El hispanista español Rafael Altamira en 1910
El hispanista español Rafael Altamira en 1910 -  Vicente Barbera Masip

Rafael Altamira, un hombre fundamentalmente bueno cuyo legado está vivo

Este año se conmemora el 150 aniversario del nacimiento del historiador, hispanista, jurista, pedagogo, humanista y político

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El historiador, hispanista, jurista, pedagogo, humanista y político Rafael Altamira, de quien se conmemora este año el 150 aniversario de su nacimiento, «está vivo», porque el legado de este hombre «fundamentalmente bueno» se mantiene «en el tiempo y es actual», según ha dicho su nieta, Pilar Altamira.

Pilar Altamira ha hecho estas declaraciones a EFE con motivo de la publicación del libro «El entorno de Rafael Altamira», escrito por ella y en el refleja, entre otros aspectos, las influencias que el humanista (Alicante, 1866- México D.F., 1951) recibió de sus padres y su familia. «Afortunadamente, existen bastantes biografías sobre mi abuelo, pero no había ninguna» hasta ahora que «hablara» de su ámbito familiar, ha revelado Pilar Altamira, quien ha dedicado varios meses a investigar en archivos de diferentes ciudades para realizar este trabajo. «El entorno de Rafael Altamira», editado por la Universidad de Alicante (UA), ha sido presentado este mediodía en un acto institucional en el que se han dado a conocer las actividades programadas para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento de Rafael Altamira, que se celebrarán desde marzo hasta junio.

La UA, los ayuntamientos de Alicante y El Campello, el Instituto Alicantino de Cultura (IAC) Juan Gil-Albert y el Instituto de Enseñanza Secundaria «Jorge Juan» colaboran de forma conjunta en esta iniciativa. La programación incluye presentaciones de libros, la proyección de un documental sobre el homenajeado, conciertos, dos exposiciones divulgativas sobre su vida y obra, la puesta de una placa en su casa natal, en la calle Cienfuegos, y una visita guiada por el Alicante de Rafael Altamira. Su nieta no conoció personalmente a Rafael Altamira porque él murió en el exilio en México y ella nació después de la Guerra Civil española, por lo que solo ha tenido con su abuelo un contacto «espiritual», ha señalado. «El primer libro que escribí sobre él se titula, justamente, 'Los diálogos con Rafael Altamira', porque yo, a mi manera, he hablado con él», ha confesado.

De la faceta de su abuelo como persona, ha resaltado que, «aparte de ser una lumbrera intelectualmente hablando», que abarcaba «todos los campos del saber», él quería ser recordado «fundamentalmente como un hombre bueno». «Ésa es un poco la herencia que nos ha dejado a sus sucesores y creo que era así: un hombre muy justo, pacifista cien por cien (fue nominado al Nobel de la Paz, pero no lo obtuvo porque murió el mismo año en el que se fallaba la propuesta o candidatura) y, eminentemente lo que preconizaba era la democracia, la libertad, la justicia; en fin, todos esos valores», ha subrayado. Según su nieta, Rafael Altamira pertenece, junto a otros «auténticos luces del saber y de la cultura española», como Francisco Giner de los Ríos y Vicente Blasco Ibáñez, que eran amigos suyos, a una generación de «ilustrados» que, a su juicio, es «muy difícil» que se pueda repetir en la actualidad.

Pilar Altamira, quien reside en Madrid, aunque está vinculada a El Campello, donde suele pasar temporadas, lleva al frente del legado de su abuelo más de treinta años y considera que «se ha hecho muchísimo» sobre su figura y obra tras una etapa, la de la dictadura franquista, en la que «fue silenciado totalmente y sus libros se retiraron de las librerías» en una especie «de acoso y derribo». «Me propuse sobre mi cadáver que levantaba esa losa de silencio que había y creo que, efectivamente, se ha conseguido mucho: ahora no hay congresos sobre historia o jurisprudencia que no se hable de Rafael Altamira», ha indicado. «Además, hemos reeditado una docena de libros básicos de él y continuamente la gente está haciendo doctorados y trabajos. En fin, yo creo que está vivo», ha subrayado.

En «El entorno de Rafael Altamira», su autora asegura que su abuelo fue «un típico 'hombre del Renacimiento': historiador y reformador de la enseñanza de la historia, juez permanente del Tribunal de Justicia Internacional de La Haya (desde 1920 hasta su cierre por la invasión nazi) y el que redactó sus Estatutos". También fue «colaborador estrecho de Giner de los Ríos en la Institución Libre de Enseñanza; político» (senador por Valencia) y «estuvo propuesto por Manuel Azaña para presidente de la II República», rememora su nieta en este libro. Entre 1933 y 1951, año de su muerte, «fue propuesto, y la propuesta aceptada, para el Premio Nobel de la Paz. A su muerte, la BBC de Londres anunció: 'Ha muerto el intelectual español más completo de su tiempo'».