El tándem New York-Masur, aclamado en Ibermúsica

Leopoldo HONTAÑÓN
Actualizado:

En un acercamiento poco pensando al empeño acometido este fin de semana por la New York Philharmonic y su director titular, Kurt Masur, quizás pueda parecer que nada tiene de complicado ni comprometido para unos profesionales de primera categoría como ellos ofrecer en dos conciertos seguidos las cuatro sinfonías que compuso Johannes Brahms. Máxime, cuando el tardío sinfonista que fue el hamburgués no las utilizó para plasmar en su recorrido pasos separados y demostrativos de esa capacidad de progresismo que le atribuía Schoenberg, sino ejemplos homogéneos de un mismo estadio creador.

Pero radicalizar tal idea sería tan injusto como falso. Porque si, como apunta José Luis García del Busto, las cuatro sinfonías brahmsianas no dejan de ser «cuatro caras distintas de un mismo maestro, sumo dominador del oficio», existen también entre ellas —y quizás más concretamente entre la tercera y la segunda, por una parte, y la primera y la cuarta, por otra— suficientes diversidades en intenciones expresivas y en deseos de interiorización, como para convertir en una auténtica prueba darle a cada una la respuesta exacta que le corresponde. Y eso lo supo pedir Masur y le supieron dar los espléndidos profesores norteamericanos en ambas sesiones, reservada la primera a las sinfonías 3 y 4, y la segunda a las 1 y 2. Si se me apura, más redonda y plenamente vistas por Masur todas las demandas de afirmación y vigor que caracterizan con mayor fuerza las líneas de las que abren y cierran la colección, que el comedimiento general y el nada soterrado lirismo de la tercera o ese carácter más ligero y despreocupado que advierte Geiringer en la segunda.

En cuanto a cada una de las versiones en su apreciación global, todas superaron el notable. Porque a los aciertos estrictamente conceptuales e interpretativos, esos grandes instrumentistas, por individualidades y por familias, que conforman la New York Philharmonic, a las órdenes de un maestro titular que es ejemplo de esa conducción anticipadora propia de los directores que lo son técnicamente de verdad, les añadieron unas traducciones materiales de primer orden. Que si en los arranques de la «Primera» y de la «Cuarta» hubo, respectivamente, alguna bastedad sonora y cierto desequilibrio de afinación, fueron muy rápidamente salvados y en modo alguno impiden hablar de unos resultados excelentes.

Así lo entendieron los fieles de Ibermúsica de una y otra serie —la «Toyota» y la «Barbieri»— que con sus muy calurosas aclamaciones obtuvieron como regalos la «Primera» y más conocida «danza húngara», los primeros, y la «Obertura para un Festival Académico», los segundos.

Series Orquestas del Mundo. New York Philharmonic. Director: K. Masur. Sinfonías de Brahms. Auditorio Nacional, 13 y 14 de enero.