Duarte Pinto Coelho, un legado histórico en venta
FOTOS: ERNESTO AGUDO Y CHRISTIE'S

Duarte Pinto Coelho, un legado histórico en venta

Hoy y mañana sale a subasta en Londres la colección de arte, muebles y objetos del legendario decorador

MADRID Actualizado:

No solo fue uno de los grandes decoradores, sino también uno de los animadores culturales más activos de la segunda mitad del siglo XX en España. Aportó imaginación, fantasía, glamour y belleza a una España demasiado triste y gris. Portugués de nacimiento (Cascais, 1923), llegó en los años 50 a nuestro país. Su historia de amor con España fue de película: duró toda la vida. Aquí echó raíces, en Madrid y en Trujillo. En la capital adquirió parte del Palacio de los marqueses de Villafranca, en la calle don Pedro, en pleno centro de Madrid. En la ciudad extremeña compró un palacio del siglo XVI. Falleció en 2010. Antes de su muerte, dispuso que todos sus bienes —sus dos casas y las colecciones artísticas de gran valor que había en ellas— se vendieran y que sus beneficios fuesen a parar al matrimonio que le cuidó durante décadas. Los inmuebles fueron puestos en venta por Aguirre Newman. Hoy y mañana saldrán a subasta 800 lotes de dicha colección en la sede de Christie's en South Kensington (Londres). La estimación de toda la colección de Duarte Pinto Coelho ronda los 1,5 millones de libras. Hay desde muebles, textiles antiguos y porcelanas chinas, hasta esculturas europeas y pinturas del siglo XX (entre ellas, una de Antonio López).

Hablamos con Pilar González de Gregorio, duquesa de Fernandina, presidenta de Christie's Ibérica. Conoce muy bien al legendario decorador. Éste quiso publicar en vida sus memorias. Una amiga suya contactó con ella y le propuso este proyecto, que le entusiasmó. Nunca se llevó a cabo, porque Pinto Coelho murió antes de que se pusiera en marcha. «Lo conocí hace muchísimos años. Yo víví fuera de España, en Argentina, en Francia..., y al regresar volví a reencontrarme con Duarte a través de Luis Escobar», cuenta Pilar González de Gregorio, que ha escrito la biografía del decorador portugués en el catálogo de la subasta.

Pinto Coelho se hizo a sí mismo. A los 18 años decidió trasladarse a París, donde se formó. Allí entablaría amistad con Coco Chanel, Elsa Schaparelli o Salvador Dalí. Se convirtió en foco de la high society. La duquesa de Fernandina recuerda las fiestas estupendas que organizó Pinto Coelho: «Era el perfecto anfitrión. Por su casa pasaron actores y actrices (Ava Gardner), toreros (Luis Miguel Dominguín), bailaores y cantaores flamencos (Lola Flores, Manolo Caracol), pintores, gente de la alta sociedad... Se respiraba alegría y libertad en sus casas. Todo estaba cuidado al detalle. En su día a día era muy austero, pero se transformaba en las fiestas como el mejor anfitrión». Era fácil ver en ellas a personajes como Truman Capote, María Callas o Henry Kissinger.

Perfecto anfitrión

Pero no solo organizaba sus propias fiestas, sino también para otros. Se encargó del banquete de boda de la Infanta Doña Pilar en el castillo de San Jorge de Lisboa, la boda del duque de Cádiz y Carmen Martínez-Bordiú, la de Marujita Díaz y Antonio Gades, la fiesta en el Pardo en la víspera de la boda de los entonces Príncipes de Asturias, Don Juan Carlos y Doña Sofía... Pinto Coelho compró un órgano barroco en 1961. Recuerda la presidenta de Christie's Ibérica que «lo celebró con un concierto en su casa a cargo de Ramón González de Amezúa, al que acudió el entonces Príncipe Don Juan Carlos. También, Dalí con un travesti, un auténtico escándalo para la época». Ese órgano fue declarado BIC, inexportable. Ha sido adquirido en venta privada. También unas alfombras de su colección no forman parte de la subasta: fueron adquiridas por el Estado español.

Legendario decorador de interiores, era un hombre muy culto, nos cuenta Pilar González de Gregorio: «Le gustaba la música, el cine, la pintura... Tenía un gran sentido del humor. Su gusto era ecléctico, nada purista, lo aprovechaba todo. No tenía prejuicios. Mezclaba estilos, tradición y modernidad. Y siempre en un ambiente refinado, barroco, teatral. Nunca se dejó tentar por el minimalismo. Quiso ser reflejo de su época. Trajo a España un cierto estilo de vida». Su lema: «Una casa debería, al final, parecer como si el mismo decorador nunca la hubiera pisado». Es lo que ocurrió con la multitud de importantes encargos que tuvo en su prolífica y exitosa carrera: decoró conventos y palacios —el Palacio Real de Kuwait; rediseñó un ala del Palacio de Liria—, embajadas, residencias (las de los Condes de Barcelona, la Infanta Doña Pilar, la condesa de Romanones, Juan Abelló o la familia Cisneros) y hoteles por todo el mundo. Su último trabajo, el Hotel Finca Cotesín en Málaga.