ARCO'12: calidad ante la crisis... y el nuevo show de Sierra y Merino
Un Bacon en la galería Marlborough por 15 millones de dólares - ÓSCAR DEL POZO

ARCO'12: calidad ante la crisis... y el nuevo show de Sierra y Merino

La 31 edición de la feria, que hoy arranca, está marcada por grandes piezas y mucho optimismo

MADRID Actualizado:

Decía Carlos Urroz que ésta iba a ser una feria de descubrimientos. Un paseo (en realidad, una carrera al sprint) por ARCO, ayer por la tarde, horas antes de su apertura, fue suficiente para descubrir bastantes cosas. Descubrimos, por ejemplo, que Tàpies sigue vivo. No hay güijas en la feria. Nos referimos a que sigue vivo en sus obras. Aunque quien crea que va a ver Tàpies por todos los rincones se equivoca. Elvira González no ha traído ninguno (todos están expuestos en su galería). Soledad Lorenzo, solo uno, de 2001. «Finalmente dejé en la galería uno de gran formato maravilloso. No sabía qué hacer...», comenta. No ha querido aprovechar la ocasión, cree que Tàpies no lo necesita. ¿Ha aumentado la demanda de obras tras su muerte? «Aún es pronto para decirlo, su muerte es muy reciente. El artista está muy presente. No ha necesitado morirse».

Y su hijo Toni tampoco ha echado la casa por la ventana en el «stand» de su galería: cuelgan tres Tàpies, hay un par más en el almacén y algunos grabados. Uno de ellos, «Mans i fletxa», de verano de 2011, es uno de sus últimos trabajos. «Me ha sorprendido la cantidad de mails que he recibido de todo el mundo, comprobar cómo se acuerdan de él», dice. ¿Solía venir a ARCO? «No era muy fan de pasear por la feria. Lo recuerdo aquí solo una vez, vino a ver la obra de un artista y se marchó enseguida». Comenta que su padre, cuando tenía dificultades físicas, se adaptaba a sus problemas y buscaba soluciones. Cree que el mercado será quien marque su cotización: «Aún hay mucho margen para que suba, pero quizá pasen 10 ó 15 años. Ha ocurrido con todos los buenos artistas». Y su padre era de los grandes. El Tàpies más espectacular lo tiene colgado Lelong: «Principiel», de 1989.

Descubrimos que la obra más cara de la feria este año es «Study from the human body. Figure in movement» (1982), de Francis Bacon. Cuesta 15 millones de dólares y está en la galería Marlborough. A su espalda, «Familia», de Botero (1,3 millones). Pero también descubrimos otras piezas importantes por la feria. Como un maravilloso Dalí del 46, en Leandro Navarro, que estuvo colgado en la exposición «Dalí, cultura de masas», del Reina Sofía. En esos momentos colaboraba con Walt Disney en un filme que finalmente no se terminó. «Dalí pintó media docena de obras con los temas de la película. Ésta es un homenaje a la danza española, está llena de referencias surrealistas», explica Íñigo Navarro. Su precio: 1,4 millones de euros. También destaca en su «stand» una preciosa cabeza de arlequín, de Gargallo (425.000 euros).

No pudimos descubrir el esperado Ai Weiwei de Ivorypress, porque aún estaba embalado. Ni el Morandi de la galería Trorbandena, de Trieste. Sencillamente, porque no ha venido a ARCO. El dueño de la galería, Alessandro Rosada, no entiende cómo Italia no permite que salga del país una obra de un artista que murió en 1964: «Bellas Artes denegó el permiso de esta obra y de un Léger, y luego dejan que se derrumbe Pompeya y el Coliseo». Se consuela enseñándonos el Morandi en su ipad: «La nevada», pintado en 1913. Su precio: 480.000 euros.

Descubrimos que a Barceló no le molesta estar en ARCO, como pensábamos. La galería Elvira González expone tres de sus obras. La más importante, «Mayurqa», de 2010 (es un mapa de su isla). El próximo año por estas fechas la galería hará una exposición de Barceló. Van a empezar a trabajar con él. Junto a sus obras vemos un móvil de Calder, que perteneció a la colección Beyeler, y que supera los 2 millones de euros. Puestos a descubrir buen arte español, lo encontramos. Espectacular, la pieza «Carroña» (2011), de Javier Pérez, en Carles Taché. Una gran lámpara de cristales rojos hecha añicos y cuervos reales disecados sobre ella. El artista nos cuenta que comenzó a trabajar con artesanos de Murano para una exposición en Venecia. Mañana inaugura otra con estas piezas en el Museo de Artes Decorativas de Nueva York. La obra, muy barroca, resulta inquietante: «Quería convertir el brillo y la opulencia casi en un animal descarnado». Tampoco defrauda nunca Jaume Plensa. Lelong ha traído una escultura monumental, que se ha instalado en una de las plazas de la feria.

El espectáculo continúa

Pero junto a grandes piezas, también descubrimos espectáculo. En la sala VIP lo pone la arquitecta Teresa Sapey, que se ha aliado con Ikea. Andaba quejándose de que la gente se estaba llevando los cojines que ha diseñado, de todas formas y colores. La sala es espectacular, como un colorista y ecológico chill out donde menos es más. Reivindica más presencia de la arquitectura en ARCO, un «stand» propio en la feria.

Pero, para show, no el de Truman, sino el de Eugenio Merino, dispuesto un año más (y ya van unos cuantos) a que su pieza sea la más fotografiada y reproducida en prensa. Sorprendió en su día con Damien Hirst disparándose un tiro, con un zombie Fidel Castro... Pero de tanto sorprender ya no sorprende. El año pasado enfrentó a las religiones, y hasta a punto estuvo de crear un conflicto diplomático con Israel con una pieza. Y este año ha metido a Franco en una máquina de Coca-Cola. «El show de Merino (parte IV)». Ayer se defendía: «Yo solo trato temas que me interesan, pero no busco llamar la atención ni salir en los medios. Probablemente no me beneficia. Quería desmostrar que en España se mantiene muy viva su figura y realzarlo con el eslogan de Coca-Cola: “Always” (siempre)». La pieza se muestra en la galería ADN, donde hay más arte político: banderas de España en una instalación de Bruno Peinado.

En el «stand» de Juana de Aizpuru vemos un trozo de «Azor» prensado, similar al que hay en Matadero, pero más pequeño. Nos dicen en la galería que quizá no se exhiba en la feria. Y más shows en ARCO. El «NO» de Santiago Sierra a la exministra Sinde (o sea, su negativa a recibir el premio Nacional de Artes Plásticas) se ha convertido en una obra de arte que cuelga en PrometeoGallery. La carta que le envió rechazando el premio aparece enmarcada lujosamente. Ya ven. Descubrimientos hay, para todos los gustos.