MARINA DEL MAREl cuerpo del escritor podría ser repatriado la próxima semana

Vázquez Montalbán: crónica de una muerte de novela

MADRID. ANTONIO ASTORGA
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Rodeado de las golondrinas de Bangkok, Manuel Vázquez Montalbán ha muerto como un personaje legendario de novela. En aquel libro, «Los pájaros de Bangkok» (1983), Pepe Carvalho (el Poirot-Maigret-Plinio-Clousseau de Montalbán) acometió un exótico viaje en un tiempo donde la aventura era prácticamente imposible para atender la llamada desesperada de su amiga Teresa Marsé (el apellido es un guiño cómplice a su hermano lobo Juan Marsé, que hoy lo evoca en ABC). El autor viajó varias veces para documentarse. Veinte años después regresó a Bangkok para poner el punto y seguido a una vida de novela. Y a un «Milenio» ya póstumo.

De forma fulminante

En Australia, Nueva Zelanda e Indonesia, Vázquez Montalbán pronunció una serie de conferencias en las universidades de Melbourne, Adelaida, Camberra y Sidney. Quería capturar el espíritu austral para culminar su «Milenio» de mil páginas. Pero la muerte le acechaba en el aeropuerto de Bangkok. En la medianoche del viernes. Descendía de un avión de Sidney y se disponía a volar a Madrid. De repente se sintió mal. Personal de la compañía Thai Airways le atiende y traslada al centro de emergencias de la terminal, donde no pueden hacer nada por él. «Murió de forma fulminante», dice el comandante Adisakdi Polchai, nombre que podría haber encajado en sus novelas, como el de Archit en «Los pájaros de Bangkok».

Se cree que la causa del fallecimiento pudo ser un paro cardíaco; no obstante, las autoridades locales esperaban el examen médico y la autopsia para confirmarlo. Vázquez Montalbán fue operado del corazón hace nueve años. Desde entonces compartía su vida con cuatro «bypass» y la vivió apasionadamente. Su familia, «destrozada», recibía en su casa barcelonesa innumerables condolencias, a la espera de trasladarse a Bangkok para repatriar el cuerpo.

Telegrama de la Familia Real

Su Majestad el Rey envió, en nombre de la Familia Real, un telegrama a su viuda, en el que expresa su «más sentido pésame ante el inesperado fallecimiento del escritor». Según informaron fuentes del Palacio de la Zarzuela, Don Juan Carlos destaca «el compromiso social» del escritor y «la lealtad que mantuvo a sus ideas y su coherencia con el momento histórico que le tocó vivir». El Rey recuerda la «gran importancia» que la obra literaria de Vázquez Montalbán ha tenido en la literatura contemporánea española.

La muerte de Vázquez Montalbán, que fue firme opositor al franquismo y militante comunista, ha conmovido al mundo de la cultura y a todo el arco político (a izquieda y a derecha). PSUC, CC.OO., Ayuntamiento de Barcelona y Generalitat, ERC, IU, CiU, PSOE y PP mostraron su tristeza y destacaron la «honestidad intelectual».

El portavoz del Gobierno y ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Eduardo Zaplana, expresó la «tristeza» y el «dolor» del Ejecutivo por la muerte del novelista, a quien consideró un «notable escritor». La ministra de Cultura, Pilar del Castillo, lo hacía desde El Cairo y Pujol, Zapatero y Bono lo situaban como «gran defensor de la libertad». El Nobel José Saramago estaba destrozado por la pérdida de un gran amigo «mejor persona y luchador».

Insigne «culé» (anoche se guardó un minuto de silencio en su honor en el partido Barça-Coruña) y apasionado de la cançó, premio Planeta, Nacional de Narrativa y de las Letras entre muchos galardones, a Vázquez Montalbán lo recordaba la restauradora Rosa Gil con una deliciosa definición. Pura «delicatessen»: «Tenía un morro fino», expresión que ensalza el buen paladar. El novelista, exquisito gourmet, lo tenía.