Reválida con sobresaliente

DANZABallet Nacional de EspañaCoreografías: «Elegía-Homenaje (a Antonio Ruiz Soler)» (J. Antonio / Joaquín Turina) y «El Café de Chinitas» (J. Antonio / García Lorca). Dirección: José Antonio

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Ballet Nacional de España

Coreografías: «Elegía-Homenaje (a Antonio Ruiz Soler)» (J. Antonio / Joaquín Turina) y «El Café de Chinitas» (J. Antonio / García Lorca). Dirección: José Antonio. Intérpretes: Ballet Nacional de España, Esperanza Fernández, Chano Domínguez. Lugar: Teatro Real, Madrid

JULIO BRAVO

El Ballet Nacional de España, guardián principal de uno de los mayores tesoros artísticos de nuestra cultura, la danza española, ha vuelto al Teatro Real con un programa que vio la luz hace tiempo y que ya se presentó incluso en el teatro de la Zarzuela hace casi dos años. No sorprende, sin embargo, que para esta puesta de largo que supone cada actuación en el Real, haya querido José Antonio, director de la compañía, volver a poner en pie este programa que es, sin duda, uno de los mejores espectáculos que ha presentado el Ballet Nacional en su trayectoria de treinta años.

«Elegía-Homenaje (a Antonio Ruiz Soler)» rinde tributo al que sin duda alguna ha sido uno de los pilares de la danza española. José Antonio le tuvo entre sus maestros, y con esta coreografía de sabor añejo quiere recuperar una manera de bailar, una manera de sentir y vivir el baile. La danza clásica española vive desde hace unos años en permanente crisis, porque apenas hay compañías que la cultiven y porque el flamenco es un arte fagocitador. Por eso es tan reconfortante ver piezas como esta «Elegía», de elegancia antigua, gusto y distinción, bien vestida (los figurines de Pedro Moreno son espléndidos) y muy bien bailada. No se entiende, sin embargo -no es admisible-, que no haya una orquesta en el foso y que Turina suene enlatado en el Teatro Real.

«El Café de Chinitas» es ejemplo perfecto de lo que debe hacer el Ballet Nacional. Con la recuperación de los telones que Salvador Dalí realizó para La Argentinita, se teje una historia que tiene como banda sonora las «Canciones populares» de Lorca (armonizadas con brillantez por Chano Domínguez y cantadas con dominio por Esperanza Fernández); el propio Café, donde Paquiro desafió a su hermano, se abre en el escenario en una coreografía hermosa, llena de sugerencias, cautivadora, intenso y magnético.