Richard Dreyfuss; «Me gusta alternar el cine con el teatro, porque es gratificante el calor del público»

Oscar de Hollywood y Globo de Oro por «La chica del adiós», ha trabajado con los mejores directores del mundo y nos mantuvo en vilo junto a Roy Scheider y Robert Shaw en «Tiburón», sin olvidar «Encuentros en la tercera fase». Richard Dreyfuss es su nombre y habla en exclusiva para ABC de su último filme, «El viejo que leía novelas de amor», que se acaba de estrenar.

Madrid. José Eduardo Arenas
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La novela de Luis Sepúlveda, «El viejo que leía novelas de amor» es un proyecto que el productor español Iñaki Núñez ha encarado junto a Michelle de Broca cuando los derechos que éste último tenía sobre la obra estaban a punto de caducar. De Broca había pensado en Jean-Jacques Annaud, pero se interpusieron varios compromisos del cineasta, como «Siete años en el Tíbet» o «Enemigo a las puertas» y así surgió la producción entre ambos, dirigida por el holandés Rolf de Geer.

—¿Sabía que estaba previsto que esta cinta la rodara Jean-Jacques Annaud?

—Al principio no lo sabía, pero una vez leído sentí tal fascinación por la originalidad del mismo, que no puede negarme a interpretarla, ya que guiones tan diferentes al resto son cada vez más difíciles que lleguen a nuestras manos. Inmediatamente me puse en contacto con los productores, Iñaki Núñez y Michello de Broca, para decirles que me había entusiasmado y me ponía a su disposición para iniciar el rodaje en la fecha acordada. Entonces Núñez me comentó que habían comprado los derechos de la novela una vez finalizado el periodo de cinco años que tenía Jean Jacques Annaud para rodarla, pues Annaud firmó tiempo atrás un contrato con la Columbia por tres películas, y ya no podía hacer ésta.

ÍNTEGRO Y PRIMITIVO

—¿En qué se diferenciaba el guión con respecto a otros?

—En primer lugar, y como acabo de decir, su originalidad, y después mi personaje, un ser íntegro, muy primitivo pero a la vez muy inteligente, que sigue siempre las leyes de la Naturaleza defendiendo el equilibrio natural entre la selva, los animales y el hombre. Además, en la película se habla de uno de los motores de la vida, el que considero primordial: el amor.

—¿Le resultó duro el rodaje en Guayana Francesa?

—Antonio José Bolívar, mi personaje, es un hombre que ha vivido toda su vida en la selva. Allí ha aprendido a conocer y a respetar tanto a la naturaleza como a sus animales, sin olvidar el perfecto equilibrio ecológico. La fascinación de su personaje viene dada por su corazón de oro, por su capacidad para enfrentarse al hombre blanco que intenta agredir y romper esa armonía, y su lado humano, lleno de ternura, cuando aprende a leer esas «novelas de amor». Para mí ha significado el papel más humano y bonito que he rodado hasta la fecha.

—¿Le resultó duro el rodaje en Guayana Francesa?

—Lo fue y mucho, soportamos temperaturas de hasta 47 grados, y una humedad del cien por cien. En algunos momentos parecía como si estuviéramos metidos en un baño turco, con un sudor insoportable, sin olvidar el peligro de todos los animales de la selva que nos hacían vivir en permanente tensión.

—¿Que piensa de un profesional tan considerado como Gil Parrondo, que se ha encargado de la decoración y ambientación del filme?

—Cuando supe que Parrondo iba a ser el «art designer» de la película, me llevé una gran alegría ya que en Estados Unidos es un hombre muy conocido y respetado, con dos Oscar por «Patton» y «Nicolás y Alejandra», si no recuerdo mal, además de su extraordinaria relación profesional en varias de las más destacadas realizaciones de David Lean, George Cukor o Samuel Bronston...

CINE O TEATRO

—Su carrera como actor es brillante tanto en el cine como en el teatro, ¿disfruta igual con la dirección y la producción, como ha hecho a veces?

—Por supuesto que disfruto, aunque se trata de dos medios muy diferentes pero a la vez son complementarios. Me gusta alternar el cine con el teatro, porque sentir el calor del público en la primera fila es muy gratificante.

—Ahora mismo rueda un filme como director, ¿cómo dirige a actrices como Anne Archer y Carrie Fisher?

—Actualmente estoy trabajando con ellas, pero no puedo decir nada sobre la película por expresa decisión de los productores.

—¿Dónde es más agradecido el público para un actor de teatro: Londres, Broadway o Los Ángeles?

—No sabría qué decir ya que todo depende de la obra que interpretas, pero son las tres ciudades más importantes del mundo para la escena. Precisamente en Londres fue donde leí el guión de «El viejo que leía novelas de amor», mientras representaba al lado de Marsha Mason «El prisionero de la Segunda Avenida», escrita por su marido, Neil Simon.

—¿Se ha dejado muchos metros de piel para conseguir una filmografía como la suya?

—Evidentemente. Cada película que acepto es porque su personaje siempre me parece que tiene algo original y diferente que lo hace atractivo para un actor. Siempre me han gustado las interpretaciones que suponen un reto personal.

—Ha conseguido los premios más ansiados por un actor ¿Qué le queda por conseguir?

—La verdad es que no ambiciono premios. Pero estoy feliz por haber ganado el Óscar, el Globo de Oro y el Premio Bafta.

—¿Pesa sobre su conciencia el habernos aterrorizado con «Tiburón» y dejarnos con ganas de irnos en la nave de «Encuentros...»?

—Me lo han dicho infinidad de voces, y me gusta que sigan hablando, porque se trataba de angustiar al espectador y se consiguió plenamente. Además son dos títulos muy importantes y queridos en mi filmografía y en la historia del Cine.