¿Quién decide las palabras del Diccionario? De la «a» a la «Z», todo lo que debes saber de la RAE

Por el nombramiento de su nuevo director, Santiago Muñoz Machado, desde ABC queremos mostrar algunos datos y curiosidades acerca de esta venerable institución fundada en 1714. ¿Cobran los académicos? ¿Cuánta financiación pública reciben? ¿Cuántas académicas hay? ¿Se sientan en orden alfabético o a la buena de Dios?

MADRID Actualizado: Guardar
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El jurista Santiago Muñoz Machado acaba de tomar posesión de su cargo como nuevo director de la Real Academia Española, y desde ABC queremos mostrar algunas curiosidades y datos acerca de la actualidad de esta venerable institución fundada en 1714 y con sede madrileña en la Calle Felipe IV.

Para empezar diremos que, a mediados de este enero, hay 44 académicos de número más 2 en lista de espera (el helenista Carlos García-Gual y el dramaturgo Juan Mayorga), lo que suma un total de 46 nombres que no completarían numéricamente la suma doble de las letras mayúsculas y minúsculas del abecedario español. Hay 27 letras, por lo que debería haber 54 sillas (para las mayúsculas y las minúsculas). Pero, tradicionalmente, hay letras que nunca se han ocupado como la w y su mayúscula W, por ejemplo.

Seguiremos diciendo que de los 44 (más 2 académicos pendientes) que hay, solo 8 son mujeres. Esto supondría una proporción de una erudita por cada siete eruditos, más o menos. A cambio, diremos que desde 2010 se han incorporado 6 mujeres y 10 hombres, por lo que la paridad se acerca más que en tiempos pretéritos. Esta institución nunca en su historia ha sido dirigida por una mujer. De hecho, de las Reales Academias, solo la de la Historia (RAH) está dirigida por una mujer, Carmen Iglesias, que también pertenece a la RAE.

Presupuesto, salarios, dietas...

Según informó hace unos días Europa Press, los nuevos Presupuestos del Gobierno incluyen un incremento del 2,8% (48.000 euros) en su aportación a la RAE, que así ascendería hasta los 1,7 millones de euros. A pesar de este aumento, la dotación ministerial ni se parece a la que recibía antes de la crisis, pues en 2008 ingresó 4,1 millones de euros del erario público.

La aportación pública (estos 1,7 millones de euros), solo supone un 20% del presupuesto total de la RAE, que gira en torno a los 7 millones de euros. El resto lo consigue a través sus proyectos y de las aportaciones privadas. Ahí está, por ejemplo, la Fundación pro RAE, que en 2018 aportó 1,1 millones de euros. Además, la venta de diccionarios, que en el tiempo del papel suponía un montante considerable, y que ahora tendrá que ser sustituida por otros negocios como Enclave RAE, una herramienta de aprendizaje del español. En cuanto a las aportaciones, destacan patrocinadores como Obra Social La Caixa o Inditex, por ejemplo.

Así con todo, Muñoz Machado afirmó en delcaraciones a Europa Press que no veía «imposible» lograr un 100% de autofinanciación, a pesar de que la RAE cerró el 2018 con un déficit que rozaba los 2 millones de euros.

¿Y cuánto cobra cada uno de los académicos que todos los jueves se reúnen para sentar cátedra (hay muchos catedráticos metidos) sobre cualquier aspecto relacionado con las palabras y expresiones del español? No cobran. Reciben 140 euros en dietas por sesión, según contó Villanueva a Europa Press en mayo del pasado año, cuando también precisó que se reúnen una media de dos veces por semana (aparte del jueves como día fijo hay comisiones paralelas). Hay puestos, como el director, en el que sí que se cobra. En total son 85 trabajadores en estos momentos, pero llegaron a ser 100. Durante la crisis, se recortaron salarios, se favorecieron jubilaciones y se rebajaron las dietas de los académicos.

En el salón de plenos donde se reúnen los académicos, con sus distinguidos sillones marcados con las letras mayúsculas y minúsculas del alfabeto, encontraremos un docto colectivo humano con una media de edad de 76 años. Y 14 años de media allí como académicos. El más joven, el chaval, es Juan Mayorga. Y el más mayor es el filólogo Francisco Rodríguez Adrados. Como apunte, diremos que los sillones singularizados con las letras no están colocados siguiendo el orden alfabético sino que rige el desorden.