Diez años sin Cela
Camilo José Cela murió el 17 de enero de 2002 - GONZALO CRUZ

Diez años sin Cela

Cuando se cumple una década de la muerte del Nobel, ABC habla con su viuda y su hijo. Marina Castaño recuerda que «fue un matrimonio perfecto, funcionábamos al unísono». Camilo Cela Conde retrata al novelista y al antropólogo

ANTONIO ASTORGA
MADRID Actualizado:

Mañana se cumplen diez años de la muerte de un titán de las letras, Camilo José Cela. Una década que ha sido oficio de tinieblas, con juicios, sentencias, recursos sobre su herencia; y en la nebulosa, la cruz de un presunto plagio por el que se abrió juicio oral. Su viuda, Marina Castaño, dice a ABC que «los últimos días antes de que él muriera fueron los más tristes de mi vida; el momento de su fallecimiento fue como un derrumbamiento total y absoluto. El trabajo es lo que más me ayudó a superar una pérdida tan inmensa. Llegó un momento en el que la falta de oxígeno en el cerebro lo dejó dormido y se murió dormido, gracias a Dios. Y no sufrió. Estuvo acompañado y atendidísimo, yo no me moví de su lado. Lo último que escribió fueron versos dedicados a mí».

Cela y Marina Castaño se conocieron en 1985 —ella tenía 27 años—: «Entablamos una amistad, que se convirtió en sólida y profunda, y más tarde en un matrimonio a lo largo de 17 años, casados por la Iglesia, supersólido; compartíamos las horas del día en el trabajo, con los amigos, en la vida familiar. Fue un matrimonio perfecto». Cela definía a Marina Castaño como su «directora de orquesta»: Lo explica ella: «Fundamentalmente porque hubo una compenetración muy importante entre nosotros. Estábamos inmensamente unidos; funcionábamos al unísono».

—Dijo a «Vanity Fair» que Cela «no se había enamorado nunca», que usted le enseñó a decir «te quiero».

—Sí, pues porque era un hombre que se dedicó de forma absoluta y exclusiva en su vida a su trabajo. Y la parte de los sentimientos la tenía como aparcada, nunca había pensado en eso, a pesar de haber tenido distintas mujeres a lo largo de su vida.

¿Cela estaba tan concentrado en su trabajo que no había lugar para los sentimientos? «Se dedicó a ser un escritor de fama mundial y a alcanzar todas las metas que se propuso; se había olvidado de los sentimientos, y se dio cuenta de que contaban», añade.

Sus enemigos le han acusado a usted de haber apartado a Cela de algunas de sus amistades, ¿qué tiene que decir?: «No, eso no tiene ningún sentido. Hubiera sido un error por mi parte haberlo hecho. Si él se alejó de algunas personas fue por cuestiones geográficas, no otras. ¡Qué absurdo!».

—¿Y el libro de memorias que usted anunció que está escribiendo?

—Los papeles tienen que reposar. Trabajo en un espacio donde hay cuatro mesas, y sobre esas cuatro mesas reposan papeles; Camilo José hacía lo mismo y yo lo aprendí de él; hay que dejar que las cosas sedimenten y que en un futuro se decida qué se hace sobre esos papeles.

—¿Pondrá «negro sobre blanco a los traidores», como usted anunció?

—Bueno, sí, pero como tengo mucha juventud por delante ya veré cuándo las cosas tienen que salir a la luz.