irresponsable.

Sorprenden en el filme, y en general, la capacidad de reacción de los japonenes y la entereza ante la catástrofe…

—A mí también me ha sorprendido muchísimo. Cuando entramos nos preguntamos cómo esa gente podía estar tan tranquila. Sin enfado, sin furia. Me interesé e investigué. Encontré muchos documentos históricos de la época de Edo (del siglo XVII hasta mediados del XIX). También hubo terremotos, incendios, desastres… En esos documentos había gente que se preguntaba lo mismo. Narran que algunas personas, ante un incendio, llegaban con la pipa, la encendían y contemplaban tranquilamente cómo se destruía su casa. Pienso que en Tohoku (donde se produjeron los mayores daños por el terremoto) se ha conservado esa mentalidad de nuestros antepasados. No en otros lugares, pero sí en esa zona.

Uno de los personajes que aparecen en el documental, el anciano Takeshi Suenaga, antiguo trabajador de la central, dice que «la energía nuclear no está a salvo». ¿Cómo vive actualmente Japón esta situación?

—No soy un experto, pero desde mi perspectiva creo que no hay nada solucionado. Lo que es grave es que después de un año el interés es hoy menor. Sé que el accidente fue provocado por desinterés. Eso es indignante.

¿Qué es lo que más le preocupa de ese exilio obligado que están viviendo las personas desplazadas?

—Sobre todo, el tema de los ancianos. En la primera parte del rodaje conocí a una persona llamada Kume que tuvo un gran peso en el documental. A esta persona ya se le empieza a notar que flojea. Primero fue evacuada de su comunidad y luego pasó a una vivienda provisional. Piensa que ahí está su fin. Es un problema cómo se han destruido esas comunidades, y a esas personas que han ido construyendo esa comunidad durante muchos años. Puede que se pierda una parte muy importante de la cultura del lugar. La gente joven se ha ido. No hay jóvenes.