Annette Bening «Cuando trabajo, siempre me siento insegura»

Annette Bening está nominada al Oscar por su papel en «Los chicos están bien», que hoy se estrena en España

LOS ÁNGELES Actualizado:

Si los títulos de nobleza existieran en Hollywood, Annette Bening debería llevar la corona desde hace tiempo. Más allá de pertenecer a la «realeza» del cine, teniendo como esposo a Warren Beatty y una cuñada como Shirley MacLaine, Bening ha demostrado sus cualidades en cada una de las películas que ha interpretado.

—Hay quienes dicen que este año debería ganar finalmente el Oscar por «Los chicos están bien».

—Yo me enamoré de ese personaje, me parece una persona normal y me encanta que sea tan difícil. Se equivoca en la forma que maneja ciertas cosas, pero es un ser humano. Y para mí, todos los personajes son así. Tienen algo específico, parece que los conoces como personas.

—¿Tener el Oscar es una meta por cumplir o ya alcanzó todo lo que se había propuesto en su carrera?

—Siento que tengo mucha suerte. De verdad. Yo solo quería ser actriz de teatro, nada más. Y pude lograrlo enseguida, cuando empezaba. Fui a un conservatorio, estuve en una compañía de repertorio... mi heroína era Eva LeGallienne, que es una actriz de teatro grandiosa que creó su propia compañía y escribió autobiografías muy graciosas. Mi sueño era subirme a un escenario. La única actriz de cine que idolatraba era Julie Andrews, porque la había visto en «The Sound of Music». Tampoco iba demasiado al cine. Me había enamorado del teatro después de ver una obra de Shakespeare, justo antes de la escuela secundaria. Me llevó demasiado tiempo sentir que era actriz de cine. Durante mucho tiempo, sentí que era una actriz de teatro que pretendía ser una actriz de cine. No me sentía cómoda en un estudio. Sonaba raro estar tan cerca de la cámara, hablando tan despacio. Y ahora lo amo, me encanta trabajar delante de una cámara. Me siento muy afortunada. Amo lo que hago y tampoco trabajo demasiado, así que puedo ir y disfrutarlo por completo, porque a veces también es bueno salir de casa.

—¿Cuándo dejó de sentirse incómoda con el cine?

—Ya había trabajado con Milos Forman en mi segunda película y él me enseñó demasiado sobre ese estilo de actuación, con solo decir «no, no, no, no». Era la película «Valmont» y todos teníamos trajes de época. Me enseñó mucho. Para cuando llegó la película «The Grifters», tuve momentos donde aprendí a amar la cámara. Especialmente ahora, que todavía hago teatro, aprecio la cámara que está ahí al lado, sin tener que trabajar para que me escuchen porque la atención me llega a mí. Es como si tuviera que invitarla, en vez de sentir que tengo que buscarla.

—¿Cuál es su mayor temor?

—Nunca se lo diría. Ese es mi mayor miedo, exponerlo al mundo entero.

—¿Ya no se pone nerviosa antes del primer día en una nueva película?

—Yo siempre me siento insegura cuando trabajo. Me acuerdo cuando estaba empezando. En las primeras películas que hice con Mike Nichols me ponía demasiado nerviosa cuando llegaba al estudio y Harrison Ford era la gran estrella. Y, a medida que pasa el tiempo, sigo sintiéndome igual, porque con la actuación en el cine no importa que yo sepa lo que tengo que hacer, no importa cuándo esté lista. Necesito estar preparada cuando las luces estén en su lugar, cuando sea la hora. Y en el momento en que dicen «Acción» se siente la presión, es la única oportunidad que te dan. El cine es como encender velas dentro de una botella. Y siempre trato de sorprender, aunque parezca ridículo que pueda lograrlo, trato de buscar lo inesperado. Y de ahí vienen los nervios, pero se aprende a vivir así. Siempre hay que seguir adelante.