Galeón en el Diccionario de Construcción Naval de Rafael Monleón
Galeón en el Diccionario de Construcción Naval de Rafael Monleón - ARCHIVO DEL MUSEO NAVAL

Vergüenza y oprobio de un Galeón de Indias

¿Qué se ha hecho estos años para evitar el saqueo? «Vuelva usted mañana», como dijo el gran Mariano José de Larra

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¿Dónde están las cabezas? La frase del conde-duque de Olivares, favorito de Felipe IV, resuena cuatro siglos después de que la pronunciara. El océano Pacífico todavía fue un «lago español» durante su largo gobierno, de 1622 a 1643. Algunos piratas y corsarios le dieron grandes disgustos. La mayoría de los capturados acabaron colgados de una cuerda, según era universal costumbre, tras oportuna confesión, para eterno descanso de sus almas de herejes.

No mucho después, en 1708, la capitana de Galeones «El Señor San José», como ha narrado Hugo O’Donnell con tanta propiedad, voló por los aires frente a Cartagena de Indias. «Ilustres» catedráticos de derecho internacional, abogados afiliados a influyentes roscas (descriptivo término del español colombiano) y fabricantes de componendas a comisión, a ambos lados del Atlántico, no logran disimular pese al capital e influencia que manejan que era un navío de guerra. Un buque de Estado -la monarquía española- dotado de inmunidad soberana. La historia verdadera no admite discusión. Era un galeón tardío de más de 1.000 toneladas, bajo mando del capitán Sebastián de Gijón. Con él había embarcado toda una compañía de guarnición, de las del Tercio gaditano del Mar Océano, con oficiales, mosqueteros, bandera y tambores.

De los 600 embarcados -tripulantes, soldados, comerciantes y viajeros- sólo sobrevivieron una docena, cuyas declaraciones se hallan en archivos españoles y, en especial, en el de Indias, en Sevilla. Archivo «examinado» durante mucho tiempo por los saqueadores de tumbas que son los dueños (británicos y estadounidenses) de la industria del expolio arqueológico subacuático. ¿Qué se ha hecho estos años para evitar el saqueo? «Vuelva usted mañana», dijo el gran Mariano José de Larra, antes de viajar al otro mundo por voluntad propia.

La inacción es una forma de ingenuidad. ¿Hay alguien tan ingenuo como para pensar que no existe una estrategia? ¿Que mirar para otro lado no va a afectar reputación, marca, seguridad jurídica, de nuestros bienes, empresas y connacionales, en un entorno interconectado y global? El saqueo autorizado por contrato bananero, o por dejación oficial española de los muertos habidos en los océanos del mundo, que son las fosas comunes del imperio español, sería una catástrofe de imprevisibles consecuencias: un crimen contra la humanidad.

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Manuel Lucena Giraldo es miembro de la Real Academia de la Historia