Esto no lo levanta ni Crystal ni la superheroína

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Chris Rock fue Santiago Segura. El actor tuvo la actuación más brillante de la ceremonia al entregar el Oscar de animación. Iba sobre lo que uno puede ser al doblar dibujos. «Si eres negro puedes hacer de cebra o de burro», dijo con un pelazo solo superado por Esperanza Spalding. Billy Crystal fue Billy Crystal, también con ese inquietante pelo a lo Ciprià Ciscar y los brillos de Lladró en una cara a punto de dar de sí. El cómico, de 63 años, supera en uno la edad media de los académicos de Hollywood, señores con rácana tolerancia a la gamberrada. Y no hace falta tirar de Ricky Gervais: Jon Stewart es el mejor presentador de los últimos años.

Crystal es un producto para todos los públicos que acaba siendo para ninguno. Su comienzo fue menos gracioso que otros años (¡ese Justin Beaver que se presta a ser acribillado en «CSI» y a tomarse a chufla en los Oscar!). La ceremonia fue lo de siempre con menos estrellas que nunca. Y gracias a que Melanie Griffith cada día se parece más a Tippi y Michael a Kirk Douglas. Y a la presencia de Gustavo y Peggy en un palco, tradicional sitio de los vejestorios Statler y Waldorf. La peculiaridad fue la «emmyzación» cuando los de «The Artist» recogieron el Oscar a mejor película. Que suba todo «Dieu» y no solo los productores es cosa de los Emmy. En fin, en los Oscar, en la rutinaria sucesión de entregas, cualquier chispa triunfa: el homenaje de las ordinariotas Cameron Díaz y Jennifer López a Jane Russell y Marilyn Monroe; la pierna de Angelina, que trasladó la raja de su falda de la alfombra al escenario (así la gente no se fijaba en que es solo cabeza); el numerazo de Sacha Baron Cohen manchando a Ryan Secret con las cenizas de Kim Jong-il, o la monja Dolores Hart, que un día besó a Elvis. Pero no sé para qué llevan a una superheroína con capa (Gwyneth) si no es capaz de arreglar el tostón. De Billy Crystal lo esperaba.