La Royal Academy de Londres abre sus puertas al universo de «Los Aztecas» con una gran muestra

El próximo viernes se inaugura en la Royal Academy de Londres una de esas exposiciones diseñadas para atraer cientos de miles de visitantes

J. M. COSTA, CORRESPONSAL
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LONDRES. Los «Aztecas» es, probablemente, la mayor muestra de escultura mexicana que se haya realizado fuera de América y, aunque presenta lagunas demasiado evidentes, no por ello deja de constituir una ocasión única para aproximarse a una de las culturas más fascinantes de la humanidad. El segundo cartel informativo de esta gran exposición nos dice que «América fue descubierta por el italiano Cristóbal Colón, quien no sabía nada de un nuevo continente porque no se habla de él en la Biblia. Años más tarde, el mercenario Hernán Cortés...». Como introducción no está mal. Es dudoso que Colón se considerara un italiano, más probable es que hablara de sí mismo como genovés. Por supuesto, la discusión científica y marítima en la época iba un poco más allá de lo que se dice en la Biblia. Y Hernán Cortes sería muchas cosas, pero no exactamente un mercenario.

Podríamos decir que empezamos bien, pero afortunadamente continuamos bastante mejor. Esta exposición de «Los Aztecas» es sin duda impresionante, con sus muchas salas y su 375 piezas. Los textos tampoco están mal y, curiosamente, no tienen ninguna relación con las inexactitudes de los cartelones explicativos. Parece como si hubiera una versión burda y descuidada para la gente que pasa por allí y otra más seria y académica para quienes leen catálogos. Parece extraño, pero lo mismo ha sucedido en otras exposiciones, muy notablemente la de Cleopatra en el British. Una característica que debe tenerse en cuenta al valorar la exposición «Aztecas» es que se trata sobre todo de una exposición de escultura en piedra. Apenas hay artesanía utilitaria, pocos adornos, casi ninguna arma, un solo dorado... No es una opción criticable, pero tiene un efecto extraño. Imaginamos las culturas de Mesoamérica como especialmente coloristas y lo que encontramos aquí es una sucesión de grises y ocres. Una de dos, o los aztecas no disfrutaban tanto con las plumas, los tejidos de colores y la policromía como pensábamos o esta exposición genera una idea algo sesgada de aquella estética. La mayor parte de los objetos expuestos vienen del Museo del Templo Mayor de México D.F. y, curiosamente, no hay una sola pieza proveniente de España. El problema es que, con ser una gran exposición, «Aztecas» no puede ser una muestra definitiva. Sus lagunas son demasiado flagrantes.