Un nuevo reparto en «La flauta mágica» del Real

Antonio IGLESIAS
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Teatro de la Ópera. «La flauta mágica», de Mozart. Stefano Palatchi, Jerry Hadley, María José Moreno, Ofelia Sala, María Rodríguez, Marisa Martins, Itxaro Mentxaka, Paul Armin Edelmann, Victoria Manso y Andreas Conrad. Coro y Orquesta Sinfónica de Madrid. Director musical: Frans Brüggen. Director de escena: Marco Arturo Marelli. Madrid, 14 de enero de 2001.

Es todo un ejemplo de bien hacer que, en la alternativa del elenco operístico del Teatro Real, se denote la presencia de artistas españoles, si no en su totalidad, sí en un considerable número. En primer lugar, los altavoces anunciaron que el previsto cambio del «Tamino» de Jerry Hadley, por el barcelonés Ilya Levinsky, quedaba sin efecto, y el muy buen actor, gracioso y bien comedido, con excelente voz, del «Papageno», en un primer elenco vivido por Roman Trekel, lo sería ahora por el vienés Paul Armin Edelmann, con tales propiedades. «La Reina de la noche», encarnada por la soprano granadina María José Moreno, bien por encima de una notoria intranquilidad, sólo cabe suscribir parabienes, por las seguras vocalizaciones, precisa afinación y calidad evidentísima, en sus tan comprometidas intervenciones. Ofelia Sala, soprano valenciana, encarnó una lograda «Pamina», brilló por la lozanía de su timbre, bien adentrada en la manera mozartiana, artista con naturalidad en la emisión.

Merecido el éxito alcanzado por las «Tres damas», seguras y brillantes, actrices muy adueñadas de sus papeles, María Rodríguez, Marisa Martins e Itxaro Mentxaka, porque Victoria Manso, magnífica por todo concepto, continuó asimismo realizando su «Papagena» impecable con desenvoltura. Tanto las actuaciones del Coro de la Sinfónica madrileña como esta misma agrupación orquestal, obtendrían la ratificación del merecido aplauso, bien llevados por la insigne batuta del maestro Frans Brüggen, de reputación indiscutible en estas lides.

Las características del «Singspiel» alemán, por sus largos parlamentos, se unieron a un cierto mareo ocasionado por el movimiento de los cinco planos cuadriculados en los que se apoya, principalmente, la escenografía y el concepto del director de escena, Marco Arturo Marelli, en esta nueva producción de la Wiener Staatsoper en colaboración con el Teatro Real de Madrid que, en definitiva, no mengua sus enteros evidentes, con este elenco más español.