JUAN MANUEL SERRANO ARCEFoto de familia de los participantes en el curso tomada ayer en la UIMP

Sánchez Cámara: «ABC ha sido, es y será un ejemplo socrático en la formación de la opinión pública»

Ayer se clausuró en la UIMP el seminario «La invención de la opinión pública». Ignacio Sánchez Cámara, articulista de ABC, se encargó de la reflexión última

ANTONIO ASTORGA
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SANTANDER. Con la presencia del consejero delegado de ABC, Santiago Alonso Paniagua; del director adjunto de ABC, Eduardo San Martín; de los coordinadores del curso, Ramón Pérez-Maura, adjunto al director de ABC, y Fernando R. Lafuente, director de Blanco y Negro Cultural; de Soledad Luca de Tena, vicepresidenta de ABC; de profesores y colaboradores de ABC, como Edurne Uriarte, imprescindible valor ético y moral de nuestra sociedad; César Alonso de los Río; Carmen de Carlos, correspondal de ABC en Buenos Aires, y de los alumnos que han seguido el seminario con inusitada atención, ayer se clausuró el curso «La invención de la opinión pública», con el que ABC ha celebrado su centenario en la UIMP.

Esta semana de intenso y altísimo debate intelectual entre alumnos y ponentes prosiguió con la última conferencia a cargo de Ignacio Sánchez Cámara, una de las mejores firmas del pensamiento en español, catedrático de Filosofía del Derecho Moral y Político de la Universidad de La Coruña y analista en ABC.

Ignacio Sánchez Cámara sostuvo que uno de los grandes males de nuestro tiempo es el entendimiento un tanto equivocado de lo que es la democracia política: «Uno de los rasgos de formación de la opinión pública es el igualitarismo, es decir que todas las opiniones poseen el mismo valor. Es el resultado de llevar la democracia más allá de la política, lo que Ortega llamó la «democracia morbosa». Una democracia frenético morbosa resultado de un entendimiento radical de la democracia: o sea, que todos los seres seamos reconocidos como iguales, lo que significa que no lo somos. La democracia «morbosa», el subjetivismo que niega la objetividad al texto literario y la «muerte de la filosofía» que algunos peroran conducen inevitablemente a la degradación de la cultura de masas «y no sólo audiovisual», matizó el catedrático.

La misión del intelectual es formar a la opinión pública, pero oponiéndose a ella. Ortega sostenía que la misión de todo intelectual es oponerse y seducir. Para el pensador, el proceso de formación de la opinión pública es necesariamente aristocrático, «porque siempre serán los mejores los que influirán en los demás». Esa tendencia a imitar el comportamiento de los mejores es la perfección de la sociedad, algo que para el conferenciante «no es antidemocrático».

El catedrático de Filosofía del Derecho Moral y Político subrayó que «ABC ha sido, es y será un ejemplo de actuación más socrática que sofística en la formación de la opinión pública y en la medida en que yo pueda seguiré contribuyendo a ello».

Sánchez Cámara planteó una serie de conceptos en el procedimiento de formación de la opinión pública que habría que revisar: la tendencia al subjetivismo, las ideas que tenemos sobre los juicios de valor y la tendencia a fundamentar la opinión en torno a la idea de consenso: «Una de las cosas que a mí me resulta más irritante es el beaterío sobre Derechos Humanos -confesó-. Hay un consenso permanente y aparente; sin embargo, el consenso se basa en que omitamos la cuestión del fundamento y del contenido. Lo peor es que se pretenda que en ese falso consenso entraría la expresión del consenso de la humanidad. Eso llevaría a algo anómalo: la pretensión de que la moral pueda proceder del Derecho y surja, por ejemplo, «de una reunión de legisladores de San Francisco. Ironizando diríamos: ¡Ahora va a resultar que la meta de mi vida procede de una Declaración de Derechos Humanos!».

Para Sánchez Cámara, una idea que le parece perturbadora es aquella que sostiene que todas las opiniones expresan emociones: «Si los juicios morales expresan emociones, cualquier debate intelectual sobre moralidad deviene, por tanto, en absurdo».

El columnista de ABC describió una «anomalía» , a su juicio, en el proceso de formación de la opinión pública e hizo alusión a las charlas que proliferan en emisoras de radio y cadenas televisivas: «Pensemos en las tertulias. Existen varios modelos. El más pertinente es el que ya no existe, «La clave». Hay modelos que son síntomas de perturbación del debate, como cuando todas las personas hablan de lo divino y de lo humano en radio y televisión, aunque debo reconocer que yo soy parte de esos modelos porque participo en ellos. Te dan los hechos y uno tiene que opinar en treinta segundos de la crisis agrícola en Pakistán, por poner un ejemplo simplificador de la realidad. Lo peor es un tipo de programa en el que cualquier parecido con el ejercicio de la razón ha desaparecido y en donde el público se regocija y aplaude el insulto y jalea los mayores disparates». Esta situación abunda y permite, según Sánchez Cámara, que todo el mundo tenga derecho a opinar y que la opinión sea arbitraria. Así, por ejemplo, las tertulias «marcianas», que son las señas de identidad de la televisión basura.

Ignacio Sánchez Cámara viajó a Grecia para rescatar tres textos paradigmáticos. El primero es de Tucídides y es uno de los más importantes de la historia de la humanidad. Se trata de la oración fúnebre de Pericles en honor de las víctimas de la guerra: «Es el mayor elogio a la democracia y a la forma de vida de los atenienses. La democracia es el gobierno de la opinión pública. Incluso los dictadores apelan a ella, pero sólo la democracia es el gobierno de la opinión pública». El segundo texto es de Herodoto, que coloca en Darío, Rey de los persas, un desprecio a la democracia: «La democracia -decía en ese discurso- es el gobierno de la chusma; sólo produce caos. Elijamos a los más nobles y encarguémosles a ellos el gobierno». El tercer texto procede de un diálogo de Platón, en una conversación entre Sócrates y Protágoras: «Cuando se trata de opinar, la Asamblea levanta la mano y todos opinan».