Pitingo: «Yo soy apolítico»
El cantaor Pitingo, esta semana en Madrid

Pitingo: «Yo soy apolítico»

Es una de las puntas de lanza del flamenco actual. «Soulería» le ha convertido en un fenómeno que ha trascendido los ambientes del cante

J. BRAVO | MADRID
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Hace unos días, a Antonio Álvarez Vélez -Pitingo, para entendernos- se le fotografió saludando a Mariano Rajoy en un acto del Partido Popular en Vitoria. Varios artistas habían rechazado intervenir en dicho acto, pero al cantaor onubense no le importó ni le preocupó estar allí. «Eso no quiere decir que yo sea del PP o del PSOE -explica-. He cantado también para Felipe González o en la fiesta del PCE. A mí me llamaron, me pagaron mi dinero, y ya está. Yo soy apolítico. Le fui a cantar a las personas que acudieron a ese acto, no al Partido Popular. Eso lo tengo muy claro, en mis conciertos habrá personas de distintas ideas. Hay buena gente en todos los partidos. Yo voy donde me llamen y donde me quieran escuchar. Le canto a las personas, no a los ideales».

No cree, insiste, que los artistas tengan que comprometerse políticamente; gente como Serrat o Sabina, que han vivido una época distinta, quizás, pero yo no. Yo quiero comer, tener mis galitas, y si me llama el PP o el PSOE, estupendo, porque tengo que comer y hay mucha gente detrás de mí que también tiene que comer. Y está la crisis como para decir que no».

Capeando la crisis

Y es que el cantaor capea la crisis con discos de oro y platino. Los ha recibido por discos vendidos, descargas de canciones y descargas de tonos para móvil (son cosas de estos tiempos). A ello se suman las candidaturas a los premios de la Música. Y tampoco le va mal, sino todo lo contrario, la gira que está realizando por teatros de toda España con «Soulería», donde flamenco y soul forman un magnético matrimonio. «Yo llevo cantando soul o gospel desde los once años; desde chico me han llamado la atención los negros; yo le decía a mi madre: «Amá, yo quiero ser negro»; «Hijo mío, pues has nacido gitano». Luego, escuchar a Aretha Franklin me cambió la vida, la verdad. Y cuando me vine a Madrid estuve en un coro gospel, trabajando el rythm and blues, el funky, codeándome con gente de la música negra, de quien aprendí mucho. Y luego lo combinaba cantando en el Café de Chinitas o en Torres Bermejas, y allí metía cositas poco a poco: soul por bulerías, o el «What a wonderfuld world» de Louis Armstrong por soleá». El flamenco y la música negra tienen en común, dice Pitingo, que «son músicas que nacen de la entraña; un blues y una soleá no tienen mucha diferencia. Hablan de vivencias, de historias pequeñas del pueblo. Y donde ha habido pobreza siempre hay arte. Y también alegrías, ojo. Nosotros con una guitarrita y unas palmas nos aviamos, y yo creo que los negros igual»

Pitingo asume la «contaminación» de su arte por otras músicas. «El flamenco no se va a perder nunca, pero sí se está perdiendo una afición de la gente joven. En un concierto de un maestro como Meneses ves a un público generalmente mayor; y un concierto de Morente, que acercó otras músicas al flamenco, tiene público de todas clases... Y sin desvirtuar el flamenco».

«El flamenco «clásico» -sigue- va a quedar, por desgracia, para unos pocos aficionados, no para el gran público. Es difícil que llegue, pero también porque los puristas no dejan que eso salga más para allá. Y en la mezcla está la evolución. Yo soy mestizo y para mí la pureza es una utopía».