Fotografía de la serie «Origen», de María Bleda y José M. Rosa - ABC
Arte

María Bleda y José M. Rosa: «Una imagen ha de evocar, no describir»

Son los representantes españoles en la XII Bienal de El Cairo. Su serie «Orígenes» indaga en la configuración del territorio

Javier Díaz-Guardiola
Madrid Actualizado:

Origen, uno de los «frentes abiertos» de la pareja de fotógrafos Bleda y Rosa, Premio Nacional de Fotografía 2008 («lo que no cambió ni nuestra mirada, ni nuestra responsabilidad, ni nos ha facilitado permisos para seguir viajando», puntualizan), quizás sea uno de los proyectos que mejor se acomoda al espíritu de la XII Bienal de El Cairo, cita para la que han sido seleccionados por Elena Aparicio para representar a España: «Su responsable, Ihab Ellaban, planteó una reflexión sobre el proceso evolutivo de la Humanidad –explican–. Origen, en el que nos acupamos de los lugares donde se han producido hallazgos arqueológicos sobre el surgimiento del ser humano, es muy identificable con nuestra forma de mirar el paisaje y de abrazar diferentes tiempos. Ello encajaba muy bien con esa pregunta subyacente del lema de la bienal que se interroga sobre hacia dónde vamos y como el arte contemporáneo se plantea de dónde venimos». Estas son sus claves.

El tiempo transforma los lugares, cuya memoria persiguen, pero también dota de otros sentidos a las palabras con las que nos referimos a ellos.

Por eso los textos que acompañan a las imágenes son clave. Así ha ocurrido con todas las series. Tu contexto, tu conocimiento y tu background influyen en tu manera de percibir un entorno. Contamos con unos saberes adquiridos sobre lo que es un paisaje o una arquitectura. El paisaje es un elemento que contiene muchos referentes, no es solo un espacio natural. Es importante que cuando una persona se sitúa ante una foto sea capaz de descubrir que hay muchas cosas más allá de la misma. Nuestras series acaban abordando de una forma más o menos evidente la relación entre paisaje y cultura, entendida esta no como acumulación de saberes, sino como lo que determina la forma de pensar y actuar de los humanos en su presente. Nos preguntan por qué no hay gente en las fotos, pero en realidad están cargadas de todo lo que las personas han hecho. Paisaje y arquitectura acumulan experiencias en forma de capas «invisibles».

Sin embargo, en estas fotos encontramos elementos que dejan claro que no son tan «atemporales» como otras anteriores.

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En buena parte de las mismas se pueden ver claramente las estructuras que los arqueólogos utilizan. De forma más tímida, cosas similares ocurrían en otras series. Pero aquí hemos buscado que la lectura de tiempos se evidencie. Podemos leer las imágenes desde el tiempo de los arqueólogos, que se conjuga con el teórico en el que el homínido vivió y también con el presente del espectador. Intentamos que las imágenes sean atemporales, para que los tiempos los marque el espectador y, sobre todo, puedan coexistir en su diversidad en la imagen. No estamos muy interesados en describir; a lo que tendemos es a evocar. Queremos que el espectador utilice la imaginación para leer la imagen.

Ha sido recurrente la comparación con la pintura. ¿Eso favorece o prejuzga?

Con Origen nos marcamos referentes que tenían que ver con el tiempo en el que se sucedieron sus acontecimientos, desde Darwin hasta hoy. La representación del territorio en esa época coincidía con el final de la pintura romántica y los inicios de la foto, de ahí las alusiones a Fenton y las primeras expediciones fotográficas hasta llegar, porque forman parte de nuestro background, a Hamish Fulton o los paseantes de land art. Nos sentimos muy cercanos a estos creadores y a los conceptuales de los setenta, pero en cada una de las series nos marcamos algunos referentes, lo que no quiere decir que tengan que acabar siendo formales. Así, no sentimos ningún interés nostálgico por la pintura romántica.

¿Están elevando con sus series el archivo de algo?

Nos movemos en unos registros, por un lado, muy próximos al archivo, por otro, al de documento... Nos interesa el aspecto evocativo de la imagen pero no podemos evitar que también sea descriptiva, que condense más o menos información. Cualquier persona que trabaja con series está generando un archivo, pero este no es ni una obsesión, ni una intención para nosotros. Lo que está claro es que no queremos «monumentalizar» los documentos. Ahora todo el mundo habla de Aby Warburg, y puede que nosotros también estemos recopilando fragmentos y poniéndolos en relación. Pero nos pesa más la idea de Hamish Fulton de recorrer el territorio e ir abriéndolo con lo que hacemos, no sólo física, sino también culturalmente.

¿Por qué la imagen estática y no la videográfica, que aportaría otros niveles de acercamiento a estos espacios, como el sonoro?

Partimos de una formación a la que hemos sido fieles. Eso no significa que nos sintamos solo fotógrafos. Y el sonido es quizás uno de esos elementos presentes en su ausencia tan característicos nuestros. Se queda fuera de campo. Las imágenes estáticas nos funcionan bien. Es al final el espectador el que pone el sonido, el movimiento, los márgenes de la imagen... Si registráramos con vídeo estaríamos más describiendo que evocando. De hecho, los videoartistas que nos interesan son los que usan la cámara casi de forma estática.

¿Qué espacio hay para la implicación personal en esta serie, más evidente en otras?

No queremos hacer todos los hallazgos que hay, que son innumerables; no queremos hacer ese archivo arqueológico. Buscamos los lugares que han hecho tambalear la «verdad» que ha situado el nacimiento del hombre en determinados puntos geográficos. Eso hace que unos ámbitos descarten otros. La foto, por naturaleza, es subjetiva y aunque estés generando un documento, detrás de cada imagen está la vivencia del fotógrafo. Por eso, no notamos la diferencia entre los que nos pudiera ocurrir con los campos de fútbol y con los yacimientos. Ya no existe el elemento biográfico, pero la implicación se basa en estar a bierto a lo que no conoces y que tienes que resolver en el lugar. Tendemos a huir de los iconos para crear nuestra propia imagen.

Cuando se les concedió el Premio Nacional, el jurado subrayó que renovaban el género documental. La etiqueta no les hace gracia.

La foto documental tampoco es algo estático y ha ido variando desde el nacimiento de la técnica. Tampoco hacemos solo paisaje. Lo utilizamos pero en la obra se diluyen otros géneros. A veces se nos engloba dentro del ámbito de las nuevas formas de documentar. Eso no nos incomoda.