Un momento de la actuación de Rocío Molina en el Baluarte de Pamplona
Un momento de la actuación de Rocío Molina en el Baluarte de Pamplona - EFE/Jesús Diges
Flamenco on Fire 2019

Rocío Molina: celebración de ser mujer

La bailaora malagueña apasiona con su baile personal a un entregado Auditorio Baluarte

Alejandro Escribano
PamplonaActualizado:

Una experiencia mística es la que propuso la bailaora Rocío Molina en su espectáculo «Caída del cielo», que ayer noche estrenó en el Auditorio Baluarte de Pamplona, dentro de la 6° edición del festival Flamenco on Fire. Un montaje para el Théâtre National de Chaillot de París que data de 2016 y que no es ni más ni menos que un viaje iniciático a lo más profundo del ser humano, el recorrido de una mujer que, a través de su baile, nos llama a profundizar en lo palpable y a adentrarnos en lo que normalmente se oculta ante nuestros ojos. Y convirtiendo su danza en la celebración de ser mujer.

Con un comienzo impactante (25 minutos de silencio interrumpidos por «Asesinados por el cielo» de Lorca en versión de Morente y Lagartija Nick, con un notable cante de José Ángel Carmona) Rocío fue dando rienda suelta a su creatividad e imaginación con interesantes hallazgos personales: gran manejo de la bata de cola, uso del humor en muchos momentos del montaje (farruca con sombrero cordobés, …), sabia utilización de la cámara cenital en el momento cumbre la obra..., a los que sumó un baile inspirado, tremendamente personal, exquisito en las formas y en el fondo, lleno de técnica pero sobre todo de pasión, que sedujo al público desde las bulerías y seguiriyas iniciales y que acabó en éxtasis en el número final, bailando entre el público en el patio de butacas.

El grupo que acompañó a la bailaora malagueña (Eduardo Trassierra a las guitarras, José Ángel Carmona al cante y al bajo eléctrico, Pablo Martin Jones a la batería y José Manuel Ramos Oruco al compás) rayó también a gran altura dejando momentos únicos como la versión deconstruida de «La leyenda del tiempo» de Camarón de la Isla o los tangos-rumba electrónicos (y kistch) con los que termina la obra.

Un momento de la actuación de Rocío Molina en el Baluarte de Pamplona
Un momento de la actuación de Rocío Molina en el Baluarte de Pamplona - EFE/Jesús Diges

Asimismo fundamental en el montaje es el papel del dramaturgo Carlos Marquerie que le da a la obra una consistencia y una profundidad muy de agradecer en este tipo de espectáculos, en los que casi siempre el argumento es lo de menos. Entre los asistentes a «Caída del cielo» estaba la cantaora Rocío Márquez, que estrenó la noche anterior (23 de agosto) su espectáculo «Aquellos puentes sutiles» con el cantautor uruguayo Jorge Drexler. Una interesante propuesta que partiendo de los cantes de ida y vuelta busca los evidentes puntos en común existentes entre ambas músicas de raíz. Un repertorio basado en milongas, guajiras, colombianas y zambas, que tuvo sus mejores momentos cuando Márquez y Drexler unieron sus voces con la guitarra del trovador uruguayo como único acompañamiento.

El festival se cerró la noche del domingo 25 con el baile de Israel Galván y su espectáculo Fla.co.men., dando fin a 6 días en los que Pamplona se ha convertido en epicentro del mejor flamenco nacional. Un tsunami de conciertos (Auditorio Baluarte, Hotel 3 Reyes, Flamenco en los Balcones, Jam flamenca) y actividades paralelas (conferencias, mesas redondas y clases magistrales), que han tenido gran acogida de crítica y público y que consolidan el Flamenco on Fire como uno de los festivales de referencia del año flamenco.