Hernán Cortés
Hernán Cortés

¿Debe España conmemorar a Hernán Cortés y a Elcano? Hablan los historiadores

Tras las dificultades del Gobierno para recordar las grandes gestas de la Monarquía Hispánica en 1519, ABC recopila las reflexiones de expertos de ambos lados del Atlántico

MadridActualizado:

En las últimas semanas ha quedado patente qué difícil resulta para el Gobierno abordar con estrategia y ambición la conmemoración de los grandes hechos que la Monarquía Hispánica protagonizó en 1519, un año decisivo. Conocer mejor las implicaciones del viaje de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, o las complejidades del reencuentro entre dos mundos que también fue la conquista de México, ayudarían enormemente a la España de hoy a superar inseguridades y problemas de identidad, aclarar manipulaciones históricas y evitar tergiversaciones, y supondrían una inyección de autoestima que no puede hacernos mal.

La falta de actos que recuerdenla llegada de Hernán Cortés a Veracruz en abril de 1519 se saldó con una declaración del ministro de Cultura, José Guirao, preocupado por si el tema molesta en México. Pero no es así: en México habrá este año congresos internacionales (fue el «inicio de muchos cambios y mecanismos de conexión entre distintos pueblos del mundo», se dice en el más importante de ellos), debates, nuevas publicaciones y proyectos arqueológicos oficiales que abordan sin problemas ni complejos el quinto centenario de aquellos hechos, del año en el que recibió su mayor impulso el mundo moderno tal y como lo conocemos. Roberto Junco, subdirector de Arqueología Subacuática del INAH, opina que «este año debemos celebrar el encuentro de dos mundos que se mezclan y dan origen al México actual, y más que pensar en interferencias podríamos acentuar que vale la pena indagar y conocer más sobre el tema para poder abordarlo desde maneras más sabias y menos obvias».

ABC ha preferido dar la palabra a los historiadores de ambas orillas del Atlántico, con el fin de ayudar a nuestros líderes a comprender la importancia de abordar este asunto de otra manera.

1. ¿Qué es lo que debemos celebrar y con qué fin?

2. Cuáles son los elementos que han interferido con nuestra relación con ese pasado que debemos superar para aprovechar todo lo positivo que nuestras sociedades pueden obtener al mirarse en aquellos orígenes.

3. Si quiere hacer algún comentario o señalar un aspecto fuera de esas dos cuestiones.

John Elliott

1. No es posible celebrar cada aniversario, y merece la pena recordar que se montó una maravillosa exposición con importantes préstamos de México, «itinerario de Hernán Cortés», en Madrid, en el Centro de Exposiciones Arte Canal, en 2014-15, cuyo enfoque fue el encuentro de dos civilizaciones, dando igual peso a las dos. No es posible ni deseable intentar repetir lo que ya está hecho. En cuanto a Magallanes me parece lamentable si hay gente en Portugal que no quieren reconocer la aportación de Elcano a la creación de un mundo gobalizado, pero ésto no es típico de lo mejor de la historiografía portuguesa actual, que en años recientes se ha dado cuenta de la necesidad de dejar atrás el viejo nacionalismo y  recuperar la constante interacción, para bien y para mal, de España y Portugal en la época moderna. 

2. Protestas en la prensa española no sirven para nada y sólo exacerban la situación. La única digna respuesta es presentar, en libros y exposiciones, la temprana época de la globalización como una hazaña auténticamente ibérica en una época en la cual, a pesar de los inevitables puntos de rivalidad entre los reinos de Castilla y Portugal, los lazos dinásticos entre sus casas reales fueron estrechas, y los aventureros, sea un Colón o un Magallanes, lógicamente buscaban apoyo en Lisboa o Sevilla según la circunstancias y las posibidades de éxito en un momento determinado.

Manuel Lucena Giraldo

1. Lo primero que hay que celebrar es la experiencia humana de la cual los españoles somos herederos y depositarios. Estamos rodeados de increíble belleza en los paisajes culturales de nuestros campos y ciudades. La epopeya global del ser humano ha pasado por nuestra península y habita en lo que somos. Celebrar quiere decir organizar una fiesta, es un rito de paso. Hemos llegado hasta aquí y vamos a perdurar en el futuro. Además es nuestro derecho cívico democrático. Es lamentable que nos nieguen como españoles la posibilidad de recordar nuestra historia y nos (mal)traten de este modo.

2. La ignorancia supina, el folclorismo romántico, la autocolonización de las mentes y los espíritus, la falta de respeto a los educadores, la vagancia y el colegueo tóxico de los caciques que dicen ir de alternativos.

3. Fuera de nuestro país resulta imposible de explicar la dejación sobre nuestra cultura, patrimonio  e historia común habida en las últimas dos décadas. Traerá consecuencias muy negativas. Pero creo que cada vez más personas de la sociedad civil no se conforman y emprenden caminos para hacerse parte de la comunidad emocional llamada España.

Jorge Cañizares Esguerra

1.No es un problema de «celebración» sino uno de interpretación. ¿Qué pasó? La retórica de la celebración es tan pecaminosa como la del olvido. Celebrar el colapso demográfico y político y cultural de un continente no tiene sentido. Entender el origen de la «modernidad» sí. Lo que la circunnavegación de Magallanes/El Cano y la conquista de Cortés generan es un proceso americano-continental y transoceánico (atlántico y pacifico) que transformará el mundo, para bien o para mal. El uso de estos episodios para denigrar o para celebrar no han hecho nada más que ofuscar. El llamado mundo «occidental» fue una co-creación global que comenzó en las costas de Yucatán y de Cebú. Atribuir a España algo que fue tanto o más americano y filipino no tiene sentido. Las tripulaciones de Legazpi y Urdaneta que hicieron posible la conquista de Filipinas fueron predominantemente tlaxcaltecas y purépechas.  Urdaneta descubrió nuevas versiones de la física y meteorología de Aristóteles, y por tanto la naturaleza de las corrientes marítimas del Pacífico que hicieron posible el retorno de Cebú a Acapulco, en la nueva universidad real de México, no en Salamanca.

 2. Nuevamente, extraer prescripciones de este pasado en particular (más de Cortés, algo menos de Magallanes/Elcano) no nos ayuda a entender. Lo que las Españas (incluida Cataluña) necesita ahora no es un vademécum moral sino explicarse la longevidad de la monarquía global que empresarios como Cortés y Magallanes inician: la naturaleza de las instituciones que la hicieron posibles. Una de esas instituciones fue la naturaleza pasiva del estado que permitió, en el caso americano, un proceso de participación y co-creacion masiva y violenta de nuevas instituciones, conocimientos, tecnologías desde los “margines”, de arriba para abajo, no de abajo para arriba. Fue un estado no omnisciente y panóptico, sino ignorante, ciego y dependiente, cuyos oidores y veedores fueron indígenas, esclavos, mujeres, tanto como frailes, virreyes, mercaderes, y encomenderos. Fue un estado de «papel», en el que la legitimidad real, virreinal y local se basó en la circulación de peticiones escritas y de burocracias que debieron no solo prescribir sino escuchar. Las quejas se convertirán en cientos de miles de cédulas, mandamientos y ordenanzas a base del cabildeo. Es en la retórica de las peticiones el cabildeo y en el pragmatismo y la instrumentalización de la razón, no en una sola versión de la verdad, donde nuevas leyes, instituciones, y categorías emergieron. El laboratorio americano y asiático (Filipinas) tiene mucho que enseñarles a las Españas hoy. Para comenzar: que son muchas, no una.

Pilar Gonzalbo Aizpuru

1. No lo consideramos motivo de celebración sino de conmemoración.

2. Es inadecuado aplicar nuestros modernos conceptos de derechos humanos, convivencia, democracia, respeto a las diferencias… como si hubieran existido en el siglo XVI.  La mirada anacrónica impide conocer la trascendencia de los acontecimientos del pasado.

3. Los dos continentes se habrían conocido mutuamente en cualquier momento y no hay nada que lamentar ni a nadie que culpar, como no culpamos a nadie de los desastres naturales, pero sí a quienes pueden paliar sus consecuencias mediante la prevención de sus daños. Nadie imagina ni desea una vuelta al pasado que se supone inmóvil en señoríos y cacicazgos limitados en su capacidad de hacer daño, pero también en la de proporcionar algunas libertades y de generar productos e inventos que proporcionen bienestar. Lamentamos las injusticias que se padecieron a causa de una convivencia desigual y queremos promover la eliminación de prejuicios basados en distinciones arbitrarias y sustentados en formas de ejercer el poder, económico, político y social, como si no hubiéramos aprendido nada de la historia.

Enriqueta Vila

1. Todo lo que enaltezca nuestros valores como país y nuestra Historia es un buen elemento. A partir de este año y todos los venideros se van a suceder una serie de conmemoraciones en relación con la presencia española en América y la de América en nuestro país y en el mundo occidental, que sería imperdonable no aprovecharlas para mostrar bien la Historia. Por una parte y por otra. Este año se conmemora el V Centenario de la primera Vuelta al mundo y el desembarco de Cortés en Veracruz, iniciando de esta maneta la ocupación de grandes territorios desconocidos para los occidentales y la fundación y refundación de muchas e importantes ciudades, así como un comercio a larga distancia que revolucionaria la economía. El mundo comienza a cambiar en los dos continentes en todos los sentidos y sería una torpeza no aprovecharlo para mostrar la historia de ambas partes y establecer un debate en profundidad sobre nuestro pasado común. A partir del año veintiuno comenzarán las conmemoraciones de las Independencias americanas y también habrá que conmemorarlas como el acontecimiento se merece.

2. El sectarismo y los complejos absurdos que tienen muchos españoles sobre nuestro pasado. El miedo a contar la historia como los documentos nos la muestran y no como han querido otras potencias interpretarlos u ocultarlos. Hoy leo en las páginas de este diario que la Universidad católica de Notre Dame cubrirá un tapiz que representa la llegada de Colón, después de su primer viaje, a la corte de los RR.CC. porque puede resultar «denigrante para los indios». Pero no hablan del resultado de aquella visita en la que la reina Isabel prohibió su esclavitud. ¿No se le ocurre a la Iglesia Católica ocultar nada de las atrocidades que hizo Vasco de Gama en el Índico con unas sociedades mucho más desarrolladas? ¿O es que la epopeya de Camoens lo ha borrado? ¿Y las estatuas de los emperadores romanos que a tantos pueblos sometieron? Me parece incomprensible.

Jesús Torrecilla

1. Para tener una visión más ponderada de nuestra historia, es necesario que los españoles superemos la fragmentación identitaria que arrastramos desde principios del XIX y que ha ocasionado la escritura de visiones incompatibles de nuestro pasado. Izquierdas, derechas y nacionalismos periféricos debemos entender que la negociación de un futuro común, abandonando posiciones extremas, nos interesa a todos. Y que esa negociación debe extenderse también a la escritura de la historia. Es necesario también que los latinoamericanos comprendan que la historia de la conquista y colonización de América no se reduce a un enfrentamiento de españoles contra indígenas, sino que es mucho más rica y compleja. Sus antepasados desempeñaron un papel decisivo en la conquista y colonización del denominado Nuevo Mundo, por lo que el Imperio español es tan suyo como nuestro. Sabemos, por ejemplo, el importante papel jugado por los tlaxcaltecas en la derrota de los aztecas. Menos conocido es que una ciudad como Los Ángeles fue fundada por veintidós adultos, de los que solo uno era español. El resto eran indígenas, mestizos, negros, mulatos y criollos. Y no se trata en absoluto de un caso excepcional. La historia de América Latina es una historia de conflictos y brutalidades, pero también de colaboración (con todas las tensiones que se quiera) entre los distintos grupos étnicos que la componen. Proponer una historia de europeos contra indígenas es falso y, de hecho, injusto con la población latinoamericana (de origen europeo y no-europeo), que desempeñó un papel decisivo en la creación y expansión del denominado Imperio español.

Fernando R. de la Flor

1. Los homenajes, los centenarios, las celebraciones constituyen medios por los cuales la historia transcurrida se abre paso hacia nuestro presente. Suponen una verdadera expansión hacia el inconsciente colectivo de lo que los historiadores categorializan. Hay que arraigar en este imaginario una idea de comunidad que se desenvuelve en la historia. En nuestro país, a riesgo siempre de desmemoria y de olvidos, se debe celebrar la complejidad de lo hasta aquí transcurrido, tanto los sucesos de índole técnica (lo que se propone sobre Magallanes), como aquellos otros que se abren a una pluralidad de significados (la conquista del imperio azteca, por ejemplo). Todo en orden a configurar una cierta identidad nacional, siempre en discusión entre nosotros.

2. Creo firmemente que son las desvaloraciones de presente –las habidas en los sucesivos presentes–, las que, malinterpretando la historia transcurrida de España, se han interpuesto en la captación de lo que el «sistema español», el modo propio que la política hispana ha venido representando en un tiempo que, para el imaginario colectivo, se ha vuelto remoto y, en muchos casos, hasta rechazable. No se trata en ningún caso de «superar», sino de asumir que ese pasado es el fundacional, constituye el único disponible. Por lo tanto hay que conocerlo, profundizar en él, traerlo de continuo a nuestro presente, y, quizá, hasta amarlo, comprendiendo su tragicidad implícita.

José Enrique Ruiz-Domènec

1. La historia que celebra, la historia conmemorativa que decía Nietzsche es la menos rigurosa de las formas de hacer historia. Hay que recuperar el pasado en forma narrativa, darle el sentido de la complejidad del comportamiento humano, ver sus luces y sombras al mismo tiempo. El historiador no debe juzgar, solo exponer una situación, un acontecimiento, un personaje para crear la iluminación de una época para el publico que necesito de este acercamiento riguroso y serio de los auténticos profesionales. Si pensamos en 1519 vemos el mundo que se ha abierto a un horizonte atlántico con la misma intensidad que en 1219 se abrió a un horizonte abierto que conducía a Asia Central. Los encuentros y desencuentros entre civilizaciones es un rasgo del devenir de la historia y debemos prestarle una atención especial, convencidos que un mejor conocimiento del pasado alumbre un futuro más prometedor. 

2. La mala historia se apoderó del discurso nacionalista en el siglo XIX como un ejercicio de presentismo, mirar el pasado con los valores del presente. Así no se entiende nada, solo se utiliza acontecimientos que ocurrieron para legitimar o su contrario censurar actuaciones. Una tarea más propia de la política que de la historia. Debemos apostar por una narración ecuánime que atienda a los documentos conservados y a una metodología de rigor ajena a los sistemas de valores en la que se ubique. Una narración que no vuelva a conculcar el acercamiento certero por el deseo de convertir el pasado en un ejercicio justificativo del presente. Asi se han creado estereotipos que han hecho mucho daño a la sociedad, por ejemplo el de la oscura Edad Media, justificación hoy de una pésima literatura y de una no mejor recreación fílmica en cine y televisión 

3. La buena historia, que la hay y en gran medida, debe ser el primer deber de un ciudadano comprometido y critico. Sin conocer bien el pasado es imposible construir un futuro prometedor. Las mentiras sobre la historia conducen a las más atroces situaciones en la sociedad actual.

Chema González Ochoa

1. Creo que el objetivo de las dos celebraciones del V Centenario debe ser dejar hablar a los historiadores e investigadores, al margen de cualquier intención política de partido o de país.  Ambas efemérides deben ser aprovechadas para que se dé a conocer la última historiografía al respecto, y servir para romper los viejos estereotipos y las verdades cansadas que todavía perduran. Hay que contar nuevas historias desde las nuevas perspectivas de investigación que se han ido desarrollando en las últimas décadas y tener una visión más global y menos nacional. Además es una oportunidad para que la comunidad científica establezca nuevos puentes y redes para compartir el conocimiento y las investigaciones. Es también el momento de divulgar con rigor y en profundidad, es la excusa para llegar a más público, para interesarlo por la historia de España y por la historia común con América y México (y con Portugal, hay que tender puentes en vez de entrar en dialécticas). Y es el momento de dar a conocer una gesta náutica jamás superada que sirvió para conectar por primera vez a todos los pueblos de la humanidad y comenzar la historia común. 

2. Entre diversos factores, considero que un problema ha sido que las historia nacionales a partir de las independencias han reformulado una historia de su pasado para su conveniencia y pervivencia. Y por su parte en España hemos permitido que desde fuera nos crearan el relato de nuestra historia. Ha habido una dejadez investigadora, que se ha ido supliendo en los últimos años, pero nos ha faltado la publicación y la divulgación. Además de cierto sentido de culpa y complejo provocado en parte por lo anterior, y por excesos interpretativos y reduccionistas, como por ejemplo la leyenda negra vs. la leyenda rosa…. 

3. Celebro la labor investigadora y de divulgación que está haciendo el periódico ABC. Esta encuesta es una muestra más de su preocupación e interés.

Agustín Rodríguez González

1. Todas las aportaciones españolas a la Ciencia (Descubrimientos, Navegación y Cartografía, Medicina, inventores y científicos desde Cajal y Severo Ochoa a Celestino Mutis y Jerónimo de Ayanz, etc), a la Cultura, desde los grandes creadores artísticos y literarios a las Universidades americanas y Filipinas, Políticas y sociales, desde la Constitución de Cádiz a las Leyes de Indias, y  otras muchas cosas más, que bien son conmemoradas en otras naciones europeas y occidentales, aunque a menudo han sido menos importantes en la Historia Mundial. También, y porque no, los éxitos militares decisivos o notables.

2. Indudablemente la «Leyenda Negra» desde el siglo XVI, continuada por una evidente colonización cultural francesa desde el siglo XVIII, y luego la posterior anglosajona. Todo ello ha provocado una crisis de identidad nacional que ha confundido el progreso necesario con la negación de estas realizaciones, ignorándolas o minusvalorándolas, con consecuencias desastrosas para nuestra autoestima como pueblo y como cultura, tanto en España como en los países que contribuyó a conformar, esperándolo todo de un nebuloso futuro inspirado en experiencias de otros pueblos que, en muchos casos son muy inferiores a las de los españoles o muy discutibles. O han puesto en peligro la convivencia interna soñando con alternativas quiméricas, porque después de tan negra visión de lo español y de lo hispano, ¿ quien quiere seguir siéndolo ? .

3. Y lo primero para destruir a una persona, a un pueblo o a una cultura es destruir su autoestima. Debemos ser críticos con nuestro pasado, por supuesto, y rectificar y mejorar muchas cosas, pero nuestro pasado es nuestra identidad, pues el presente es fugaz y el futuro no lo conoce nadie. Que una cosa es la autocrítica y otra la descalificación global, tan rechazada universalmente para otros pueblos y culturas. 

Luis Español

1. Debemos celebrar el nacimiento de la Hispanidad. Una realidad de 500 millones de personas que usan la lengua española y son culturamente hispánicos. España no existe al margen de América. Debemos celebrar también el Descubrimiento, que es mucho más que la Conquista. El Descubrimiento prosigue todavía, es el encuentro con el Otro. La Hispanidad es la mayor extensión de Occidente en el tiempo y en el espacio. El fin consiste en educar de cara al futuro, olvidando cadenas que lastran el pasado, apostando por aprovechar una gran lengua como el español y una gran supernación como la Hispanidad.

2. La Leyenda Negra, el antihispanismo y el anticatolicismo. La Hispanidad ha sido capaz de lograr lo que le ha resultado difícil a otras culturas, la integración del Otro. Es una sociedad multirracial, cristiana y positiva.

3. La Hispanidad es un éxito inmenso dominado, sin embargo, por un no menos inmenso fracaso político bisecular. La falta de liderazgo de una España condenada a la mediocridad por el antiespañolismo de la izquierda y el veneno separatista, la ausencia de un proyecto hispánico común, el sesgo masoquista de sociedades que llevan doscientos años celebrando como un éxito no sólo su independencia respecto de España sino sus absurdas fronteras y sus no menos absurdos ejércitos… Hemos pasado del México donde se fabricaban pianos en Durango que eran mejores que los de Europa (Humbold dixit) a un México dominado por los cárteles, un estado fallido incapaz de vigilar sus fronteras. La Hispanidad puede desaparecer. Ocurrió en Filipinas donde lo español ha desaparecido ante la imposición del inglés.  Tenemos que pensar en una sociedad común bilingüe, en la que se integre una Hispanidad en que las élites hablan inglés con unos Estados Unidos y un Canadá angloparlantes donde hay millones de hispanos. El muro de Trump es la última de las estupideces, es la apuesta por el fracaso.

Antonio Espino

1. Con respecto a la primera pregunta, deberíamos celebrar el inicio de la globalización, de una primera globalización. Ahora bien, no hay que ocultar que esos viajes exploratorios y esas iniciativas conquistadoras llevaron a la tragedia a los grupos humanos autóctonos. Toda, o casi toda, expansión humana tuvo como consecuencia la apertura de una época de excesos. Todos los imperialismos fueron, por definición, agresivos. Y el español no lo fue menos en América y en Asia.  Fue un imperialismo como otro cualquiera.

2. Con respecto a la segunda pregunta, diría que el uso y el abuso de la Historia en el caso de la conquista y colonización de América ha sido terrible. Nunca se asumieron los excesos cometidos en la invasión de los territorios americanos, y la sociedad española recibió una historia edulcorada sobre todo lo sucedido. Así las cosas, la imagen de la conquista hispana que aún triunfa es heredera directa de la época franquista. Por eso hay que aplaudir todas las iniciativas, como la presente, para replantearse el pasado y abrir el debate a la sociedad.

Fernando García de Cortázar

1. 1519 es un momento estelar de la historia universal. La aventura de Hernán Cortés y la odisea de Elcano y Magallanes cambiaron la historia de Europa y América y dieron al mundo occidental una proyección y una dinámica que hasta entonces no tenía y, andando el tiempo, impondrían una configuración diferente al planeta entero. Como dijera Carlos Fuentes, la conquista del imperio azteca es una de las grandes epopeyas de todos los tiempos y Hernán Cortés una de las grandes figuras del Renacimiento. Por su parte, el viaje de Elcano y Magallanes cambió el mundo de manera más decisiva que todas las guerras y todos los tratados. Porque si Colón conectó dos mundos separados que se desconocían entre sí, Magallanes y Elcano confirmaron el más atrevido pensamiento de su época: la Tierra era una esfera y podía circunnavegarse.

2. Decía Conrad que ninguna conquista de la historia resulta agradable cuando se la mira de cerca. Y no hay duda de que la conquista de México fue una gesta asombrosa en la que se cometieron brutalidades que hoy nos abruman y horrorizan. Pero para ser justos hemos de situarla en su momento histórico y ver que, a diferencia de otras, que no fueron menos feroces, dejó una gran huella positiva en el país conquistado. Por otra parte, no podemos olvidar que todo mexicano de nuestros días, no importa qué apellido tenga ni cual sea su color de piel, es hijo de aquella epopeya.

3. Es preciso recordar que hay mucho que recordar. No podemos olvidar que el descubrimiento, conquista y colonización de América dejó una sociedad que, con variantes propias, es una nueva versión de la cultura occidental, heredera de un vasto legado espiritual e intelectual, y sobre todo, una lengua en la que los hispanoamericanos pueden comunicarse entre ellos y también a través del Atlántico. Olvidar que con Hernán Cortés llegó a México Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, la universidad, la imprenta, Fernando de Rojas, Garcilaso, Fray Luis de León… y centrarse exclusivamente en la cara violenta de la conquista es sumamente injusto. Tan injusto y absurdo como si al tratar de la Grecia Clásica nos centrásemos exclusivamente en la esclavitud o como si al hablar de la Inglaterra moderna nos refiriéramos tan sólo al tráfico de esclavos, la piratería o la persecución contra los católicos.

Mari Carmen Martín Rubio

1. Con la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano se empezó a conocer cómo era nuestro mundo: se supo que la Tierra era redonda y que navegando por el Océano Atlántico se podía llegar al recién descubierto Mar del Sur o Pacífico. A partir de entonces se fomentaron las comunicaciones y ello permitió comerciar con los lejanos terretorios recién descubiertos por Cristóbal Colón e introducir la floreciente cultura del Renacimiento.   

2. Debemos superar el complejo que sobre la colonización de América nos ha creado la leyenda negra establecida por los monarcas ingleses, franceses y holandeses al ver que perdían el momopolio comercial europeo y que no podían entrar en el comercio americano. Debemos recordar, entre otras muchas acciones positivas que, al unirse los  españoles y españolas que llegaron al Nuevo Mundo con los indígenas, surgieron nuevos países mestizos. También debemos recoradar que para los gobernantes hispanos, según se constata en las Leyes Nuevas de Indias de 1542, el primer habeas corpus del mundo en favor de los desfavorecidos,  los aborígenes americanos tuvieron los mismos derechos que los ciudadanos nacidos en España; que muy pronto se fundaron colegios y sobre 1550 las universidades de Santo Domingo y Lima.  Nada de esto ha hecho ningún otro país colonizador.

Iván Vélez

1. Debemos celebrar un hecho trascendental. La llegada, primero a las playas hasta las que llegaba el poder de Moctezuma y más tarde a Tenochtitlan, de unos cientos de españoles capitaneados por Hernán Cortés, alteró decisivamente la realidad del Anáhuac. La política de alianzas que Cortés estableció con los pueblos dominados por los mexicas permitió, sobre todo después del cruento final de 1521, la caída del poder mexica y la implantación de las instituciones hispanas que precedieron al Virreinato de la Nueva España, sobre el que se asienta la actual nación mexicana. Si esto ocurrió en el Nuevo Mundo, España y toda Europa también se transformaron con la expansión continental americana llevada cabo por los diversos, unos con más éxito y talento que otros, émulos de Cortés.

2. Si se analiza la evolución de la imagen de Cortés a lo largo de los siglos, se observa que, de un hombre mitificado y comparado a los más grandes de la Antigüedad, se pasa a una figura netamente negrolegendaria, característica del Imperio español, tan repudiado por muchos. Sin embargo, la conquista de México y el orden político que le sucedió, sirvió para corregir algunos de los excesos cometidos en el Caribe, de los cuales Cortés era consciente. Con la llegada de la pax hispanica, cesaron también prácticas bárbaras como la antropofagia y los sacrificios humanos, y se comenzó a consolidar, a generar, en definitiva, una sociedad que tres siglos después adquirió su condición de nación política, del mismo modo que lo hizo España. Ambas naciones proceden del tronco común del Imperio español, en cuyo seno se produjo un gran aparato legislativo, culminado en la Controversia de Valladolid, en el que al indio se le dio una condición muy superior a la otorgada por los imperios depredadores coetáneos y posteriores.

3. Como toda fecha conmemorativa, considero que 2019 debería servir para debatir, a fondo y sin complejos, a propósito de la naturaleza del Imperio español y de sus efectos políticos e históricos. La realidad de una parte constitutiva del mundo actual, llamada Hispanidad, comenzó a fraguarse con la entrada al continente americano de unos barbudos capaces de manejar la cruz, la espada y la pluma.

Cristóbal Colón

1. Aunque el proyecto que Hernando de Magallanes propuso a Carlos I consistía en alcanzar las islas de las Especias (Molucas), al considerar que quedaban en la parte española marcada por el contrameridiano , el retorno por la vía de Poniente marcó un hito al completar la primera vuelta al mundo, algo que no estaba previsto. Por eso la hazaña tiene dos protagonistas. El primero es Magallanes, como originador e impulsor del proyecto y también como jefe al mando de la expedición. Él fue el descubridor del estrecho que lleva su nombre. Tras cruzar la vasta extensión del océano Pacífico, alcanzó las Filipinas, frente a las costas de Asia. Su muerte prematura en Mactán, determinó que el mando recayera en Juan Sebastián Elcano, quien retornaría con la «Victoria» a Sanlúcar de Barrameda siguiendo la derrota de los portugueses. La «Trinidad», bajo el mando de Espinosa, sería incapaz de retornar por la vía de Levante, cruzando de nuevo el Pacífico.

2. A España, como nación que creyó en el proyecto, lo financió y lo llevó a cabo, le corresponde el protagonismo principal, al igual que le ocurre con el Descubrimiento de América por mi antepasado. Por supuesto que es deseable  que Portugal participe en las celebraciones, como patria originaria de un navegante tan extraordinario como fue Hernando de Magallanes.

María Saavedra Inaraja

1. Hablamos de dos eventos históricos que, si bien coinciden en el tiempo, tienen motivaciones y consecuencias diferentes. Hernán Cortés, inmerso en el proceso de conquista y colonización iniciado tras los viajes de Colón, organiza una hueste militar con el objetivo de conquistar para la monarquía hispánica un territorio del recién descubierto Nuevo Mundo. Lo que hoy conocemos como México, en ese momento era un inmenso territorio habitado por pueblos que se encontraban sometidos a un potente estado, la confederación mexica o azteca. En 1519, Cortés era una militar al servicio de la Monarquía Hispánica, que quería participar en el proyecto nacional por el que se apostaba en ese momento: ganar un territorio hasta entonces desconocido (la Quarta Orbis Pars que los clásicos intuyeron) para su país, e integrarlo en la civilización cristiana y la cultura renacentista del momento. Y ese hecho, en aquel momento, era un servicio natural al estado. Además, Cortés poseía un carisma que le dotó del liderazgo necesario para embarcar a unos pocos centenares de españoles en una aventura que no contaba con garantías de éxito. Y ese mismo liderazgo fue el que logró para su causa el apoyo de miles de indígenas que estaban sometidos por la fuerza al imperio azteca, y que vieron en el castellano un aliado para zafarse del poder que los tenía sometidos militar y económicamente. Por otra parte, la expedición Magallanes-Elcano, española de principio a fin, fue posiblemente la mayor gesta náutica realizada hasta ese momento. De los cerca de 240 hombre que partieron, solo 18 de ellos, bajo el mando de Juan Sebastián Elcano tras la muerte de Magallanes, lograron culminar la primera vuelta al mundo. Por primera vez se demostraba empirícamente la esfericidad de  la tierra. Después de más de tres meses de luchar contra todo tipo de elementos que van desde adversidaddes climáticas hasta tensiones políticas con Portugal, pasando por motines, enfrentamientos con los habitantes de las islas en las que desembarcaban, hambre,escorbuto... la Nao Victoria regresaba a su origen, Sevilla, cargada de especias y, sobre todo, abriendo el paso a un infinito de conocimientos técnicos, cartográficos, etnográficos... Y todo ello se culminaba después de 1125 días de incierta navegación. Pero esos pocos tripulantes que parecían casi cadáveres andantes al llegar a Sevilla, acababan de conseguir uno de los grandes logros, de los que la entera humanidad debe estar orgullosa, ante la siempre sorprendente capacidad del ser humano de franquear límites que parecían imposibles.Y a España le corresponde, como nación que promovió aquella gesta, conocerla, celebrarla, y procurar que este legado sea comprendido y conmemorado por el resto del mundo. 

2. Lo más importante es conocer el contexto en el que se producen esos hitos históricos. Gobernantes del siglo XVI de potencias como Francia o Inglaterra, habrían dado lo que fuera para que la empresa hubiera sido protagonizada por militares o navegantes a su servicio. En aquel momento nadie se planteaba cuestiones éticas al nivel en el que hoy nos movemos, especialmente desde que contamos con la Carta de Derechos Humanos de 1948. Las naciones entendían como un bien la expansión territorial y la carga de conocimientos que se derivaba de aquellos viajes. Y desde ese punto de vista, España estuvo a la cabeza, y fue la referencia permanente durante los siguientes siglos de la Edad Moderna.