Foto de 1915 con soldados turcos posando cerca de los cuerpos de armenios ejecutados y que inspiró el término «genocidio»
Foto de 1915 con soldados turcos posando cerca de los cuerpos de armenios ejecutados y que inspiró el término «genocidio» - AFP
Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto

La palabra que tuvo que inventarse gracias a Adolf Hitler

El prestigioso jurista judeopolaco Raphael Lemkin fue quien acuñó el término «genocidio», una palabra que creó a partir del sustantivo griego «genos» (raza, pueblo) y del sufijo latino «cide» (asesinar)

ABC
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El escalofriante dinamismo nazi para asesinar millones de judíos provocó la creación de una nueva palabra que no existía para designar el asesinato masivo de este tipo. Es decir, para que no fuera un «crimen sin nombre». Así, como homenaje al Día de las Víctimas del Holocausto de ayer, toca hablar de Raphael Lemkin, el inventor de la palabra «genocidio».

Según cuenta la BBC, la pasada semana apareció un estudio de la Universidad de Tel Aviv en donde se establece que entre agosto y octubre de 1942 los nazis asesinaron a medio millón de judíos. O sea, 15.000 al día. Además de ser curioso como todavía se van descubriendo datos acerca de lo ocurrido también es curioso como tuvieron que inventarse una palabra para designar este exterminio.

Raphael Lemkin fue quien acuñó el término «genocidio», una palabra que creó a partir del sustantivo griego «genos» (raza, pueblo) y del sufijo latino «cide» (asesinar). Así, sería un exterminio pero con particularidades concretas de causa.

La historia de Lemkin, como explica la BBC, tuvo un día clave: el 15 de marzo de 1921. Ese día un armenio mató en la calle a Talat Pashá, exprincipal dirigente turco que había ordenado en 1915 el exterminio armenio porque el que murieron hasta 1923 un millón y medio de armenios. Lemkin estudiaba entonces lingüistica y se cambió a estudiar Derecho para intentar que el Derecho Internacional tipificara una ley que condenara ese tipo de asesinatos en masa.

Antes se utilizaba la palabra «crímenes de barbarie» entendiendo aquellas «acciones exterminadoras» realizadas por motivos «políticos y religiosos». «Cuando una nación es destruida, no es la carga de un barco lo que es destruido, sino una parte sustancial de la humanidad, con toda una herencia espiritual que toda la humanidad comparte», decía Lemkin en un escrito preparado para una Conferencia sobre Derecho Penal en Madrid en 1933 para el que finalmente le denegaron el visado.

En aquel año, para él como judío las cosas se estaban poniendo difíciles pero conseguió huir de Polonia. Sus padres no lo consiguieron: fueron asesinados en el campo de exterminio de Auschwitz. En total Lemkin perdió a 49 familiares en el Holocausto. Después en Estados Unidos donde aterrizó, el jurista publicó en 1944 el famoso libro «El poder del Eje en la Europa ocupada», en donde por primera vez aparece «genocidio».

La primera vez que se utilizó esta palabra fue en el tribunal de crímenes de guerra militares en Nuremberg en 1945 al final de la Segunda Guerra Mundial, aunque al final los nazis enjuiciados fueron declarados culpables de «crímenes de lesa humanidad». En la sentencia no se recogió ni una vez el término lo que llevó a Lemkin a opinar que aquella jornada fue «el día más negro de mi vida.

Aunque después la Asamblea General de la recién creada ONU sí introdujo en la legislación internacional este concepto de «crimen de genocidio, una negación del derecho de existencia a grupos humanos enteros, de la misma manera que el homicidio es la negación a un individuo humano del derecho a vivir». También dice: «La Asamblea General afirma que el genocidio es un crimen del Derecho Internacional que el mundo civilizado condena y por el cual los autores y sus cómplices deberán ser castigados».

De hecho, una vez que se puso en circulación este término, se empezó a estudiar si aplicar de manera retroactiva a otras masacres, como la hambruna ucraniana vista como «un ataque colectivo contra ellos y su cultura. Y con arrestos de intelectuales, académicos, escritores y artistas», como se explica en el libro «La cuestión ucraniana reconsiderada», de Anna Applebaum (que también permitiría hablar de genocidio cultural). Sin embargo, aunque Lemkin defendió ampliar el significado de este término e incluso llegó a describir la sovietización de Ucrania como «ejemplo clásico de genocidio soviético», lo cierto es que, a efectos prácticos, genocidio significa «el exterminio físico de todo un grupo étnico». Y hay que cumplir este criterio.

Por ejemplo, la ONU sí reconoció en 1985 el asesinato de cientos de miles de armenios entre 1915 y 1917 como genocidio, así como el asesinato masivo de judíos por parte de la Alemania nazi que hemos comentado o el asesinato de unos 800.000 tutsis ruandeses por parte de sus compatriotas hutus en el 94.