El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, saluda al público al recibir el galardón de Cooperación Internacional. EFE

«Nunca antes España ha sido más libre, próspera y capaz que con la Constitución», afirma el Príncipe Felipe

El Príncipe recordó con honda gratitud, a quienes hicieron posible la Carta Magna y a los que «sacrificada y lealmente» la han desarrollado y aplicado

ANTONIO ASTORGA
Actualizado:

OVIEDO. Concordia, reconciliación y libertad fueron tres hermosos y profundos emblemas que marcaron el discurso de Don Felipe, en su emotivo homenaje al XXV aniversario de nuestra Constitución, pronunciado ante la Reina (que en el palco estuvo acompañada por Iñaki Urdangarín) en un Teatro Campoamor engalado, repleto y con algunos de los padres de la Carta Magna en su interior. El Príncipe de Asturias evocó a todos los que la hicieron posible; a quienes la desarrollaron y aplicaron desde la lealtad; a aquellos que, tras heredar una sociedad marcada por la guerra, tuvieron la nobleza de ánimo y la generosidad necesarias para hacer, de las Españas que helaban el corazón del gran poeta, la España democrática en que vivimos: «Todos ellos contribuyeron con lucidez y altura de miras a esa hermosa y noble tarea de la reconciliación». Con esos mismos sentimientos, Don Felipe recordó también a quienes, víctimas de la intolerancia y del terrorismo, han perdido sus vidas defendiendo su libertad y la libertad de todos.

S. A. R. el Príncipe de Asturias señaló que la Constitución nació para que España fuera un lugar entrañable para la convivencia pacífica de nuestra enriquecedora pluralidad de culturas y sentimientos, y nunca espacio para la división, la insolidaridad o la discordia. El Heredero de la Corona subrayó que bajo el amparo y guía de la Carta Magna, «España ha liberado lo mejor de sí misma y ha desplegado, con extraordinaria vitalidad, muchas de sus grandes posibilidades y lo más esencial de sus recursos humanos, entre los que destaca, por su importancia, la integración de la mujer en todos los ámbitos de la vida social, de los que tan injustamente había estado excluida».

«Nos enorgullece -enfatizó Don Felipe- ver a nuestra patria abierta y moderna, europea, situada de nuevo a la altura de su tiempo, capaz de adaptarse a los insoslayables cambios del vivir humano, de afrontar con serena fortaleza los problemas que inevitablemente irrumpen en la existencia de toda comunidad y aprovechar las oportunidades de progreso que se le ofrecen. Nos ilusiona también contemplarla en vanguardia de la creación cultural y de la defensa de los derechos humanos, acogedora y fraterna, y reconocerla, conmovidos, como el hogar donde sentimos la cálida cercanía de la compasión y de la esperanza. Nunca antes España ha sido más libre, más próspera, más capaz y admirada que en esta época iluminada por nuestra ley de leyes. Ha vuelto a ser ante el mundo una gran nación cuya historia es imprescindible para entender la historia de la humanidad».

Concordia, solidaridad, libertad y compromiso son palabras incardinados a la obra de los galardonados, que han mostrado estos días en Oviedo su mutua admiración. Inolvidables nombres que, en palabras de Don Felipe, «nos enseñan el buen camino porque antes tuvieron que llorar para aprenderlo»: desde la búsqueda de la libertad del padre Gutiérrez al testimonio fundamental de Kapuscinski (premios de Comunicación y Humanidades). O cómo desde culturas tan diferentes como las de Fatema Mernissi y Susan Sontag (Letras), dos mujeres «construyen sus obras sobre unos cimientos de diálogo y entendimiento, en esta hora marcada por tantas tensiones y enfrentamientos, cuando tristemente habla con frecuencia el terror, cuando crece el afán por anular y destruir violentamente las ideas ajenas». De la gigantesca obra y huella de Habermas al amor y estudio de los animales de la etóloga Jane Goodall (premio de Investigación Científica y Técnica). Del centenario, prestigioso y mítico Tour de Francia (premio de los Deportes) al valor estético de Barceló (Artes). De la genialidad creadora de Joanne Kathleen Rowling (Concordia) al ejemplo del presidente Lula da Silva (Cooperación Internacional), los premios vivieron otro día inolvidable.

«El nacionalismo está en crisis. Ya no creo en el nacionalismo», certificó la escritora Susan Sontag por la mañana antes de glosar el «milagro» Lula: «Lo admiro. Representa la gran esperanza de Brasil. Estoy encantada de que EE.UU. no esté participando en Iberoamérica. Por eso Lula ha podido ser elegido. Que personas como Lula puedan presidir Brasil es para mí una gran esperanza».

Desafío ético y humanístico

La vida de Lula es un ejemplo de superación personal. De niño ejerció los más diversos oficios para contribuir a las exiguas rentas familiares; ahora lleva su lucha contra la injusticia social hasta la presidencia de Brasil, la ONU y la Casa Blanca. Ayer reivindicó la defensa de la lucha contra la pobreza como un desafío ético y humanístico: «Quiero convertir el hambre en un problema político porque sólo así se puede resolver un mal que afecta a más de un tercio de la humanidad». Para Lula, no es fácil luchar contra el hambre «porque las personas tienen vergüenza de reconocer su penuria, porque no están organizadas y porque están lejos de los centros de poder». «La cuestión de la pobreza y el hambre sólo se puede resolver mediante el esfuerzo de los que comen», propuso Lula da Silva, que agradeció a la Fundación Príncipe de Asturias que le «adelantaran» los 50.000 euros del galardón para entregárselos «al secretario general de la ONU» con el objetivo de «sensibilizar a otros gobiernos para que depositen fondos que la ONU ha creado y en los que no hay fondos». Criticaba a los gobiernos que «van a encuentros internacionales a ofrecer compromisos y no se acuerdan de nada al día siguiente».

Jürgen Habermas (Ciencias Sociales) se sumó al homenaje a la Carta Magna recordando el proyecto de Constitución para la Europea común: «No puede ser derribado en el último momento por egoísmos nacionales. Las instituciones liberales constituyen un marco, en el que es posible solucionar todos los problemas sin violencia y, ante todo, sin violencia terrorista. Nosotros, los vecinos europeos, confiamos también en el espiritu creativo de los españoles».