«Yo, señor, no soy malo»
Miguel Hermoso y Ana Otero, en una escena de «La familia de Pascual Duarte» - ANTONIO CASTRO

«Yo, señor, no soy malo»

El teatro Fernán Gómez presenta la versión teatral de «La familia de Pascual Duarte»

MADRID Actualizado:

«Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo». Este es el célebre comienzo de la novela «La familia de Pascual Duarte», de Camilo José Cela, publicada hace setenta años. Ricardo Franco la llevó al cine en 1975 (con una soberbia interpretación de José Luis Gómez que le valió el premio al mejor actor en el festival de Cannes) y ahora el actor y productor Tomás Gayo lo ha adaptado a la escena. La función se estrenó en octubre en Castellón y el miércoles próximo llega al teatro Fernán Gómez de Madrid, donde estará hasta el 4 de marzo. Gerardo Malla dirige el montaje, que cuenta con un reparto compuesto por Miguel Hermoso, Ana Otero, Ángeles Martín, Lola Casamayor, Tomás Gayo, Sergio Pazos, Lorena do Val y Mundo Prieto (autor también de la escenografía).

Pascual Duarte, campesino extremeño, pasa en el calabozo sus últimas horas antes de ser ejecutado en el garrote vil. «Allí —cuenta Miguel Hermoso, que encarna al protagonista de la función— siente la necesidad de explicarse, pero no para salvarse, sino para que se le entienda. Siente la necesidad de contar su historia, de explicar de dónde viene esa violencia, ese acorralamiento que le lleva a matar incluso a su madre».

Para Hermoso, este papel es un miura, «un toro con el que todo torero desea consagrarse. Pero si no estás preparado para hacerlo, no puedes engañarte a ti mismo y seguir adelante. A mí, creo, me ha llegado en un momento idóneo, porque tengo juventud y madurez al tiempo, y he hecho trabajos muy diferentes que me han hecho crecer artística y personalmente».

El actor confiesa que había leído en su adolescencia la novela de Cela, «pero lo hice deprisa y corriendo para terminar un trabajo y no la pude apreciar. Recuerdo sensaciones sórdidas, no me entró por la piel. Pero ahora he vuelto a leerla y he descubierto cosas muy interesantes. En principio refleja los tópicos de la España negra, esos pueblos cerrados e incomunicados, con relaciones familiares llenas de odios y resquemores, con sentimientos que se condensan hasta explotar... Pero Cela escribió una novela extremadamente moderna, y convirtió lo anecdótico en algo universal. Y sobre esa universalidad trabajamos en la versión teatral. Pascual Duarte tiene vetas de héroe trágico, y muchas capas: la falta de felicidad, el deseo incumplido de controlar esos impulsos violentos, unas relaciones familiares muy freudianas... Hay en él mucho de hombre moderno».

Cree Hermoso que hay mucho de teatral en la novela de nuestro premio Nobel. «Pascual se dirige al público, le cuenta su historia, que luego se recrea; aparecen los personajes en otro plano de realidad. Al público le planteamos un complicado problema moral, porque es un hombre al que se le tiene lástima pero no deja de ser un asesino».

Ese problema que tienen los espectadores se multiplica en el caso de Hermoso, que tiene que defender a su personaje. «En mi caso gana el criminal, porque tengo que entenderlo; no lo juzgo, porque ese es el peor error que puede cometer un intérprete, pero he de entender lo que hace para defenderlo. Y Pascual Duarte es un hombre que asume su destino, que no sabe ser de otro modo, que pide que se le mate porque si no volverá a matar y a destrozar a la gente que quiere».

Se trata, dice Hermoso, de una función muy física. «Hemos trabajado con un asesor de la Royal Shakespeare Company, Daniel Crute, y con Sonia Dorado, y hay momentos de violencia muy creíbles; estamos entregados como artistas de circo. La función es física y tiene su olor; son personajes que huelen, sudan, lloran, vomitan. Hay mucha víscera, pero tiene que ser así».