Don Felipe, durante el discurso que ha pronunciado en la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2012 - REUTERS
PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS 2012

El Príncipe llama a recuperar los «valores extraviados en los últimos tiempos»

Don Felipe anima a «superar los desencuentros preservando los afectos» en uno de sus más importantes discursos, que fue acogido con una larga ovación de todo el teatro Campoamor

ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS
OVIEDO Actualizado:

«Los españoles vivimos momentos decisivos de nuestra historia. Estamos obligados a dar, cada uno, lo mejor de nosotros mismos». Con estas palabras el Príncipe de Asturias ha terminado el contundante llamamiento a la responsabilidad y a la convivencia entre los españoles que ha realizado esta tarde en el Teatro Campoamor, de Oviedo, durante la entrega de los Premios Príncipe de Asturias.

Una ceremonia que presidió acompañado por Doña Letizia y que la Reina siguió desde el palco de honor y en la que no faltaron, en las puertas del teatro, las habituales protestas contra los recortes de los últimos tiempos. De esta forma, en las calles de Oviedo, el sonido de las gaitas y los aplausos mayoritarios de los asturianos se mezclaban con el ruido de las bocinas de quienes quisieron aprovechar el momento mediático que suponen estos premios para hacerse oír y ver. Dentro del teatro, también hubo palabras para ellos, como para tantos españoles que están sufriendo las peores consecuencias de la crisis.

Tiempos complejos y difíciles

Después de entregar los premios y de glosar la figura de cada uno de los galardonados, Don Felipe hizo una serie de reflexiones sobre la España actual y «la España que queremos en este siglo XXI». «Son tiempos extraordinariamente complejos y difíciles», afirmó, pero «también son tiempos de mirar hacia el futuro con esperanza y con responsabilidad, tiempos para la convivencia».

En uno de los discursos más importantes de cuantos ha pronunciado hasta ahora, el Heredero de la Corona instó a los políticos a «encauzar y dar respuesta a los graves problemas que vivimos» y les recordó «los sacrificios que están haciendo tantos españoles». También reivindicó una serie de «valores extraviados en los últimos tiempos», como la ética, la generosidad y el esfuerzo.

Superar los desencuentros

Y, sin citar expresamente a Cataluña, salpicó su discurso de llamamientos a «trabajar unidos», a la «integración», a «caminar en la misma dirección», a «superar los desencuentros»... Don Felipe evitó la palabra unidad, tan trillada en los últimos tiempos que se ha quedado hueca de significado, y renovó el mensaje con sinónimos menos manoseados. Así, llamó a construir un futuro «basado en el respeto y la confianza mutua entre todos los españoles y en el que podamos trabajar cada uno con su propia personalidad y con espíritu constructivo en una empresa común, en un mismo proyecto de convivencia».

El Príncipe también defendió los cimientos del actual sistema, que ha propiciado la mejor etapa de la historia de España: «Todos conocemos muy bien el valor de la convivencia», dijo y recordó que desde 1978, año que se aprobó la Constitución, «millones de españoles hemos sido educados en libertad y democracia; hemos aprendido a expresar nuestras opiniones y a escuchar y valorar ideas distintas a las nuestras; también a resolver nuestras diferencias respetando las leyes en el marco de nuestro Estado de Derecho, que tantos sacrificios nos ha costado alcanzar». A lo largo de la democracia, subrayó, los españoles han acumulado un patrimonio extraordinario de libertad, de respeto y de civismo, como nunca antes en nuestra Historia, que debemos cuidar, proteger y -como en toda obra humana- acrecentar y perfeccionar».

Caminar en la misma dirección

También animó el Príncipe a «superar los desencuentros» con una decidida voluntad, pero «preservando los afectos y manteniendo vivas las emociones y los sentimientos que compartimos, forjados a través de nuestra larga historia común». «El mundo -advirtió- avanzará cada vez más hacia una mayor integración política y económica. Esto supone afrontar enormes desafíos que solo podremos superar e influir en ellos a nuestro favor, si todos los españoles colaboramos y caminamos en la misma dirección».

Don Felipe terminó sus palabras con una reafirmación de su compromiso: «Como Heredero de la Corona desempeño mis responsabilidades con ilusión, orgullo y plena confianza en nuestro futuro; y procuro -he procurado desde siempre-, servir a los intereses generales de España con vocación y espíritu integrador. Es, sin duda, mi obligación, es mi deber; pero es también mi convicción. Es lo que pienso, lo que siento y en lo que creo».