Carmen Martín Gaite trabajó hasta el fin de su vida en «Los parentescos», que se publica inacabado. ABC

A punto de ver la luz la novela inacabada en la que Martín Gaite trabajó hasta su muerte

Cuando Carmen Martín Gaite murió en julio del pasado año no se fue con las manos vacías y no sólo porque dejaba una gran y diversa obra tras de sí. La escritora murió con unos cuadernos en los brazos. En sus páginas, el manuscrito de una novela, «Los parentescos», que dejó inacabada y que verá la luz dentro de escasas semanas. Diecisiete capítulos componen la primera parte; la segunda, cuatro.

MADRID. Trinidad de León-Sotelo
Actualizado:

No será esta obra, que editarán Anagrama y Círculo de Lectores, aunque sea la más interesante por su inmediatez en la escritura, la que llegará a los lectores antes de la primavera de la mano de la imaginación creadora de Martín Gaite. Un volumen titulado «Poemas» (Plaza & Janés, Círculo de Lectores) conteniendo un cederrón con la voz de la autora, amén de las páginas en las que figuran sus versos en treinta y cinco poemas, tantos como fotografías inéditas de la escritora, aparecerá en breve. De los poemas, sólo dos son inéditos. El resto es conocido, aunque la última edición data de 1996 y se encuentra en Hiperión.

En Ana María Martín Gaite, el cariño y la admiración por su hermana se funden en un sentimiento lo suficientemente fuerte como para ayudarle a vivir la ausencia de un ser tan adorado como Carmen. Curiosamente, en contra de lo que era su costumbre -la novelista decía que no hablaba de un libro hasta que estaba de ocho meses de él- Ana María recuerda ahora que en el pasado mayo, su hermana le comentó que si le apetecía iba a leerle lo que estaba escribiendo.

CREACIÓN AGITADA

«Mi sorpresa fue grande, evoca, y le comenté que no era lo habitual en ella. Me gustó muchísimo lo que conocí entonces y me pareció que su estilo era especialmente original. El protagonista de la historia es un niño que tiene una difícil relación de parentescos diferentes y narra lo vivido cuando ya tiene dieciocho años». La historia transcurre, una circustancia tan querida para la novelista, en una ciudad de provincias. Carmen, Carmiña, llegó a confiarle que estaba pensando en escribir algo parecido a lo que hacían los novelistas del siglo XIX: una novela por entregas. No pudo ser. Alcanzó a escribir cuatro capítulos más en El Boalo, donde está enterrada y se encuentra la finca familiar, a la que la escritora quiso ir cuando ya se encontraba enferma, aunque desconocía la naturaleza de su mal.

Cuando estaba en el hospital madrileño le pidió a su hermana que fuera a recoger los cuadernos y de hecho murió agarrada a ellos. Ana Maria rememora aquellos días de creación agitada «porque ya en el campo parecía darse cuenta de que la novela le podía en el sentido de que era más lo que le bullía en el cerebro, y le bulló hasta el final, que lo que podía plasmar».

Pasó el fatídico 23 de julio de 2000, día en el que Carmen falleció, y pasaron más días, y a Ana María Martín Gaite aquellos cuadernos le quemaban las manos.

—¿Por qué?

—Necesitaba liberarme del peso de aquella angustia, porque la vi sufrir mucho con ellos y me hacían sufrir a mí. Decidí entregárselos a Jorge Herralde, y le gustaron.

Lo que sí conserva Ana María son las notas primeras de lo que iba a ser «Los parentescos» y que, en principio, nació como un cuento, que iba a llamarse «El niño cúbico», pero la historia y la idea crecieron y su creadora aceptó, como siempre, el reto. «Siempre vibró cuando escribía, se volcaba en lo que hacía», recuerda Ana. Los lectores de su hermana lo saben.

La historia de los poemas comenzó hace tiempo en una revista universitaria salmantina, «Trabajos y días», donde publicó los primeros. Decía que le gustaba recitarlos en voz alta, algo que consiguió andando el tiempo Alberto Pérez, cantante y director de «Avizor Records», convenciendo a Carmen para que gabrara un cederrón, que apareció el pasado año. Pero fue Jesús Munárriz el que la alentó para que publicara en Hiperión «A rachas» (1976). El «librito», como ella lo llamaba, tuvo buena acogida -«aunque minoritaria como era de esperar», tratándose de poesía habría que añadir- y en 1993 alcanzó la cuarta edición, datando la última de 1996. Se le habían ido añadiendo tantos versos que el libro pasó a llamarse «Después de todo», pero con el subtítulo siempre de «Poesía a rachas». En el volumen «Poemas», que ahora aparece, se incluyen dos inéditos, «Tres eran tres» -que cantó Amancio Prada- y «Hace tanto tiempo», escrito en las Navidades de 1998. Las treinta y cinco fotografías inéditas reflejan el paso por la vida en muy distintas etapas de una mujer que convirtió la literatura en algo tremendamente amado. Desde su primer y juvenil texto tuvo la «prematura intuición del privilegio que supone estar viva».