Arturo Fernández, en una entrevista para ABC en 2014
Arturo Fernández, en una entrevista para ABC en 2014 - ABC

El retrato insólito de Arturo Fernández

El actor asturiano, que ha muerto a los 90 años, actuó hasta hace seis meses en la comedia «Alta seduccción»

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«Yo soy como soy. Asturiano, sin dobleces, con sentido del humor. Procuro nunca molestar a nadie, no suelo hablar mal de nadie, salvo cuando me rompen las narices, pero eso suele ser cuando se habla de política. Soy una persona muy auténtica. Mi madre me decía que era un inconsciente. Me acuerdo mucho de ella... Soy, sinceramente, una persona muy primitiva, y creo que nunca le he hecho daño a nadie... Bueno, tal vez a alguna mujer a quien no haya besado».

Con estas palabras se definía Arturo Fernández en una entrevista con ABC hace ocho años. Superados los ochenta, el actor seguía anclado en su papel de eterno galán, que ha mantenido hasta el final de sus días: con la comedia « Alta seduccción» ha permanecido en escena hasta hace unos seis meses; los problemas derivados de un tumor en el estómago le obligaron primero a bajarse de las tablas y han originado su muerte, a los noventa años. Tras el velatorio celebrado ayer en la localidad madrileña de Alcobendas, los restos mortales de Arturo Fernández serán trasladados al Teatro Jovellanos de su ciudad natal, Gijón, donde sus paisanos podrán despedirse de él.

Nunca se sabrá cuánto había en la desenvoltura de Arturo Fernández de ser humano o de personaje; cuándo terminaba uno y comenzaba el otro. «Mis personajes son mucho más simpáticos, más guapos y con más dinero que yo. El verdadero Arturo Fernández es un hombre mucho más tranquilo», decía hace unos meses.

«Creo que el público percibe que él es mi prioridad, que intento no defraudarle nunca», decía en una entrevista a ABC

Y es que el actor asturiano fallecido ayer llevaba mucho tiempo convertido en un género teatral en sí mismo. Admirado abiertamente por el público y en la intimidad por muchos compañeros de profesión (sus ideas políticas y su manera de entender el teatro provocaban rechazo en el mundo de las tablas), Arturo Fernández fue un francotirador de nuestra escena fiel a sus convicciones, ya fueran políticas o teatrales. Nunca ocultó, hablando de las primeras, su simpatía por la derecha; y en cuanto a las segundas, tenían un solo credo: los espectadores. Por ellos levantaba el telón todos los días, pensando en ellos montaba sus funciones: «Sinceramente –decía– creo que el público percibe que él es mi prioridad, que intento no defraudarle nunca, que montaje tras montaje intento superarme en todo: texto, puesta en escena, dirección... Para sorprenderle, para hacerle pasar dos horas muy gratas llenas de humor elegante y también de emoción. Sabe el tesón, el esfuerzo y la coherencia que hay detrás de mi trabajo».

Escena familiar con sus hijos María Isabel y Arturo, y su perro Jandro
Escena familiar con sus hijos María Isabel y Arturo, y su perro Jandro - ABC

Hijo de una humilde familia asturiana –su padre, líder sindical anarquista, tuvo que exiliarse tras la Guerra Civil–, Arturo Fernández Rodríguez nació el 21 de febrero de 1929. Probó fortuna en el fútbol y en el boxeo (lo dejó porque no le gustaba que le pegaran, claro), y a los 19 años se mudó a Madrid «con 625 pesetas en el bolsillo». Trabajó en una sastrería (lo que explica muchas cosas). Para lograr un sobresueldo, entró en el cine como extra. Su apostura hizo que le dieran papeles de «extra distinguido», hasta que Julio Coll, en 1956, le hizo coprotagonista de «Distrito V». En su currículum cinematográfico figuran más de sesenta y cinco películas; entre ellas «Currito de la Cruz», «La casa de la Troya», «No desearás la mujer de tu prójimo», «Tocata y fuga de Lolita», «La tonta del bote» o «Truhanes», convertida luego en serie de televisión, también protagonizada por él. Para este medio trabajó también, siendo su intervención más recordada «La casa de los líos».

«Arturismo»

Fue en el teatro donde encontró su hogar desde que debutara a mediados de los años cincuenta de la mano de figuras como Rafael Rivelles o Conchita Montes. Tras obras como «¿Quién soy yo?», de Juan Ignacio Luca de Tena, o «Dulce pájaro de juventud», de Tennessee Williams, creó su propia compañía de comedias e inauguró el «arturismo». El público, fundamentalmente femenino, iba al teatro, entre otras cosas, a ver cómo lucía los trajes el actor, epítome de elegancia. Por ello causó conmoción cuando en 1983, en la obra «La chica del asiento de atrás», el actor exhibía ante el público su trasero desnudo.

«Lo mío es la comedia –aseguraba–, aunque no me puedo olvidar de “¿Quién soy yo?”, la obra que supuso el gran espaldarazo a mi carrera. Combinaba comedia con drama y situaciones realistas. Pero después comprendí que mi camino era la comedia. Y no me equivoqué. Me ha dado grandes satisfacciones».

Para él tan importante era decir bien el texto como llevar impecablemente planchada la camisa

Arturo Fernández fue toda su vida un seductor, dentro y fuera de los escenarios; aunque, leyendas al margen, solo hubo dos mujeres en su vida (además de su madre): María Isabel Sensat Marqués, con la que estuvo casado once años y con la que tuvo tres hijos: María Isabel, Arturo y María Dolores; y Carmen Quesada, una abogada a la que se unió en 1980 y con la que ha estado hasta el último momento.

Para él tan importante era decir bien el texto como llevar impecablemente planchada la camisa. «Yo sigo siendo fiel a mí mismo. Las comedias que interpreto son de bulevar, de glamour, de champán, de Chanel número 5. Es lo que busca el público en mis funciones, y le debo fidelidad. Yo sería incapaz de cambiar de género porque siempre soy Arturo Fernández. Mis comedias nunca son chabacanas, ordinarias ni groseras, son altísima comedia.... Es el género más difícil de interpretar. Y mi seguidores esperan este tipo de teatro; podrá gustarles más una comedia que otra, pero nunca saldrán defraudados del teatro porque existe una gran profesionalidad cuando se levanta el telón. Yo vivo para mi profesión, es mi gran amante, le dedico las veinticuatro horas al día porque es una profesión que me gusta».

Al pie del cañón

«La tercera palabra», «La playa vacía», «Homenaje», «La chica del asiento de atrás», «La segunda oportunidad», «Pato a la naranja», «Mejor en octubre», «Alta seducción», «Esmoquin», «La montaña rusa», «Los hombres no mienten», «Enfrentados»... Son algunos de los títulos que protagonizó sobre el escenario; la mayoría dirigidos por él mismo, y alguno escrito incluso para él.

Arturo Fernández con Paco Rabal, en «Truhanes»
Arturo Fernández con Paco Rabal, en «Truhanes» - ABC

Respetaba su oficio, que le hacía estar, a los noventa años, al pie del cañón. ¡Y haciendo papeles de galán! Su «chatín», repetido como un estribillo una y otra vez a sus interlocutores, era la carta de presentación de un hombre educado, afable. De un caballero asturiano con un extraordinario y fino sentido del humor. Solo así se entiende que hace unos pocos años decidiera reírse de sí mismo y de su personaje y se pusiera a las órdenes de Albert Boadella en «Ensayando Don Juan», donde encarnaba a un galán trasnochado. O que, cuando se le preguntara por el clergyman que vestía en «Enfrentados», donde encarnaba a un cura bon vivant, contestara: «Creo que el Vaticano ha mandado un emisario para ver cómo voy yo y cómo hablo en el púlpito. Y el traje está hecho a medida. No tolero un Cornejo o un Peris... Nada de traje de alquiler. Aunque sea un sacerdote».

«¿Por qué no se alargará la vida ahora que empiezo a disfrutar tanto?», decía ya en 2014

Era septiembre de 2014, y en aquella entrevista ya había un poso de melancolía: «Soy consciente de que la vida se acaba, y daría cualquier cosa por que se descubriera esa pastillita para quitarse quince años de golpe. Yo amo la vida por encima de todas las cosas. Y soy un poco como los futbolistas, que cuando tienen 34 años es cuando mejor juegan, pero es cuando tienen que retirarse; a mí me pasa un poco eso. ¿Por qué no se alargará la vida, ahora que la empiezo a disfrutar tanto? Cuando ya eres mayor, ves que te has preocupado por cosas que no tenían ninguna importancia, y ahora quieres acogerte a las cosas importantes y disfrutarlas, que no se te escapen».