Dos volúmenes recuperan la poesía y prosa vanguardista de Antonio Espina

Desde su prosa escogida a la biografía novelada de Luis Candelas. Desde su poesía dispersa al conspicuo ensayo y artículo periodístico, Antonio Espina emerge como un auténtico «animal literario», que 30 años después de su muerte ve editada su obra casi completa por la Fundación BSCH. «Divagaciones», «Pájaro Pinto» o «Luna de copas»; Espina en estado puro.

MADRID. Antonio Astorga
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Antonio Espina atraía con su sonrisa perorante, descreída y turbadora. Ramón Gómez de la Serna lo dibujaba así y lo esperaba todas las noches de los sábados como a uno de los más puros y entendidos personajes de Pombo, de los que pueden tomar parte en todas las sonrisas, «cosa que es más verdadera y difícil que el tomar parte en todas las discusiones». José Ortega y Gasset le abrió de par en par las puertas de la «Revista de Occidente» y de su editorial. Juan Ramón Jiménez, que le editó en Biblioteca de Índice «Signario», veía al creador vanguardista como «una silueta paralela, compañera entintada, cojida del brazo, de la diluida sombra de Larra». Rafael Alberti le tributó el siguiente homenaje poético: «Equis, ¿qué hacer? ¿Nos vamos/sin más ni más y mudos de la escena?/Aunque es la primavera, ¿saludamos/a un público que sólo imaginamos,/a un inmóvil aplauso que no suena?/Toda la tarde es cartel./Todo el sol es redondel./Antonio Espina.Triste/la tierra que no habla de sus muertos/cuando el que ha muerto existe/y es campo en donde todo son desiertos.» Antonio Espina abanderó en el Periodismo y en la Literatura una responsabilidad ética conectada al lenguaje vanguardista, explica Gloria Rey en la introducción.

SUMO HACEDOR

Espina intentó transplantar a la Literatura el «realismo incorpóreo del cinema». En su obra juega con impresiones de tipo visual que remiten a las técnicas del séptimo arte. Espina se diluye y se convierte en galán literario de cine. Su ironía proyecta una amarga visión del mundo y de la realidad. Se siente cautivado por la estética y su ideal era que la vanguardia debía servir para cambiar el mundo y el hombre. Espina preconiza las vanguardias pero con un sentido crítico de la realidad. Antonio Espina ha sido figura señera de una generación que «ostentó el lema de la alegría y la confianza» pero que a su vez fue la generación más dramática en destinos individuales. Colaboró en los grandes medios de la época y entre ellos ABC, donde firmó con su nombre y con el pseudónimo de Simón de Atocha entre los años 1958 y 1963. Aquí dejó sus mejores páginas, los rasgos más finos e ingeniosos de su estilo.Entre la prosa escogida que se edita emerge un delicioso cuento infantil —«El doctor Infausto»— que Espinas arrancó así: «Parece ser que a causa de algunas diferencias surgidas en el Paraíso entre las parejas Fausto-Margarita y Romeo-Julieta, motivadas, según malas lenguas, por chismecillos de mujeres y celillos de hombres, el Sumo Hacedor, para castigar a los perturbadores amantes de Weimar, ordenóles encarnar de nuevo y volver a la tierra. Y Fausto y Margarita, juvenilmente animosos, tornaron al mundo, creyendo poder reanudar en él su antigua vida de amor y poesía».