Savater defiende en Yuste la lectura como forma de liberación

CUACOS DE YUSTE (CÁCERES). ABC
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El filósofo y escritor Fernando Savater defendió ayer el valor de la lectura como «forma de liberación, nunca como obligación» ante un centenar de editores de todo el mundo, reunidos en el Monasterio de Yuste, donde se desarrolla el encuentro anual de la asociación internacional Motovun -nacida a comienzos de los años setenta y que agrupa a editores de Europa, América y Asia-. En el acto inaugural del encuentro, que cuenta con la colaboración de la Fundación Academia Europea de Yuste, Savater se definió «ante todo, como un lector», actividad que calificó como «una forma de liberación y uno de los primeros placeres que adquirimos en la vida y de los últimos que vamos a perder. Es un invento difícil de desplazar y superar».

Cree que sería imposible explicar nuestra civilización sin los libros, al tiempo que anunció que ese objeto «tendrá que aprender a convivir con otras formas de lectura diferente», en alusión a las nuevas tecnologías de la comunicación. El escritor abogó por defender el libro como un instrumento de diálogo con todos aquellos que no están presentes y convertir ese «diálogo con los muertos» en una forma de prolongación de nuestra propia vida, «que de lo contrario se vería asfixiada por los silencios del pasado».

Savater habló de la importancia de inculcar en los jóvenes el hábito de la lectura, aunque se mostró más partidario de «contagiar» el amor por los libros que de «convencer de lo bueno de la lectura», y opinó que los lectores más jóvenes deben aprender con «niveles menores» antes que con las grandes obras de la literatura. En este sentido, recordó unas recientes manifestaciones de Steiner, quien mostró su admiración por la importancia que ha llegado a alcanzar el fenómeno editorial del personaje de literatura infantil Harry Potter, al que Savater reconoció haber contribuido a impulsar el amor por la lectura entre los jóvenes.

Por otra parte, Jan Martens, representante de la editorial belga Fonds Mercator, lamentó que el grupo fuera expulsado de Yugoslavia en 1992 por ser considerados sus miembros «enemigos de guerra», a pesar de que «mucho antes que los políticos, nosotros hemos borrado fronteras en el Europa y en el Mundo».