Veinticinco años son mucho

J. B.
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Hace veinticinco años que Paloma San Basilio se disfrazó por vez primera con un personaje: era el de Eva Perón, la carismática primera dama argentina, en un musical que ha hecho historia dentro del género: «Evita». Andrew Lloyd Webber -que a punto estuvo de parar una representación de aquella producción española porque no se sintió satisfecho con los arreglos musicales- y Tim Rice firmaron ese musical, que se había estrenado en Londres en 1976 y que llegó cuatro años más tarde a Madrid, al teatro Monumental, de la mano de Jaime Azpilicueta y Nacho Artime (importadores, unos años antes, de «Jesucristo Superstar»). Paloma San Basilio fue reclutada casi a última hora, cuando más de una figura de la época se había echado atrás ante el reto. El éxito de aquella función (donde Paloma tenía como compañeros de reparto a Patxi Andión, sustituido luego por Pablo Abraira, y Julio Catania) resultó fundamental para la carrera de Paloma San Basilio, que durante años estuvo tentada de volver al teatro. Pero necesitaba un personaje con tanta enjundia como Evita. Y lo encontró en la Aldonza / Dulcinea de «El hombre de La Mancha». A punto estuvo de interpretarlo en Broadway al lado de Raúl Juliá, pero el proyecto no cuajó y tuvo que esperar a que llegara, unos años después, aquel ciclón escénico que fue el desaparecido Luis Ramírez para poder encarnar al personaje cervantino. Otro éxito. Y unos años después, viraje hacia Bernard Shaw y hacia uno de los musicales más aplaudidos y admirados de la historia: «My fair lady», donde volvía a encontrarse con Jaime Azpilicueta, con quien asegura la cantante sentirse totalmente segura y entregada. La respuesta del público volvió a ser masiva en una producción en la que Paloma tuvo de nuevo como compañero de reparto a José Sacristán.

Una mujer que se hace pasar por un hombre que a su vez se hace pasar por una mujer. Éste es el enredado nudo de la trama de «Víctor Victoria», la comedia musical con la que Paloma San Basilio vuelve a los escenarios. Basada en la película que dirigió Blake Edwards en 1982, la versión teatral se estrenó en Nueva York hace una década. Henry Mancini escribió la música sobre un libreto del propio Edwards. Ahora llega al teatro Coliseum de Madrid, donde se estrenará el próximo 24 de septiembre con dirección de Jaime Azpilicueta y un reparto donde junto a Paloma San Basilio se encuentran también Francisco Valladares, Manuel Navarro o Noemí Mazoy.

Aunque el reparto es extenso, lo mismo que la nómina de la producción, Paloma San Basilio es consciente de que buena parte de las miradas convergen en ella. El éxito de «El hombre de La Mancha» y «My fair lady», sus aventuras teatrales precedentes, han posibilitado que se ponga en pie «Víctor Victoria».

«Siento una gran responsabilidad; sé que el que vaya bien o mal depende de muchísimos factores ajenos a mí, pero no puedo olvidar que se ha puesto este título pensando en mí».

En los ochenta fue «Evita»; a finales de los noventa, la Aldonza / Dulcinea (otra vez un doble personaje) en «El hombre de La Mancha»; para inaugurar el siglo XXI, «My fair lady». Ahora, Victoria Grant (ella) y Víctor Grazinsky (él). «Ésta obra y este personaje constituyen una aventura apasionante, y creo que esta función va a dar una dimensión de mí totalmente distinta, que algunos entenderán y otros no. Aunque los que me conocen saben que yo puedo ser muy gamberra, hay gente que tiene de mí la imagen de una mujer siempre seria; quizás porque he sido siempre muy reservada con mi vida privada. Pero en esta función me han obligado, y yo misma lo he hecho, a ser transgresora. Y ha resultado un ejercicio apasionante, incluso desde el punto de vista personal».

«Víctor Victoria» le ha llegado, asegura Paloma San Basilio, en el momento justo. «Me ocurrió también cuando hice "My fair lady". En aquel momento me encontraba muy cerca de Eliza Doolittle, mi personaje. Tenía muchas cosas en común con él. Y ahora noto que Victoria Grant y yo nos parecemos muchísimo. No sé si es el azar o el destino, pero cada personaje ha llegado en una etapa de mi vida en la que más puntos en común tengo con ellos. Probablemente yo ahora esté más en el perfil de Victoria Grant que en el de Eliza Doolittle».

La madurez que hoy siente la artista no está relacionada, asegura, con la seriedad. «¡Qué va! La madurez tiene que ver con muchas otras cosas. Por ejemplo, con aceptarse a una misma, con no importarnos si nos ven guapos o feos, con no tener problema con salir al escenario vestida de hombre... Yo ahora soy capaz de reírme hasta de mi propia sombra, y eso lo agradece mi personaje. No creo que en la etapa en que hice "Evita" me hubiera atrevido a hacer esta obra. Pero ya me he despojado de muchos miedos y es muy bonito poder desnudarte en el escenario y que la gente sepa cómo soy ahora».

Ofrecerse con esta naturalidad y esta sinceridad conlleva, naturalmente, un riesgo. «Pero es que ésta es una profesión de riesgo, siempre lo he dicho. Yo lo he corrido durante toda mi vida, y en general ha sido una buena apuesta. He conseguido no parecerme a nadie, no repetirme a mí misma, buscar caminos, y aprender y crecer como artista y como persona. El que no arriesga no cruza la mar y se conserva fosilizado. Sé que muchos artistas -y muchas personas- lo hacen, pero yo no puedo. En esta profesión nadie te garantiza el éxito».

En el teatro, asegura Paloma San Basilio, el riesgo se multiplica. «Tenemos que afrontar un personaje y crearlo a partir de nuestra propia idea y nuestra personalidad». Su Victoria Grant es también una mujer que afronta el riesgo. «Victoria es una mujer que decide convertirse en una farsante porque hay un pigmalión que le empuja a ello. No es nada conservadora ni mojigata. Es una actriz, y eso te permite darle muchos matices y hace que sea, tanto cuando es mujer como cuando hace de hombre, un personaje lleno de colores y muy interesante».

Aunque no ha detenido su carrera discográfica y musical -pronto aparecerá su nuevo disco-, Paloma San Basilio lleva casi una década refugiada en el teatro. «Es un refugio consciente y elegido. Empecé a hacer giras en 1983 y hasta casi el año 2000 no he parado. Estaba ya un poco cansada de hacer lo mismo, de dar vueltas y de encontrarme con demasiadas dificultades. Aunque parezca mentira, cada vez me costaba más poder hacer las cosas con la calidad con que yo creo que deben de hacerse».

Hace ya mucho tiempo que Paloma San Basilio muestra su desencanto ante el mundo de la música y la industria discográfica. «El mundo del disco lleva mucho tiempo en el dique seco. Los artistas hemos tenido que luchar a menudo contra ejecutivos que no han entendido nuestro trabajo y que nos trataban como productos. Empecé a sentirme hastiada y a tener la sensación de estar fuera de lugar. Sólo me sentía aliviada cuando me subía a un escenario y me encontraba con el público. Entonces empecé a pensar en el musical. Surgió entonces aquella primera propuesta, que finalmente no cuajó, de hacer en Broadway "El hombre de La Mancha"; llegó más tarde el proyecto de Luis Ramírez, y descubrí que éste es un mundo donde la gente responde, donde se puede exigir calidad, donde se comparte la ilusión con mucha gente... En el teatro no veía el cutrerío que encontraba en el mundo del disco. Fue para mí como una ventana abierta por la que poder respirar. Y tuvimos además aquel éxito tan maravilloso con "El hombre de La Mancha". Ahora mismo, lo que me emociona y me excita es un proyecto teatral. Yo vengo a ensayar y puedo pasar horas y horas sin cansarme. Me divierto como una enana, me río un montón. Es un mundo en el que vuelvo a ser niña, en el que juego. Pero estoy jugando con los mejores medios, con la mejor gente, y me siento además respetada, querida y tratada como creo que debo de serlo después de una carrera como la mía».

A pesar de haber hallado este refugio, Paloma San Basilio no tira la toalla en su carrera discográfica. Su nuevo disco, que se publicará después del estreno de «Víctor Victoria», es «el disco que quería hacer: absolutamente sincero, acústico, con temas inéditos, en cierto modo sofisticado. Creo que es justamente en estos tiempos cuando más hay que arriesgar. Hay un tipo de música que se está haciendo que yo no voy a hacer nunca porque no me interesa, y unos circuitos en los que yo no estoy. Pero yo sé que tengo gente detrás, porque cuando hago una gira de teatros el público viene, y cuando hago teatro el público viene. Si luego los discos no son de platino sino de oro, qué se le va a hacer... Si me compensan artísticamente, no pido más».