Yuri Grigorovich (a la derecha) da instrucciones a uno de los bailarines durante uno de los ensayos de «El lago de los cisnes». Epa

Yuri Grigorovich regresa al Teatro Bolshoi para celebrar sus 225 años

El Teatro Bolshoi de Moscú cumple 225 años y la dirección ha decidido celebrarlo a lo grande. Con una nueva puesta en escena de «El Lago de los Cisnes», se lanzó el viernes pasado el disparo de salida de un mes de festejos que culminará el próximo 28 de marzo, con un gran espectáculo de gala en el que se ofrecerán fragmentos con las mejores representaciones que han pasado por la emblemática sala.

MOSCÚ. Diego Merry del Val, corresponsal
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La representación de la obra maestra de Chaikovski significa en realidad, tal y como señalaba ayer la crítica, una verdadera «restauración» de la coreografía creada por Yuri Grigorovich, que fue sacada del repertorio hace ahora cuatro años. Dos años antes de esa fecha, y en medio de un gran escándalo, el polémico coreógrafo abandonaba el teatro Bolshoi, en el que desarrolló su creatividad durante los últimos 31 años. Muchos pensaban que su partida sería definitiva, pero no ha sido así. Su regreso, para hacerse cargo personalmente del reestreno de su coreografía, significa de hecho la rehabilitación de su obra y de su herencia. Para ello, el Bolshoi también ha desplegado a algunas de sus más grandes estrellas del baile, como Anastasia Volochkova, Andrei Uvarov y Nikolai Ziskaridse.

Como señalaba ayer la conocida crítica teatral Anastasia Kirilova, la destitución de Grigorovich tras diez años de luchas con la dirección del teatro fue acogida entre gran número de sus colegas como una «liberación de la tiranía». Grigorovich se había hecho famoso tanto por la originalidad de sus concepciones artísticas como por sus métodos «dictatoriales», que no lo hacían precisamente popular como persona en los círculos profesionales.

GRIGOROVICH, UN DIOS

Durante 31 años, Grigorovich fue como un dios para el Bolshoi. En ese plazo se las arregló para crear un personalísimo estilo coreográfico que ha quedado para siempre asociado a la imagen del ballet del Gran Teatro. Los ballets de Grigorovich son grandiosos espectáculos en tres actos, que demuestran un concepto de la dirección inconfundible. En ellos destacan tanto las amplísimas escenas protagonizadas por el cuerpo de baile como el alto nivel del trabajo de los solistas. Sin embargo, a diferencia de los coreógrafos occidentales clásicos, Grigorovich nunca fue capaz de poner en escena tres espectáculos por temporada. En sus 31 años de trabajo en el Bolshoi solamente produjo doce ballets.

La falta de nuevas puestas en escena originales obligó a la dirección del teatro a volver los ojos hacia la vieja estrella de la coreografía, que durante los últimos años desarrolló su trabajo en Tbilisi (Georgia ) y también en Estambul, Praga, Florencia y Roma. El tiempo le dio la razón a Grigorovich, pues durante su ausencia el ballet perdió parte de su anterior brillantez, lo cual se notó especialmente a la hora de competir en la escena internacional. Aunque por el momento su contrato con el teatro se limita a la representación de «El Lago de los Cisnes», se da prácticamente por hecho que el regreso de Grigorovich significa que vuelve a hacerse con el timón del ballet del Bolshoi para esta nueva etapa. Una etapa que se anuncia dura por las dificultades económicas que vive el teatro, pero que será rica en creatividad, como siempre ha sido.