«El viaje del emperador», una lección sobre la lucha por la vida

Actualizado:

ISABEL AGUILAR

MADRID. Allá donde la vida se pierde en un halo congelado que envuelve de blanco impoluto el paisaje, habita una especie animal sitiada por bloques de hielo y condenada a la más absoluta de las soledades. «El viaje del emperador» es un documental sobre la dura existencia de los pingüinos emperadores en la Antártida, una reproducción casi milimétrica del ciclo vital de estos anfibios y un hermoso homenaje a eso que con tanto empeño custodian todas las especies (salvo, en ocasiones, la humana): la vida.

El recién estrenado director francés, Luc Jacquet, ha apostado en su primera incursión en el mundo cinematográfico por un documental que tiene también mucho de película, ya que narra una historia y tiene un argumento con principio y final, aunque sus protagonistas no hayan cobrado por haber interpretado a la perfección el papel de su propio personaje. Un estremecedor relato fruto de más de un año de rodaje y 120 horas de grabación, necesarios para captar el peregrinaje de cientos de pingüinos desde el océano hasta el oamok, explanada helada donde se reúnen para iniciar el ritual de apareamiento y donde comienza una historia de amor que durará todo un año.

Estos nómadas deberán combatir gélidas tormentas y resistir una hambruna feroz para proteger la nueva vida que nacerá si las inclemencias lo permiten. Las constantes idas y venidas al océano tanto del pingüino hembra como del macho para abastecerse de alimentos que regurgitar luego a su pequeño constituyen los momentos más duros de la cinta, con un sufrimiento que roza lo humano y una resignación que en ocasiones lo supera.

Voces de Coronado y Verdú

Metidos en la piel del emperador por un día (tiempo que duró el doblaje), José Coronado y Maribel Verdú se encargan de poner voz a la pareja de pingüinos protagonistas, respetando los silencios y los momentos en los que la música de Émilie Simon acompaña magistralmente las imágenes más emotivas. Ambos actores se confiesan amantes de los animales, especialmente Verdú, quien asegura tener fijación con los pingüinos desde la infancia. «Yo he llorado con José -reconoce la actriz- porque verle tan grandote y fuerte y a la vez tan tierno y vulnerable interpretando al pingüino, me arrancó lágrimas de emoción».

Coronado sostiene que ««El viaje del emperador» es una lección preciosa para todos los públicos, una película que destaca más por su ternura que por su espectacularidad, lo que no significa que no sea espectacular».