Jaime Salom. ABC

«Picasso es un gran pintor, pero no creo que fuera una gran persona»

Jaime Salom, uno de los más prolíficos y variados autores españoles, estrena mañana en el Teatro Príncipe de Madrid «Las señoritas de Aviñón». Con dirección de Ángel F. Montesinos y escenografía modernista de Wolfgang Burmann, esta obra está interpretada por María Asquerino, Beatriz Rico, Montse Clot, Yolanda Ulloa, Carlota Alonso y Bárbara Lluch, además de Fran Sariego en el papel del pintor Pablo Picasso.

MADRID. Pedro Manuel Víllora
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Como su título indica, «Las señoritas de Aviñón» se trata de una obra inspirada en aquel mundo femenino que Picasso plasmase en su cuadro homónimo. Y es que la obra no trata de las damiselas de la ciudad francesa, sino de las prostitutas de un burdel situado en la calle de Aviñó en Barcelona. «Me interesa mucho la figura de Picasso —afirma Jaime Salom—, como me interesó en otro momento la obra de Dalí y escribí un libreto de ópera sobre él, o como me interesa Miró, y quizá algún día me sirva para completar una trilogía. Además me interesaba que la acción estuviese situada en una calle de Barcelona que conozco muy bien y el hecho de que hubiera un burdel en aquella calle de mi ciudad y en una época realmente fascinante, como era la época del cambio de siglo, cuando había muchas esperanzas y al tiempo mucho pesimismo por la pérdida de las colonias, etcétera. Pero también era la época del modernismo, cuando se hicieron las grandes casas de la burguesía. Es la época de Gaudí, del Palau de la Música, del desarrollo arquitectónico burgués, pero se trata de una burguesía sana, creativa, que se gastaba el dinero en una riqueza ornamental admirable».

ENTRE PROSTITUTAS

Tres son los planos que el autor encuentra en la obra: «Primero, hay una mujer mayor que ha luchado mucho para salir de la miseria gracias a la gerencia de un burdel modesto, sobre todo comparado con alguno de los que cerraron en París mediante la prohibición de 1947, que tenía más de trescientas chicas; dentro del estado semifamiliar y alegre de estas mujeres, hay un segundo plano representado por una de las prostitutas, pesimista, que es consciente del paso del tiempo y del estado fatal del país, y acaba suicidándose; y hay un tercer plano que es lo político y social que, aunque se desarrolla al otro lado de los cristales de la casa, es recibido por estas mujeres, sea por el jolgorio del ruido de los cohetes de una fiesta o por los disturbios de las manifestaciones».

SOBRE PICASSO

¿Es posible que haya una analogía entre aquel momento de cambio de siglo y la actualidad? «De haberla, no la he hecho yo —responde Salom—. La ha hecho la vida, que curiosamente se parece bastante. Una de las escenas ocurre en la noche de fin de siglo, y hay un personaje, Picasso, que es más listo que aquellas mujeres y se da cuenta de la trascendencia que tiene. Aquél es un momento en el que coincidía la guerra de África, a la que mandaban a unos chicos pobres salvo los que podían pagar mil doscientas pesetas para librarse, con la vuelta de los soldados tras la derrota de Cuba, que no encontraban trabajo».

Pero esa clarividencia de Picasso, y el interés de Salom por él, no significa que se dé una visión complaciente de su persona: «Picasso era un granuja. Según dicen, amaba intensamente durante un tiempo, y luego abandonaba a la mujer por un egoísmo fatal. Picasso es un gran pintor, pero no creo que fuera una gran persona. Era un hombre muy simpático, muy agradable, que habría hecho cualquier cosa por una mujer pero sólo durante un tiempo limitado. Siempre se portó mal con las mujeres, y por eso hago que se porte mal con estas otras. Fue un hombre “revolucionario”, preocupado por los problemas sociales, por la república, por el comunismo, etcétera; pero que destruía a las mujeres a las que amaba. Ahora, no se trata de ponerse de parte de nadie. He sido médico, he recibido pacientes durante muchos años, y comprendo a la gente. Por eso comprendo a la madre, a las prostitutas, pero comprendo también a Picasso. Entre esta gente no hay nadie totalmente malo».