Detalle de «La rosa y el velocípedo», de José Caballero (1935) - ABC

La celebración del lápiz

Hasta el 27 de agosto la Fundación Mapfre despliega su colección de dibujos

MADRID Actualizado:

Rodin suspendió dos veces el examen de acceso a los estudios de Bellas Artes. No sabía dibujar, le decían. Lo suyo era modelar, esculpir y crear formas desde la nada. Relata esta anécdota Pablo Jiménez Burillo, director general del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre, antes de añadir: «Pero cuando mostró toda su obra, incluyó sus dibujos. Eran parte esencial para él». «La mano con lápiz», que puede visitarse en la Fundación Mapfre hasta el 27 de agosto junto con otra muestra dedicada al fotógrafo Eugène Atget, despliega la colección que lleva constituyéndose desde 1989 en torno al dibujo. El paseo comienza por un siglo XIX que aún veía el género como una herramienta en el proceso artístico, prosigue por ese primer siglo XX que ya empezaba a atisbar una entidad propia en los trazos del lápiz uncido al artista y termina con la reivindicación del dibujo como obra de arte en sí misma.

La colección Mapfre empezó por nutrirse de dibujos de autores españoles, pero las fronteras temporales y geográficas fueron cayendo, disfruta contando Jiménez Burillo, a medida que iban brotando influencias y nuevas sendas: «¿Cómo se puede entender el siglo XX sin Joaquín Torres? ¡Y era uruguayo!»

La muestra se organiza en secciones, que reposan a su vez sobre ejes artísticos y cronológicos. Dice Jiménez Burillo que la organización «sale sola», que los dibujos se van «ordenando por sí mismos»: así configuran un camino comprensible y sugerente para quien quiera dejarse fascinar y abren, al mismo tiempo, los brazos a quien esté en condiciones de llevarse una reflexión más honda en torno a las poliédricas aristas del género. Pero siempre apelando a la «cercanía con el artista. Uno, ante un “Guernica”, experimenta la rotundidad de la obra acabada y ciertas sensaciones; pero cuando se puede acercar a un dibujo de Picasso y descubrir sus titubeos, esa proximidad —que no es necesariamente cierta— el sentimiento es especial».

Nuevas adquisiciones

La amplísima lista de artistas (Piñole, Caballero, Fortuny, Klimt, Matisse y un interminable etcétera) y la apabullante libertad que destila la muestra son posibles gracias al trabajo de una fundación, dice Jiménez Burillo: «Un museo público tiene la obligación de contar el arte contemporáneo español. Nosotros tenemos la vocación».

La Fundación Mapfre ha adquirido, recientemente, 110 fotografías de Paul Strand, lo cual la convierte en una de las mayores colecciones del fotógrafo francés en volumen e importancia. También un Degas, un Rodin... Una ampliación que supondrá, vaticina Jiménez Burillo, terminar con el millón de euros de presupuesto de la fundación para este año antes de tiempo. «Pero vale la pena». A la vista está.