El Primavera Sound se consagra como epicentro del rock independiente
Jarvis Cocker durante su actuación / Foto tomada de primaverasound.com

El Primavera Sound se consagra como epicentro del rock independiente

Jarvis Cocker, Dan Deacon Ensemble, Bloc Party y Throwing Muses brillaron anoche en la segunda jornada del festival barcelonés

DAVID MORÁN | BARCELONA
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Existen infinidad de caminos para llegar al rock, y casi todos acabaron confluyendo anteanoche a un mismo sitio: el Parc del Fòrum del Barcelona. En su segunda jornada, el Primavera Sound volvió a ser un campo de batalla que inclinó la balanza a favor de las propuestas más extremas y desafiantes. Sobre el papel, el viernes tocaba festín de pop y rock británico a cargo de nombres como Jarvis Cocker, Bloc Party, Saint Etienne y Spiritualized, pero al final fueron bandas norteamericanas como Fucked Up, Shellac, Dan Deacon y una renacidas Throwing Muses, gloriosa clase media de un festival en el que las distancias son cada vez más cortas, las que acabaron marcando la diferencia. La noche arrancó, como el jueves, con My Bloody Valentine haciendo de nuevo de las suyas en el Auditori y, esta vez sí, desatando la tormenta perfecta. Como en su primera actuación, el segundo pase de los autores de “Loveless” fue una prueba de resistencia física que, con el sonido envasado al vacío en un recinto cerrado, acabó agotando cualquier posible adjetivo. Más alto, más fuerte y mejor. Así de simple. Minutos antes, los neoyorquinos The Pains Of Being Pure At Heart, devotos confesos de los de Kevin Shields, habían empezado a preparar el terreno con un soberbio y adictivo concierto de pop enmarañado y estribillos radiantes que les confirma como grupo revelación del momento.

Jarvis, el superhéroe

En el escenario central, Jarvis Cocker desplegó sus dotes de entertainer jocoso e irónico y, con la excusa de “Further Complications”, su nuevo trabajo, exhibió músculo y fibra de forma casi insólita. La sutileza y elegancia del que fuera cantante de Pulp, arrollada por una robusta colección de guitarrazos. A media actuación, alguien le arrojó una bandera en la que podía leerse “Jarvis, tío bueno”. “Me envolveré en ella como un superhéroe de mediana edad”, bromeó el cantante antes de congelar ligeramente el concierto con una tacada de medios tiempos. Nada que ver con la apisonadora hardcore con la que los canadienses Fucked Up convirtieron el estreno de “The Chemistry Of Common Life” en una trepidante y explosiva exhibición de energía en crudo.

Más o menos lo mismo podría decirse del Dan Deacon Ensemble, imparable batidora sintética que puso patas arriba el escenario Pitchfork con una colorista colisión entre electrónica y extravagancia; entre melodías que rebotaban como una pelota en una máquina del millón y visiones como de unos de Devo pasados de frenada y revoluciones. Sobre el escenario, tres baterías, teclados, vientos, y aparatejos varios obraron el milagro y acabaron por dar alas a una de los actuaciones más sorprendentes del festival.

Ante tanta embestida, la electrónica sedosa de Saint Etienne fue un auténtico bálsamo para los oídos. Sobrios y elegantes, los británicos recuperaron de forma íntegra su primer disco, “Foxbase Alpha”, y viajaron hasta el corazón del dance-pop de los noventa para rematar la jugada con una traca de grandes éxitos coronada por “Like A Motorway”. El respiro, sin embargo, duró poco: entre las dentelladas de Shellac y las sacudidas de unos Bloc Party cada vez más cómodos en su condición de estrellas del post-punk británico, la tregua fue poco más que un espejismo. Por otros escenarios pasaron Spiritualized, con Jason Pierce escoltado por un coro gospel y alternando plegarias al cielo como “Soul On Fire” con erupciones de electricidad crispada; Throwing Muses, que volvieron a la vida para reanimar su fibroso catálogo de indie de los noventa; The Drones, quienes reptaron por el escenario ATP con su rock desértico y calcinado; y un Jason Molina que, al frente de Magnolia Electric Co., firmó el mejor prólogo al remate triunfal de Neil Young.