El Teatro Mariinsky estrenó anoche en Madrid «Guerra y Paz»

Por Alberto GONZÁLEZ LAPUENTE
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Aún no había descansado la maquinaria del Teatro Real del esfuerzo de revivir la majestuosidad de «Don Carlo», de Verdi, cuando anoche levantaba el telón para ofrecer el estreno español de «Guerra y Paz», el más ambicioso proyecto escénico de Serguei Prokofiev. La coproducción del Teatro Mariinsky de San Petersburgo y el Metropolitan Opera House de Nueva York, dirigida escénicamente por Andrei Konchalovski, ha recalado en Madrid un año después de su estreno y tras sucesivas actuaciones en Londres y Milán. Desbordando cualquier lógica previsión, más de cuatrocientas personas procedentes del teatro más representativo de la no menos majestuosa ciudad rusa ponen en pie un montaje que, hoy por hoy, se presenta como el buque insignia de la compañía. El director musical Valery Gergiev fue el encargado de dirigir anoche la primera de las representaciones y estará al frente en cinco más de las ocho funciones previstas.

Gergiev se ha convertido en todo un zar del teatro de San Petersburgo al demostrar desde su debut operístico en 1978 con esta misma obra de Prokofiev y su posterior nombramiento en 1988 como director general, saber gobernarlo con notables dotes musicales y propagandísticas. Actualmente, la serie de grabaciones discográficas y videográficas de muchas de las últimas producciones del Mariinsky constituyen un más que solvente catálogo sobre ópera y ballet ruso. Y es que Gerguiev domina con igual firmeza el destino de la Ópera y del Ballet del Kirov, que ya visitó el Teatro Real en enero de 1999, ambos alojados en el Mariinsky, lo que no le impide reservar tiempo para ocuparse del repertorio sinfónico. También habrá ocasión de comprobarlo pues, completando las representaciones de «Guerra y Paz», dirigirá dos conciertos los días 29 y 30, en el Real madrileño, con obras que van desde la segunda sinfonía de Mahler, a los «Cuadros para una exposición» de Mussorgski, la «Sinfonía en tres movimientos» de Stravinski y el cuarto concierto para piano de Prokofiev, con Alexander To-radze como solista. El extenuante «tour de force» sólo acaba de comenzar pues director y orquesta llegaron ayer Madrid tras actuar el domingo en el Auditorio de Barcelona.

Y es que no puede evitarse la sensación de desmesura ante todo lo que está rodeando a las gentes del Mariinsky y a estas representaciones de «Guerra y Paz». Era la impresión previa al estreno. La grandeza de la novela original de Tolstoi y el trabajo posterior de Prokofiev al que dedicó doce años, la versión final de la obra con poco más de cuatro horas de duración, el reparto con medio centenar de solistas vocales y la dificultad manifiesta de recrear trece cuadros escénicos parecen necesitarla. «Guerra y Paz» es el vórtice de un «ciclón» escénico musical que, al cierre de la edición, continuaba representándose en el Teatro Real madrileño a la espera de presenciar la cruenta batalla de Borodino y la posterior victoria de Rusia contra los franceses.