Semilla de la Orquesta Iberoamericana
os de los músicos en un descanso del ensayo /F.SALUDARTE

Semilla de la Orquesta Iberoamericana

Concluye la gira de los 82 músicos que han rendido homenaje al Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. De la Cárcel de Soto del Real a Miami, con escala en el Carnegie Hall de Nueva York. ABC les ha acompañado

SUSANA GAVIÑA | NUEVA YORK / MIAMI
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Han sido justo dos semanas las que han permanecido juntos. Desde que llegaron el 21 de noviembre a la localidad sevillana de Pilas, donde celebraron los primeros ensayos, hasta el aterrizaje, el 5 de diciembre, en el madrileño aeropuerto de Barajas. Durante estos quince días, un total de 82 músicos -de entre 17 y 30 años-, procedentes de la Joven Orquesta Nacional de España (Jonde), la Presjovem; la New World Symphony; la Orquesta Infantil y Juvenil Simón Bolívar de Venezuela, así como representantes de varios países iberoamericanos (Argentina, Panamá, México, Uruguay, Chile, Costa Rica, Portugal...) han compartido atriles, bajo la dirección de Pablo Mielgo y junto al pianista Javier Perianes, para rendir un homenaje al Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles, fundado por José Antonio Abreu hace 33 años.

Un homenaje que ha consistido en una gira de seis conciertos que les ha llevado desde Huelva hasta Miami, pasando por Madrid, Valladolid, la cárcel de Soto del Real y el Carnegie Hall de Nueva York. Una orquesta «heterogénea con mucho talento», en palabras de su director Pablo Mielgo, que se ha presentado también ante un público de lo más heterogéneo: desde la Reina de España y el ministro de Cultura, César Antonio Molina, en Madrid; a Jamie Bersntein, hija del famoso director y compositor, en Nueva York; pasando por los presos de la cárcel de Soto del Real y a los niños del hospital Jackson Memorial de Miami. Este cóctel de nacionalidades y estamentos es la evidencia clara de que este encuentro ha traspasado la frontera de lo meramente musical para enraizarse en lo social (con la colaboración de la Fundación SaludArte), doctrina sobre la que se levantan los pilares del «Sistema» creado por Abreu, que ha llegado ya a 265.000 niños y jóvenes de Venezuela y espera alcanzar un millón en los próximo años.

Algunos de los miembros de esta orquesta ya han vivido de cerca el «milagro» de Abreu. Es el caso de Ana, integrante del Cuarteto Qvixote -«a mí me cambió la vida». admite- o Pablo, el benjamín del grupo, que asistieron el pasado mes de marzo al I Encuentro Venezuela-España. Ellos, junto a Rubén, Arístides, Inés, Jorge, Ludwig, Taichi, Alicia, Dani, David, María, y un largo etcétera han vivido durante estas dos semanas experiencias únicas.

Tras los muros de la cárcel

Una de ellas, y ante la que se mostraban en un principio «muy expectantes», según admite Vicente, coordinador de proyectos sociales de la Fundación SaludArte, fue la de tocar ante doscientos presos de la cárcel de Soto del Real (en un concierto realizado en colaboración con el Teatro Real). Con la «Quinta sinfonía» de Chaikovski bajo el brazo, entraron con sus instrumentos y dejaron fuera el protocolo de la indumentaria. Ante ellos se situó un público, «el más silencioso y respetuoso de cuántos hemos tenido hasta el momento», afirmó Mielgo. Un público que se emocionó -hasta las lágrimas- y celebró cada una de las intervenciones. Lo musical dejó paso a lo humano y la comunicación entre el «patio de butacas» y el escenario fluyó. Chaikovski dejó paso a la primera propina, que les ha acompañado durante toda la gira, «Las bodas de Luis Alonso», y a una segunda, el pasodoble «Amparito Roca», y a una tercera... completamente improvisada: «Paquito el chocolatero». Los músicos alzando los instrumentos se levantan y bailan, encabezados por Taichi, un japonés que milita en la New World Symphony; abajo, los presos también bailan, y hay uno que confiesa: «Es la primera vez que me siento libre».

De vuelta al autocar y al hotel, noche libre antes de embarcarse hacia Nueva York, su siguiente meta, y allí el Carnegie Hall, uno de los auditorios más importantes del mundo. Durante el ensayo, antes de la cita, el propio Abreu, de pequeña estatura pero que se crece cuando enarbola su discurso, se dirige a los chicos y admite estar cansado después de tantos años de esfuerzo que ahora «van a tener un sentido. Soy actor de un proceso histórico. De una nueva etapa del arte. Un continente de segunda, que ha estado rezagado, se va a convertir en líder». Es el nuevo sueño de Abreu, y en el que cree firmemente: «Iberoamérica se convertirá en una primera potencial musical del mundo». En esta dirección está encaminado el proyecto de la creación de la Orquesta Infantil y Juvenil Iberoamericana, aprobado en la reciente cumbre de jefes de estado celebrada en El Salvador, que se pondrá en marcha en 2010 y a la que ya se han suscrito siete países. Esta gira es sin lugar a dudas, y en palabras de Abreu, «el primer germen de ese espacio iberoamericano».

Ausente en el concierto de Soto del Real, Perianes se reincorpora a la gira que comenzó en su tierra natal, Huelva. Al piano interpreta el «Concierto para piano y orquesta número 1», de Brahms. Es la segunda vez que actúa en el Carnegie Hall (la anterior fue en la sala pequeña), pero le sigue imponiendo. Como madrina del acto, Jamie Bernstein, quien ha apoyado de manera decidida este concierto, que introduce con una breve presentación sobre los fundamentos del «Sistema», que sitúa cerca del pensamiento de su padre, «que creía que la música era capaz de cambiar el mundo».

Algunas compras de última hora antes de coger el vuelo a Miami. Allí nos espera la última etapa y la ciudad donde tiene la sede la New World Symphony, de la que es director artístico Michael Tilson Thomas, otro militante convencido del «milagro» Abreu. «Este será el mejor concierto -vaticina Pablo Mielgo-, hay menos presión». Y lo es. En el magnífico auditorio del Adrienne Arsht Center for the Performing Arts of Miami, Perianes se entrega a Brahms y el público se lo agradece levantándose de las butacas, incluido Michael Tilson Thomas; la «Quinta» de Chaikovski vuelve a emocionar con la intervención Jorge, encargado de la trompa. El concierto ha sido «redondo» y los chicos se autorregalan un «bis» en los camerinos: el pasodoble «Amparito Roca».

El deseo de Pheicune

Noche de fiesta para todos, pero todavía queda el momento más especial de la gira. Una última parada antes de regresar a España: el hospital Jackson Memorial, donde algunos músicos se acercan a la mañana siguiente. El Cuarteto Qvixote deleita con música de Haydn en la planta baja. Arriba, en la zona infantil, otros descubren los misterios de la música a algunos pequeños. Pheicune, de once años, se resiste al principio pero luego, tras bailar y dar palmas al ritmo de la música más popular americana y algunos villancicos, tañe un juguete a modo de batuta y dirige al grupo. Antes de marcharnos, Pheicune se acerca a Tanya Capriles, presidenta de la Fundación SaludArte, y le pregunta con cierta timidez: «¿Me puedes enseñar a tocar la flauta?»