«Los chicos están bien»: Ejemplo de comedia con sonrisa vertical

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Podría ser el punto de partida de una comedia de Billy Wilder, con un toque de los hermanos Wachovski: Annette Bening y Julianne Moore forman una pareja estable, tradicional y acomodada, y con unos hijos ejemplares, casi adultos, que tienen la pretensión de conocer a su verdadero padre, que, en principio, comparten, pues responde a la misma ficha de un banco de esperma. La directora es, en realidad, Lisa Cholodenko, quien en lugar de profundizar en su transgresora fotografía inicial con dos actrices tan conocidas y magníficas compartiendo cama, se esfuerza en justamente lo contrario, en que su historia se signifique como una lucha por mantener la «normalidad», la familia y las buenas costumbres, lo que probablemente venga a suponer una doble y mayor transgresión.

A las interpretaciones brillantes les precede un buen guión, lleno de jugosos diálogos y con una enorme vocación de comedia, a la cual empuja sin contemplaciones el personaje que interpreta Mark Ruffalo con grandes dosis de extroversión, vulgaridad, heterosexualidad y simpleza (se hace muy obvio que es el único personaje al que la directora detesta), y a todo ello, al guión, las interpretaciones y el punto de vista de la directora, le preceden unas enormes ganas de jugar con la perplejidad del espectador, que se verá incapaz de prever la corrección o incorrección política, las pulsión sentimental, la dirección de los flujos emocionales, sexuales, dramáticos o cómicos..., en fin, que tal vez un o una director o directora con más rigor ideológico hubiera conseguido un mejor drama pastoso y vulgarote sobre estos temas tan de hoy, pero Lisa y llanamente consigue justo lo contrario, una comedia ligera, que aboga sorprendentemente por la vida en familia y burguesa, con los vicios habituales del sentido de la propiedad, de la fidelidad, de la uniformidad, del conservadurismo... Francamente, si se para uno a pensarlo, es completamente in-to-le-ra-ble. Y con parecida franqueza, también es por completo intolerable que entre Annette Bening y Julianne Moore exista tanta química como entre Clark Gable y Ava Gardner en «Mogambo». Y Ruffalo, de nativo y porteador de safari.