Teatro con perfume británico

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POR JULIO BRAVO

MADRID. James Matthew Barrie estrenó «Mi hijo y yo» («The old lady shows her medals» es su título original) en en Lunchtime de Londres en 1917, trece años de dar a luz la obra que le dio fama: «Peter Pan». Treinta y ocho años después, en 1945, John Boyton Priestley presentó en Moscú -al año siguiente lo hizo en Londres- «Llama un inspector» («An inspector calls»). La primera es un drama ambientado en Londres, en los últimos meses de la Primera Guerra Mundial; la segunda es una pieza policíaca y transcurre en 1912, en Brumley, una ciudad industrial británica de nombre ficticio. Las dos son, a pesar de sus diferentes argumentos y ambientes, obras que respiran ese sabor aristocrático del teatro inglés y que están teñidas con su pátina ilustre.

Los dos títulos coinciden en Madrid a partir del próximo miércoles. «Mi hijo y yo» se presenta en el teatro Amaya; la dirige Ángel Fernández-Montesinos y el reparto incluye a María Fernanda D´Ocón, Lola Muñoz, Esperanza Alonso, Teresa Cortés, Vicente Camacho y Emiliano Redondo. «Llama un inspector» cuenta con dirección de Román Calleja y está interpretada por José Luis Pellicena, Concha Cuetos, Francisco Valladares, Iván Gisbert, Lola Manzanares y Guillermo Muñoz.

Para Fernández-Montesinos, «todo el texto de «Mi hijo y yo» está impregnado de esa especial ternura que caracteriza toda la producción dramática de James Barrie. En esta obra, por encima de la anécdota vital de nuestros personajes, está presente un tema tan universal como es el de la soledad y la carencia de afectos que lleva consigo. Pero también está muy presente la esperanza que todos los humanos tenemos de encontrar cariño y amor».

La obra cuenta la historia de la señora Sullivan, una mujer que trabaja en el Ministerio de la Guerra británico y que cada semana se reúne con otras tres amigas para hablar del desarrollo del conflicto y de los familiares que tienen en el frente. María Fernanda D´Ocón es la señora Sullivan, en quien ve reflejados, ha dicho, su ternura, su dulzura, su dramatismo e incluso su rabia. «Es un compendio de todo lo que una actriz pueda desear en un papel».

Francisco Valladares es uno de los protagonistas de «Llama un inspector», una obra que es, según dice el actor, «un clásico por el que no pasan los años. Mezcla con una sabiduría extraordinaria la intriga policial, el drama social y la alta comedia. Está escrita con tal eficacia que después de su estreno en Moscú hubo que representarla en varios países por el éxito que tuvo».

En «Llama un inspector», un rico industrial hecho a sí mismo y que aspira a emparentar con la nobleza celebra la petición de mano de su hija, que va a casarse precisamente con un aristócrata. La fiesta se interrumpe cuando llega un inspector que está investigando la muerte de una joven. «Es un papel muy distinto de los que yo he hecho habitualmente, que han sido héroes o antihéroes, porque es un hombre ligeramente ordinario, un advenedizo antipático». Es una obra, añade, con momentos en que el público se queda sin respiración. «La frase final la digo yo -cuenta Valladares-, y en la pausa siento el silencio de los espectadores».

En lo personal, no es ésta una función cualquiera para Paco Valladares. Enfermó gravemente cuando se encontraba de gira con ella y ha vuelto a ella una vez curado. «Regresar con el mismo reparto a la misma producción es un espaldarazo moral extraordinario -dice-; anímicamente me viene muy bien». Y vuelve, además, al teatro Reina Victoria. «Guardo muy buenos recuerdos de este teatro; ahí estrené «Sur», de Julian Green, dirigida por Modesto Higuera; era una obra prohibida porque habla de homosexualidad, y de la que sólo pudimos hacer una representación. Había una expectación tan grande que hubo que poner sillas y más butacas para que se sentara la gente».