El protagonista de «La vida es bella», Roberto Benigni, en un momento de la película ABC

«La vida es bella» abre este fin de semana la colección «Los Oscar», el mejor cine con ABC

El próximo domingo, los lectores de ABC podrán adquirir directamente, por sólo 475 pesetas más, «La vida es bella», el primer título de la colección «Los Oscar», una selección de doce títulos representativos del mejor cine de los últimos años, todos galardonados por la Academia de Hollywood. El extraordinario filme de Roberto Benigni logró tres de las preciadas estatuillas en 1999.

MADRID. ABC
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La película del año 1999 fue, sin lugar a dudas, «La vida es bella», una divertida, emocionante y, al tiempo, terrible fábula de Roberto Benigni, que aspiraba a siete Oscar y consiguió tres: mejor actor (Roberto Benigni), mejor filme en lengua no inglesa y mejor música original, firmada por Nicola Piovani. También logró el Goya a la mejor película extranjera y una impresionante catarata de galardones internacionales.

Roberto Benigni, que había trabajado con Federico Fellini en «Las voces de la Luna», es un actor con tendencia al histrionismo cómico, pero que hizo de ese exceso virtud a la hora de construir su personaje de Guido Orefice, el judío dueño de un sentido del humor absurdo y tierno que, en la Italia de finales de los años 30, vive una maravillosa historia de amor con una bella joven con la que se casa y tiene un hijo. Sus vidas darán un giro trágico cuando los nazis envían a Guido y al niño a un campo de concentración, donde el primero, para aislar a su hijo, dentro de lo posible, de la barbarie, la angustia y la incertidumbre de la situación por la que atraviesan, logra convencerle de que todo no es más que un juego y que las cosas que les pasan sólo son pruebas por las que van a acumular puntos para un gran premio final.

De esta forma, logra retratar toda la crudeza y el horror de los campos de exterminio del nazismo con una ternura y un humor que, paradójicamente, no sólo no restan un ápice de hondura a su película sino que sirven de contraste al espanto que narra.

Es una película redonda, que divierte y emociona, que entretiene y denuncia y que, por encima de todo, ofrece un mensaje de optimismo que se sobrepone al triste final. Un título imprescindible en cualquier videoteca. Uno de esos filmes enriquecidos por el paso de los años y de los que siempre se recuerdan.