Enrique Urbizu: «El cine español no es un género en sí mismo»
<a href="http://www.abc.es/fotos/20120130/enrique-urbizo-sabado-fiesta-1502361374085.html">Enrique Urbizo, el sábado, en la fiesta de los nominados a los Goya</a> - isabel permuy
entrevista al DIRECTOR DE CINE

Enrique Urbizu: «El cine español no es un género en sí mismo»

A tres semanas escasas de los premios Goya,«No habrá paz para los malvados» va consolidando sus opciones de convertirse en la gran triunfadora de la noche con 14 nominaciones

MADRID Actualizado:

Hace cinco meses que el angustioso hidalgo Santos Trinidad empezó a recorrer la cartelera a la caza de ratas convertidas en gigantes, y sin el menor atisbo de escuderos ni dulcineas que echarse a la jeta ni al coleto. Como mucho, algún cubata manchado con bilis negras o un amago de carajillo de anís en el VIPS. Suficiente combustible para que, desde entonces, «No habrá paz para los malvados», el último thriller de Enrique Urbizu, haya ido ganando terreno hasta plantarse en el umbral de los Goya con 14 candidaturas en plan «aquí estoy yo».

La primera muesca en su trabuco fue el sabroso botín de los premios Forqué (mejor película y mejor actor para el titánico Coronado) y, el próximo lunes 13, le aguardan unos clásicos, los galardones del Círculo de Escritores Cinematográficos, donde Urbizu se las verá, entre otros, con «Midnight in Paris» por partida triple (película, director y guión original).

—¿Quién le iba a decir a usted que lucharía cara a cara con Woody Allen?

—¿Y quién se lo iba a decir a Woody Allen? (risas).

—Al menos, en los Goya no le tendrá tan cerca, aunque ahí le espera Almodóvar...

—Pues sí, no sé qué es peor. Hablando en serio, creo que se han pasado, 14 nominaciones es una barbaridad, aunque me alegro mucho por todo el equipo de la película, es un gran reconocimiento a su trabajo.

—¿Prevé «duelo al sol» con el manchego la noche de autos?

—Eso son cosas de la prensa, que siempre andan liándola con titulares estilo «Urbizu versus Almodóvar», como si fuera una velada de boxeo. Ni mucho menos, no hay más que ver la calidad de las demás películas en pugna. Y, sobre todo, su variedad: un western, una de ciencia-ficción, un policiaco, un drama histórico, una de terror con científico loco... Todo muy global, muy curioso.

—Y en todas, menos en «La voz dormida», se ha escuchado eso de «es tan buena que no parece española». ¿No le sienta como una patadita en la espinilla?

—Ya lo creo. Es un piropo envenenado. Dan ganas de responder: «Pues mira, tú que eres muy guapo tampoco pareces español, no te digo» (risas). Pero vamos, supongo que irá cambiando el chip y la gente se dará cuenta de que el cine español no es un género en sí mismo.

—¿Tiene la impresión de que esta vez sí que sí, que ya le toca?

—Hombre, para variar me gustaría que la película ganase, ya que no tuve tanta suerte con «La caja 507» ni «La vida mancha». Pero tampoco hay que engañarse, esto es empezar de nuevo una y otra vez. Hay que aprovechar el momento y compartirlo con los amigos. Tampoco le doy tantas vueltas a lo de los Goya, no se crea.

—¿Opina que el premio para Coronado es casi seguro, sobre todo después de que se quedase sin Concha en San Sebastián?

—Ya, por eso mismo no hay que lanzar las campanas al vuelo. Aquí tendrá una competencia tremenda: Banderas, Tosar y Brühl. Pero no sé si alguno se habrá metido como José en este personaje tan brutal, buceando hasta el fondo en el lado oscuro. Se tiró a la piscina a tumba abierta. Es un actorazo y él sí que se merece todos los premios.

—¿Cómo ve «No habrá paz para los malvados» en general, y a Santos Trinidad en particular, hoy por hoy, en mitad del sálvese quien pueda, del «ésta te la guardo», de la cobardía antiheroica y de los amaños miserables nuestros de cada día?

—Como pez en el agua. Santos es un indeseable que representa lo peor y más sucio de todos nosotros. Hoy mismo se movería perfectamente por las cloacas de la sociedad, aunque sus referentes sean quizá más lejanos, los de la novela negra de Juan Madrid o Andreu Martín, los polis duros del antiguo régimen que tuvieron que reconvertirse con la llegada de la Transición, perdedores con gran capacidad para ser dañinos... Gente así.

—Usted que fue el «reinventor» del cine negro en nuestro país, sobre todo a partir de «Todo por la pasta» (1991). ¿Qué opina de la reivindicación que está teniendo el género con libros como «Brumas del franquismo» y «Ficción criminal en Barcelona», o el monográfico del año pasado de «Mondo Brutto», todos ellos dirigidos a la etapa de efervescencia durante los años 50 y 60?

—Me parece sensacional que se rescaten esas películas maravillosas como «A tiro limpio», «Brigada criminal», «Apartado de Correos 1001»... A muchos les extraña que se rodasen esas joyas hace tanto tiempo, y espero que con esto algunos colegas se animen a proponer más cine negro, que no voy a ser yo el único.

—Bueno, también hay una saga «policiaca» española de lo más exitosa. De hecho, la que está salvando los muebles del cine español en los últimos años...

—Ya, ya sé por dónde va... A mí «Torrente» no me molesta, aunque alguno haya llamado así a Santos Trinidad. El género de la parodia tiene nobleza y es muy complicado también. Sería de tontos ponernos estupendos y pensar que no hay sitio «en serio» para este cine. Además, es una señal de músculo industrial que no nos podemos permitir el lujo de rechazar.

—Pero, vamos, que entre «Torrente 4» y, por ejemplo, «Drive»...

—Hombre, es que «Drive» es la leche. Ese tipo de thrillerestiloso, con largos silencios a lo Melville, apoyado en un personaje principal... Me encanta, y desde luego que es lo mío.

—¿Qué futuro cree que le espera al género en España?

—Pienso que bueno. Se está perdiendo el miedo a muchas cosas, y se está consiguiendo que no solo francotiradores como Aranda, Díaz Yanes y yo mismo hagamos thrillers. Además, este género es perfecto porque sirve de herramienta para mirar debajo de la alfombra, que es lo que nos motiva. Nos gusta mucho enredar.

—¿Y en qué anda enredado usted ahora?

—Ahora en nada, la verdad. Si no, lo diría sin problema. Este negocio es complicado, lo mismo encadenas dos películas, como me pasó con «La caja» y «La vida mancha», como que te tiras ocho años sin rodar. Espero que no se repitan esas pausas tan largas, pero eso depende de muchos factores, desde la financiación hasta la suerte... Yo trabajo todos los días, eso sí. Al menos, escribiendo, que es gratis.

—¿Qué pasó con su guión sobre Francisco Paesa, por cierto?

—Ya lo acabé y luego me desvinculé. Ya está en otras manos. A ver qué pasa ahora. Espero que alguien la dirija, yo ya me he apartado discretamente. Ahora estoy en fase de diseño del menú.

—Y, mientras tanto, da clases en la facultad, que hay que comer todos los días.

—Exactamente. En la ECAM y en la Carlos III. Pero es un ejercicio muy sano, ¿eh? Los alumnos son más exigentes que los espectadores. Tienes que estar siempre atento porque no te pasan una. Esa sí que es una buena gimnasia, ya lo creo.