Silvia Munt explora las luces y sombras de «Gala», esposa y musa de DalíDos años para realizar el retrato de la mujer más secreta del siglo XX

Después del premiado «Lalia», rodado en 1999, la actriz y directora Silvia Munt presenta en el Festival de Cine de Málaga el documental «Elena Diakonova-Gala»

J. E. A.
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MÁLAGA. Silvia Munt, una de las mejores actrices de nuestra cienamatografía y premiada realizadora, vuelve a ponerse detrás de la cámara para meterse de lleno en el documental, un género cada día más en alza, que ella parece dominar con la firmeza que ofrecen sus interpretaciones.

Munt se ha metido de lleno a lo largo de dos años en una indagación casi detectivesca para devolver a la actualidad la enigmática figura de Gala, nacida Elena Dimitrievna Diakonova, y conocida universalmente por ser la musa de Dalí y su esposa. «El recorrido por la vida de esta peculiar mujer ha sido una aventura apasionante que ha durado dos años», asegura la actriz y directora, quien empezó el rodaje en Kazan (Rusia, donde nacio Gala) y sigue en Davos, donde encuentran a Paul Éluard (su primer marido), para continuar en París y Nueva York... hasta llegar a Cadaqués, donde muere y yace sola en el Castillo de Púbol al lado de una tumba vacía donde tendría que estar su marido Salvador Dalí.

Silvia Munt cuenta que en «todo esto se va descubriendo en la película a partir de los textos escritos por ella misma, por su amiga Anastasia Tsvetaieva y por sus no menos geniales maridos, Éluard y Dalí, además de por las numerosas entrevistas que hicimos a las personas que la conocieron».

La actriz y directora reconoce que el personaje de Gala «despierta la polémica por su actitud, siempre ha sido así. Por eso me pareció interesante y obligado incluir las discusiones y opiniones que se producían irremediablemente en nuestro equipo técnico, compañeros de fatigas y viajes que, como ocurre en el coro griego, planteaban las preguntas y las incertidumbres que en esencia se escuchan en la calle cuando se habla de Gala», a quien califica de «mística, la Gala sensual y enigmática, la tenebrosa, la Gala absorbida por el hombre, el hombre absorbido por Gala, qué más da. Ella hacía lo que quería, lo que creía que tenía que hacer ¿Cuántos pueden decir lo mismo? El recorrido por la vida de esta peculiar musa ha sido una aventura. Esta pequeña gran mujer ensalzada y amada por los hombres que estuvieron con ella, tenía, sin embargo, pocos amigos y muchos enemigos». Indica Munt que «no hacía concesiones, era esencial, culta, creyente hasta la muerte, ambiciosa, esotérica y apasionada. Es casi imprescindible conocerla para entender el siglo XX. En su individualismo entraba sólo el amor a su pareja como único ideal de vida».