Alma de blues
La cantante, durante un concierto en el festival de Somerset (Reino Unido) en 2008 - REUTERS

Alma de blues

Conocida por el gran público por sus escándalos, Amy Winehouse tenía una prometedora carrera ahora truncada

MADRID Actualizado:

Para el gran público, Amy Winehouse era sobre todo un escándalo viviente, una mujer cuya colección de excesos de todo género le venían conduciendo desde hace años a los titulares de las primeras páginas de los tabloides británicos, y también, de paso, a los del resto del planeta. Esos mismos excesos han hecho de ella una de las terribles noticias de este momento, en el que su prometedora carrera se ha visto truncada de manera repentina y, a pesar de todo, inesperada. Bien es cierto que esa carrera avanzaba con desesperante lentitud, pero no lo es menos que aún cabía esperar de ella cosas notables a juzgar, sobre todo, por su esplendoroso segundo disco, «Back To Black».

Hija de un taxista aficionado al jazz y a los discos de Frank Sinatra, Amy se sintió tentada desde muy pronto por el mundo del espectáculo, haciendo sus primeros pinitos cuando aún no contaba más allá de diez primaveras. Fue entonces cuando fundó el grupo de rap Sweet'n Sour e ingresó en una escuela de teatro, de la que fue expulsada por mal comportamiento y falta de aplicación. Genio y figura. No será hasta los diecinueve años que consiga su primer contrato discográfico.

En octubre de 2003, la multinacional Universal lanza «Frank», el disco de debut de una veinteañera de poderosa voz y rotunda personalidad que propone un sugestivo soplo de aire fresco en el un tanto adormilado panorama musical británico de la época. El disco, producido por el especialista en rhythm and blues, jazz y hip hop Salaam Remi, obtiene una moderada pero mayoritariamente positiva respuesta de la crítica, que ve en Winehouse —intérprete pero también compositora de buena parte del material incluido en el álbum— no tanto una sólida realidad como una atractiva promesa.

Una carrera fulgurante

«Frank» fue un comienzo más o menos alentador, pero carece de canciones verdaderamente consistentes. Ella misma criticó algunas decisiones impuestas por su discográfica a propósito de algunas de las canciones y ciertos aspectos del trabajo de producción y mezcla. De cualquiera manera, una potente campaña promocional y la arrolladora presencia de la artista logran que el disco se venda razonablemente y que su nombre figure en algunos de los festivales más sobresalientes del calendario musical británico, como, en particular, el de Glastombury.

Para su siguiente entrega, las influencias de Amy Winehouse se afianzaron, concentrándose en el más clásico soul americano de los sesenta, el sonido Motown y, especialmente, los grupos de chicas producidos por Phil Spector. Además, su talento como compositora avanza notablemente, registrando un repertorio también mucho más consistente. La producción, que cuenta nuevamente con Salaam Remi, pero también con Mark Jonson, más cercano al circuito pop británico del momento, es también más acertada, capturando el aroma añejo de las producciones de los 60 pero evitando un mero ejercicio revivalista.

El resultado es un gran disco de pop atemporal, lleno de reconocibles e indisimuladas influencias, pero cuajado también de grandes canciones interpretadas con sobradas dosis de intensidad, sensibilidad y credibilidad.

El primer sencillo arrasa en las listas británicas y, poco después, en las de medio planeta. «Rehab», una irresistible melodía de pegada inmediata, convierte a su protagonista en una de las sensaciones del momento.

El álbum recibe muy buenas críticas y escala hasta el número 1 de las listas de éxitos en su país. Llueven los premios, arrasando en los Grammy de 2008, cuando ganó cinco de los seis a los que había sido nominada, destacando los de «mejor nueva artista», «mejor canción del año» y «mejor álbum pop del año».

Su popularidad sube a la misma velocidad que su lista de problemas. Su adicción al alcohol y diversas drogas, sus amistades más o menos peligrosas y sus conflictos con la justicia sitúan a Winehouse en el blanco de la prensa sensacionalista.

Obviamente, su carrera musical se resiente. Universal llega a amenazarla con despedirla, aunque también emite comunicados de apoyo a su artista y promesas de un inminente nuevo disco que, a pesar de diferentes rumores e informaciones acerca de diferentes trabajos de grabación, nunca llegó a completarse.