ABC  Viggo Mortensen,  en una  escena de la película de Cronenberg

Viggo Mortensen: «La violencia no es patrimonio de EEUU»

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SITGES. Después de dar vida a Aragorn en la trilogía de «El señor de los anillos» Viggo Mortensen se convirtió en una super-estrella. Curiosamente, el siguiente paso de la carrera del actor es meterse en la piel de Tom Stall, una reencarnación del tópico héroe americano, que no resulta ser quien todos esperaban que fuera. A ello contribuye el trabajo de David Cronenberg, un director de culto que da -otra vez- en la diana. Mortensen contestó en español (con fuerte acento argentino) a las preguntas de ABC en una suite del Hotel Gran Melià de Sitges, en el marco del festival donde presentaba la película.

-Parece usted disfrutar con los personajes ambiguos...

-Es que para mí todos los personajes son ambiguos, no me gustan los personajes planos o los que no me dicen nada. De hecho, siempre que me dan un personaje que es muy bueno y muy calmado y muy amable, empiezo a pensar qué tendrá de malo ese tipo, qué cosas terrible habrá hecho y cuál será su parte negativa.

-Entonces debe ser un placer interpretar a un personaje tan tridimensional como el de esta película, especialmente porque no son fáciles de encontrar en el Hollywood de hoy en día.

-Si, por supuesto, es un placer inmenso. Pero lo más importante es que aparte de ese personaje hay un gran guión, y detrás de ese guión un gran director, un hombre con una mirada diferente y muy preocupado por los matices. Yo me he encontrado con un montón de directores que por descuido o por torpeza eran absolutamente incapaces de entablar una relación así con sus actores. Así que es bonito encontrarte con alguien que se preocupa de eso.

-Como por ejemplo, que la violencia no sea un espectáculo circense sino algo muy seco y muy crudo...

-Es que lo me encanta de Cronenberg, que elimina cualquier tentación de adornarse con esos planos de explosiones y tiroteos. Él va al grano y creo que lo que ha dicho, eso de que la violencia en esta película es «seca», es la mejor manera de definirlo. Es la violencia real, no esa que disfrutas mirando porque te gusta el envoltorio. Creo que cuando uno mira la película no encuentra esa violencia entretenida o espectacular, sino, déjeme repetirlo una vez más, seca, y ciertamente desagradable.

-Es raro verle en una película como ésta después de su paso por «El señor de los anillos».

-Bueno, la verdad es que si no fuera por «El señor de los anillos» nunca habría tenido la oportunidad de trabajar con David (Cronenberg) y seguramente tampoco habría podido hacer «Alatriste» con Tano (Agustín Díaz Yanes), así que le estoy muy agradecido a la trilogía de los Anillos por permitirme hacer todo esto.

-Su llegada al proyecto no fue de inmediato.

-No, lo cierto es que cuando me enviaron el guión no me acababa de gustar, así que no mostré demasiado interés por hacerla. Después me enteré que la iba a dirigir Cronenberg y me reuní con él. La primera vez que hablamos me di cuenta de que iba a ser fácil encajar porque a los dos nos movían las mismas motivaciones y estábamos de acuerdo en los cambios que había que hacer en el guión.

-El propio Cronenberg ha contado que añadió las escenas de sexo que aparecen en el filme. ¿Cree que son importantes para la historia?

-Por supuesto, porque al final «Una historia de violencia» es más que cualquier otra cosa, la historia de una familia. Para entender esa historia hay que conocer esos detalles. Las relaciones de pareja son muchas veces demostraciones de fuerza, así que es imprescindible contar con todos los matices.

-¿Cómo fue el trabajo con Cronenberg?

-David es un director que trabaja mucho con los actores, con la mirada, con los gestos. Es un hombre extraordinariamente talentoso y al que le gusta mucho hablar con los actores. De hecho, en los dos meses que precedieron al rodaje hablé con él cada día y eso fue una manera de darme cuenta de la clase de director que es. Lo mejor es que yo siempre he sido un gran fan de su cine, así que en este tiempo de promoción, cuando comemos o cenamos juntos, o cuando me siento a su lado en el avión, me siento un tipo afortunado porque puedo preguntarle millones de cosas sobre sus películas, preguntas que todo el mundo querría hacerle. Es genial.

-Ha insistido usted por activa y por pasiva que esta película no era una metáfora sobre el estado actual de los Estados Unidos.

-Bueno, lo que he dicho exactamente es que ésta no es sólo una película sobre EE.UU., sino que es aplicable a cualquier parte del mundo. Lo que me parece absurdo es pensar que los estadounidenses tienen el patrimonio de la violencia. Es cierto, en EE.UU. hay muchas armas y muchísimos problemas, pero también hay problemas en España y en Francia, porque la violencia es algo intrínsecamente unido al ser humano, y a lo que por desgracia el ser humano está muy acostumbrado.

-Muchas personas desconocen que además de actor usted escribe y publica poesía, micro-relatos, pinta, esculpe... ¿Tiene tiempo de seguir con todas esas cosas?

-Pues es cada vez más complicado, pero lo hago siempre que puedo. Amo la vida y a la gente, y con eso en mente puedes inspirarte en cualquier lugar del mundo, así que eso es lo que intento. En cuanto a Perceval Press (su editorial) intento dedicarle el mayor tiempo posible, pero últimamente ha sido muy complicado.