Un soldado estadounidense se reúne con los tres hermanos a los que estuvo a punto de matar hace ochenta años

Martin Adler, que combatió en Italia durante la II Guerra Mundial, pudo reencontrarse, a sus 97 años, con sus 'bambini' en Bolonia

Martin Adler, con los tres hermanos delante de la foto que se hicieron en 1944, cuando ellos eran unos niños y él un soldado estadounidense ABC

Ángel Gómez Fuentes

Los italianos se emocionan hoy con una historia que es como un milagro de la vida. Después de casi 77 años, ha regresado a Italia el exsoldado Martin Adler , de 97 años, para abrazar a tres niños italianos a los que salvó cuando combatía con el ejército estadounidense contra los nazifascistas en la Segunda Guerra Mundial. Su avión aterrizó en el aeropuerto de Bolonia, donde lo esperaban los hermanos Bruno (84 años), Mafalda (82) y Giuliana (80), que viven desde hace años en Castel San Pietro Terme, un municipio de 20.000 habitantes en la provincia de Bolonia, no lejos de los lugares en los que combatió Martin, y donde produjo el momento mágico de su encuentro en 1944, inmortalizado en una fotografía que hace año y medio dio la vuelta al mundo.

« Vuelvo a Italia a testimoniar la paz », dijo Martin Adler antes de subirse al avión en Miami, acompañado por su mujer, Elaine, para realizar un viaje superando todas las barreras, como las que le impone la pandemia y la dificultad para caminar, pues se mueve en silla de ruedas. Su viaje a Italia no se limitará a Bolonia, la tierra de los que él llama sus tres 'bambini', sino que viajará a Roma con la esperanza de saludar al Papa Francisco y visitar durante las próximas semanas las principales etapas de lo que fue su 'campaña italiana' durante la Segunda Guerra Mundial, cuando él era un joven soldado con 20 años, un estadounidense, hijo de emigrantes húngaros de origen judío, que vivía en el Bronx, en Nueva York.

Así comenzó la historia

Esta historia, que tiene sabor de cuento de hadas con final feliz, se inició en octubre de 1944, cuando los norteamericanos estaban liberando el territorio en torno a Monterenzio, en los Apeninos boloñeses. Era un periodo de los más duros, en las tierras de la Línea Gótica, un frente de dura batalla con los alemanes. Se combatió casa por casa. Martin, un soldado raso que entonces tenía 20 años, y su compañero John entraron, con el subfusil Thompson en mano, en una casa rústica de una pequeña aldea. Oyeron ruidos y estaban a punto de hacer fuego cuando oyeron el grito desesperado de una mujer para que no disparasen porque había niños. En medio de los gritos de la madre aparecieron los tres hermanos : Bruno, Mafalda y Giuliana Naldi, de siete, cinco y tres años respectivamente. Martin ha recordado aquel momento inolvidable: «John y yo teníamos ya el dedo en el gatillo, listo para disparar, porque pensábamos que podía haber alemanes. Luego oímos los gritos de una mujer que corrió a nuestro encuentro gritando '¡niños, niños, no disparen!'. ¡Ella era su madre! Nos detuvimos y de una enorme canasta salieron tres niños espléndidos, dos niñas y un niño. John y yo nos echamos a reír, contentos, muy felices por no haber apretado el gatillo. No nos lo habríamos perdonado durante toda nuestra vida. Fue un momento de alegría, el más hermoso de aquel infierno de la guerra ». Martin quiso inmortalizar el episodio en una foto, en la que aparece sonriente y alegre con el casco junto a los niños. Siempre ha recordado aquel momento como un paréntesis maravilloso en los días terribles de la guerra. Ahora Martin vive en Boca Ratón, en Florida,

El sueño de la vida

El exmilitar nunca olvidó a los niños. Su sueño, cada vez más intenso, era tener noticias de los hermanos Naldi , saber si vivían y abrazarlos. O, en caso negativo, conocer a sus hijos o parientes. Con la ayuda de su hija Rachelle y del escritor y periodista italiano Matteo Incerti , su llamamiento fue difundido junto a su fotografía con los tres niños en las redes sociales, en periódicos y televisiones. El 'tam tam' mediático se extendió con rapidez, de boca en boca, colaborando incluso las administraciones locales italianas. En vísperas de las navidades del 2020 aparecieron los tres hermanos Naldi. Hizo de intermediario el citado periodista, que comunicó la noticia al exsoldado Martin. «Greaaatttt!» («¡Fantástico!»), exclamó al ver cumplido su sueño.

Bruno, Mafalda y Giuliana conservan aún en su memoria algunas instantáneas de los días de la guerra. No recuerdan que se les hubiera hecho una fotografía ese día, pero nunca olvidaron esa gran canasta en la que se escondieron y el chocolate que los soldados estadounidenses les dieron. Fueron meses muy difíciles para los habitantes de la zona, recién salidos de la ocupación alemana . Bruno Naldi, el mayor de los tres hermanos, tiene aún en la mente a los soldados de la Wehrmacht, que habían encontrado una escopeta de caza del padre, y no perdieron de vista la casa.

En la Navidad del 2020, una videollamada reunió a los tres hermanos con Martin. Fue un coloquio lleno de emociones. Como si el tiempo se hubiera parado en 1944, Martin, conmovido y feliz exclamó: « ¡Ciao bambini, ¿queréis chocolate?! » Los saludos concluyeron con un abrazo virtual y una promesa: «Quiero vivir hasta los cien años, para que, cuando termine la pandemia, ir a conoceros en persona».

«Mi corazón en Italia»

Por fin la promesa se ha hecho realidad. Bruno, Mafalda y Giuliana posaron con Martin delante de un gran cartel con la foto que se hicieron en 1944, una imagen que es también la portada del libro « Los niños del soldado Martin », escrito por Matteo Incerti. La misma foto que Martin Adler lleva impresa en el pecho de su camiseta blanca, con esta frase para significar que los lleva en su corazón: «Martin's bambini, forever kids» («Bambini de Martin, niños para siempre»).

El encuentro en el aeropuerto ha estado lleno de emociones para Martin y los tres hermanos. Tras los abrazos y besos, el veterano estadounidense les regaló chocolate, como hizo en 1944, y una rosa. «Wonderful, wonderful» (maravilloso), fue la palabra que más repitió el exsoldado. «Mi corazón siempre ha estado en Italia», ha confesado. Ahora inicia su visita por los lugares que marcaron su vida, incluyendo el hospital de Nápoles donde estuvo tres meses hospitalizado por las heridas sufridas en el frente. Martin lo define como un viaje de «paz, solidaridad y fiesta». Vivirá momentos mágicos, como aquel que inmortalizó con una foto en blanco y negro hace 77 años.

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