Srinivasa Ramanujan
Srinivasa Ramanujan - ABC
Raros y malditos

Ramanujan, el matemático indio tocado por los dioses

Despreciado por su origen indio, fue un genio del análisis matemático y de la teoría de los números. Logró ser elegido miembro de la Royal Society y del Trinity tras deslumbrar por sus conocimientos en la Universidad de Cambridge. Educado en la cultura de los brahmanes, creía que su saber era dictado por una diosa familiar

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Murió a los 32 años tras una penosa vida de sufrimiento físico y contratiempos, pero, un siglo después de su muerte, su monumental legado sigue inspirando a los científicos de nuestro tiempo. Srinivasa Ramanujan, nacido en Madrás en 1887, fue un autodidacta precoz con aportaciones a la teoría de los números, el análisis matemático y las llamadas fracciones continuas que tardaron años en ser comprendidas por sus colegas.

Nacido en el seno de una familia de brahmanes, Ramanujan viajó desde su India natal a Londres en 1914 tras aceptar una invitación de la Universidad de Cambridge. Tenía 27 años. A pesar de la incomprensión de muchos profesores y tras sufrir prejuicios racistas, logró ser elegido miembro de la Sociedad Matemática de Londres y, poco después, de la Royal Society y académico del Trinity College.

La historia de Ramanujan es una epopeya de la voluntad humana porque su familia pasó por numerosas penalidades, entre ellas, la muerte de tres hermanos. Tuvo que abandonar la escuela y cambiar de residencia para subsistir. Su padre era un modesto vendedor de telas.

Estuvo a punto de fallecer de viruela y fue operado de una inflamación de los testículos que le dejo secuelas. Pero, desde edad muy temprana, Ramanujan demostraba una prodigiosa intuición para los números, de suerte que sus profesores eran incapaces de comprender sus desarrollos cuando tenía 14 años. Poseía la habilidad por aquel entonces de multiplicar cifras de cinco números en unos pocos segundos.

Ramanujan había sido educado en una estricta tradición religiosa, de suerte que estaba imbuido de la cultura brahman. Hasta el último día de su vida, mantuvo una fe inquebrantable hacia esos principios. Tras cinco años de ausencia, volvió a su país unos meses antes de morir en 1920. Se había casado en su adolescencia con una niña de 10 años.

El matemático hindú trabajó codo a codo en Cambridge con su protector y colega Godfrey Hardy, que fue el primero en intuir su talento. Hardy era ateo y racionalista, por lo que tenía dificultades en comprender la intensa religiosidad de Ramanujan. «Una ecuación para mí no tiene sentido si no representa un pensamiento de Dios», le confesó a su escéptico amigo.

Ramanujan consideraba que sus facultades provenían de una deidad familiar y estaba convencido de que era una diosa quien le dictaba en sueños sus descubrimientos. Hardy creía que sus aportaciones estaban a la altura de Euler y que era el mejor matemático de su tiempo. Los hechos le dieron la razón porque el hindú, despreciado por su origen, siempre iba un paso por delante de todas las eminencias de Cambridge y Oxford.

Hoy existen decenas de estudios académicos sobre su obra, se han realizado películas y documentales y todos los matemáticos reconocen su deuda con este genio.