Los Príncipes de Asturias, con Charles Moore y Enric Arenós, Catalina Luca de Tena, Manuel Martín Ferrand, Emilio Botín y José Manuel Blecua - FOTOS: JAIME GARCÍA, ERNESTO AGUDO, ÁNGEL DE ANTONIO Y DE SAN BERNARDO

Los Cavia, o el viejo oficio del periodista

Martín Ferrand, Charles Moore y Enric Arenós «Quique» recibieron los premios de la excelencia periodística

mayte alcaraz
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Cuando a los eurobonos los salmodian con el gorigori nada mejor que sentar un Cavia en la mesa. O sentarse a la mesa del Cavia, que es ese toisón de oro que recibe gente tan bien leída y escrita como Manuel Martín Ferrand, cuyas palabras son descarga de fusilería al corazón. Tiene la Casa de ABC la buena costumbre de servir como tentempié, antes de la gran cena del periodismo español, los sabrosos discursos de los que no solo tienen algo que decir, sino que lo que dicen deja un sabor a croquetas de jabugo con la bechamel recién hecha, discursos que si no calman los jugos gástricos, sí alimentan el espíritu maltrecho de la crisis.

Martín Ferrand, Charles Moore y Enric Arenós, «Quique», distinguidos con los premios Cavia, Luca de Tena y Mingote, saben bien que un periodista vale lo que va a publicar mañana. Llegaron, miraron y contaron: al cabo, el viejo oficio del periodista. Llegaron a una cena donde el periodismo se olvida del CIS y se reconcilia con su mejor esencia; miraron a una joven pareja real que es garante del futuro de la España que queremos ser y contaron en sus mensajes de agradecimiento el abc de la prensa: solo somos un recado para leer. Ni más ni menos.

Anfitriones e invitados

A Don Felipe y Doña Letizia les sienta bien departir con la opinión publicada. Ambos, acompañados de la presidenta-editora de ABC, Catalina Luca de Tena, ejercieron más de anfitriones que de invitados. No necesitaron mayores agasajos. A la Princesa solo hace falta recordarle su etapa de reportera de ABC para que destape el tarro de sus recuerdos de joven periodista:

—¿Se acuerda, Alteza, de sus crónicas?

—Claro que me acuerdo. Qué tiempos aquellos...

Y cuando uno consigue que la Princesa de Asturias rememore contigo la vieja etapa común en la sección de Madrid de ABC, allá por los años noventa, ya sabe que tiene la mitad de la crónica en el bolsillo.

Además, empotrar a tanto periodista invitado en mesas vestidas de poder permite situaciones impensables para el común de los plumillas: preguntar por la salud de su padre a un educadísimo señor —Adolfo Suárez Illana— resulta, sin quererlo, estar recuperando la Historia reciente de España. Y conmueve escuchar al hijo del primer presidente de la democracia relatar, con la filigrana que solo da el cariño, los desvelos por el padre cuya memoria se llenó de ausencias hace nueve años. O detallar las travesuras de un niño que creció entre los rincones desconocidos de un Palacio donde, de chavales, él y sus hermanos jugaban al fútbol con el tricornio de uno de los guardias civiles que velaban por la familia, como si de un balón de reglamento se tratara.

Sentados en la Biblioteca de ABC, a pocos metros de Suárez Illana, un matrimonio presidencial, José María Aznar y Ana Botella, también crió hijos intramuros del poder. Y ahora crían esperanzas de mejores tiempos para España, aunque el expresidente no dice ni pío del cuaderno azul —el suyo también fue inexpugnable— de Rajoy, del que depende que él se convierta en esposo de la primera alcaldesa de Madrid. Las carambolas de la política tienen estas cosas diabólicas: Gallardón es en este momento el vórtice de las vidas de José María y Ana. Conocedor de su responsabilidad, el alcalde de Madrid se movía en la cena con la prudencia que da el saberse pretendiente a carne de portada el 23 de diciembre. Por el momento, es el elegido... por José Luis Garci. Por si lo de la cartera ministerial no prosperara, el regidor madrileño mandó hace unos meses su currículum al oscarizado director de cine, quien le recompensó con el papel de Albéniz —tío abuelo de Gallardón— en su próxima película. De rodar una larguísima escena de tres minutos llegaba el alcalde a la cena de los Cavia, donde nunca falta Esperanza Aguirre. Enguantada en un ajustado vestido verde de Marella, la rejuvenecida presidenta ha perdido peso y —sé que también con gusto— su condición de única presidenta autonómica. Hasta tres fueron vistas en la cena del martes. Aguirre, Cospedal y Rudi capeaban las prisas de sus vidas itinerantes con la preocupación de los meses de sindicalismo ruidoso que asomará la patita allende Año Nuevo. Pero la madrileña, además, bromeaba con un maledicente rumor sobre su salud que salpica lo más granado de los cenáculos madrileños y que, a la vista está, no es más que una insidia. «Mira, he venido para que vean que estoy muy enferma», replicaba con la más saludable de sus sonrisas, que compartía con Emilio Botín, curioso observador de una cita de periodistas y políticos. Esas «rara avis» que han tenido que reciclarse en conceptos que han sido tradicional pan nuestro de los banqueros: la quita, la prima de riesgo o la inyección de liquidez, por poner ejemplos.

Lo bueno que ha tenido la crisis es que nos ha igualado en conocimiento con los que manejan nuestros ahorros. Algo es algo. Por ello, en los corrillos se hablaba con igual familiaridad de Wolfgang Schauble, ministro alemán de Economía, que de Artur Mas. O del tapado de Bono para la secretaría general del PSOE: el alcalde de Toledo, Emiliano García-Page.

Lo mejor de una cena donde se reúne el poder que fue, el que es y el que será es que lo mismo te cruzas con dos ex (consolidadas), como Isabel Tocino o Soledad Becerril, que lo haces con cuatro personas a punto de hacer un reseteado en sus vidas: Elvira Rodríguez, Ana Pastor y Arias Cañete, por un lado, y Cristina Garmendia, por otro. En la Biblioteca de ABC, pues, la incertidumbre subió a niveles de la prima de riesgo de España e Italia. Allí no faltaron los cesantes y los nonatos. Todo cabe bajo el paraguas protector de don Mariano (de Cavia), aquel intelectual que no puso una biblioteca en su casa sino que puso una casa a su biblioteca. En la de ABC cabían la noche del martes el ¡Hola! y el Ibex 35 a partes iguales: Thyssen, casa de Alba, Abelló, Botín, Falcó...

Brindis por el Rey

Los que peinamos algún que otro Cavia en ABC sentimos un pellizco de nostalgia cuando al final del convite, dirigiéndose a los Príncipes y al resto de comensales, Catalina Luca de Tena levantó su copa hacia el cielo desde el que, a buen seguro, la miraba su padre, Guillermo Luca de Tena, para brindar, como siempre hizo él, por el Rey. Al maestro de periodistas que da nombre a la noche no se le hubiera escapado este detalle.